El camino correcto (Escribir lo correcto 2) 5 Cinco
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CINCO

—Todo este asunto es rarísimo —me quejé ante Brody, a las puertas del Nest Rooftop Lounge.

—¿Que finjas salir con otra escritora? —me desafió Brody—. Estoy totalmente de acuerdo.

Hice una mueca.

—No hablaba de eso. Hablaba del tal Preston Martin Charles III.

—Sí, ese tío sí que suena rarísimo —concedió Brody al instante—. Bree me llamó hace dos horas y se puso hecha una furia con la historia que le contó Bella. Cree que el tío es peligroso.

—Bree cree que todo el mundo es peligroso.

—En realidad, no. —Negó con la cabeza—. Tiende a pensar lo mejor de la gente, diga lo que diga. Aunque este tío la está volviendo un poco loca.

No era lo que quería oír. No conocía bien a Bella, pero la idea de que le pasara algo malo me provocaba una indigestión de las gordas.

—¿Bree cree que le hará daño a Bella?

Brody titubeó y luego se encogió de hombros.

—Dice que se lo preguntó a Bella y que ella le dijo que no.

—Eso no es una respuesta.

—Bree desconfía. —Brody extendió las manos—. Creo que merece la pena no perder de vista la situación. Bella está completamente sola, supongo. No tiene familia aquí ni amigos.

—Pues parece que amigos sí tiene.

Brody se rio.

—Sí. Bree se ha puesto en modo mamá osa con ella. Bella no es mucho más joven que ella, así que me cuesta entender por qué se lo ha tomado tan a pecho.

Yo sabía por qué.

—Es diminuta, mide poco más de metro y medio. Solo por eso te entran ganas de protegerla.

Brody arqueó una ceja con suspicacia.

—¿Por eso te ofreciste a ser su novio falso?

—Es que no me gustó cómo la miraba ese tío.

—¿Porque tú quieres mirarla igual y en ese juego solo hay sitio para uno?

Le lancé una mirada inexpresiva.

—No. No seas ridículo. Sabes que a mí esas cosas no me van. No estoy buscando una relación.

—¿Pero?

—No hay pero. Es una mujer encantadora que intenta cambiar de vida. Que ese tío no pille la indirecta de que ella quiere pasar página no es culpa de ella. Es culpa de él.

—Por lo que cuentas, era un capullo de manual y había un montón de señales de alarma desde el principio.

—No culpes a la víctima. —Le lancé una mirada envenenada—. Eso está muy mal.

—No estaba culpando a la víctima.

—Claro que sí.

—Que no. —Brody me clavó una mirada de «ni se te ocurra»—. Yo tampoco quiero que a esa mujer le pase nada. Solo digo que parece que con ese tío había algo que no encajaba desde el principio.

»Bree dice que Bella era muy joven, estaba en el último año de carrera, cuando él entró en escena y la deslumbró con sus historias sobre su padre y todo el dinero con el que había crecido —continuó—. Por supuesto que cayó. Su madre no ganaba ni de lejos ese tipo de dinero.

—Estoy bastante seguro de que todo lo que hizo ese tío fue a propósito —coincidí—. No me va a matar fingir que soy su novio unas semanas. Aunque sea todo el verano, sobreviviré. No quiero que ese tío gane.

—Y entre vosotros dos no hay nada, ¿verdad?

—Desde luego que no.

En eso fui tajante. Sí, era adorable, y había en ella una dulzura que me tocaba algo por dentro que no sabía nombrar. Pero no me interesaba tener una relación. Podía hacer de novio falso servicial y nada más.

—No pasa nada —le aseguré—. Espantaremos a ese tío y volveré enseguida a mis andanzas de mujeriego.

—Bien. No sabría cómo tratarte de otra manera.

HABÍAMOS ORGANIZADO UNA CENA PARA CINCO antes de que arrancara el evento. A Bella le encantó el ambiente del bar de la azotea y, cuando vio la copa mitad azul, mitad rosa que le estaban sirviendo a otra persona, aplaudió.

—Quiero eso —le dijo a la camarera, señalándola.

Se emocionaba con todo, y eso me provocó un cosquilleo. No tenía ni idea de por qué. Puede que fuera porque tenía una alegría contagiosa que no había visto nunca en nadie. Pero me gustaba.

—El Dragon Berry Mojito —dijo la camarera—. Es uno de nuestros cócteles más populares.

—Yo también quiero eso —añadió Hayley.

Bree ya estaba asintiendo.

—Que sean tres.

—Claro. —La camarera era todo sonrisas, pero su energía se volvió coqueta con Brody y conmigo—. ¿Y vosotros?

Le guiñé un ojo, pero entonces noté que Bella me miraba de forma extraña y me erguí. ¿Por qué me importaba lo que ella pensara?

—Yo tomaré el Don Juan.

Bree soltó un bufido y le lancé una mirada asesina.

—Yo quiero el Velvet Paloma —dijo Brody—. Además, participamos en el encuentro con autores de más tarde. Creo que ya podemos pedir, así tendremos tiempo de comer antes de que empiece.

La camarera se animó todavía más y paseó la mirada por las caras de todos, probablemente para decidir si había oído hablar de alguno de nosotros.

—Por supuesto. ¿Qué os pongo?

Las mujeres pidieron primero, como mandaba la buena educación.

—Yo quiero los tacos de ternera —empezó Bree.

—Yo también —dijo Hayley.

Bella se mostró algo más tímida al pedir.

—Eh… Los macarrones con queso y langosta suenan muy bien.

Yo pedí lo mismo y Brody se decidió por una hamburguesa con patatas. Cuando nos quedamos solos los cinco, fijé la atención en Bella por primera vez.

—Bueno, ¿estás nerviosa por lo de esta noche? ¿Has hecho alguno de estos antes?

—He estado en dos convenciones —respondió ella—. Aunque estoy bastante segura de que aquí el ambiente es distinto.

—Ah, desde luego —convine, asintiendo con la cabeza—. Estas cosas son tan informales como tú quieras. Lo mejor es elegir un sitio y dejar que los lectores vengan a ti.

Se le quedó la cara en blanco un instante.

—¿Y si los lectores no quieren hablar conmigo?

Parecía realmente asustada.

—Tranquila —le aseguró Bree—. Yo también daba por hecho que me pasaría eso la primera vez que hice uno de estos.

Aunque un lector no venga específicamente por ti, la gente acabará llegando hasta ti.

Pero no te preocupes si nadie se acerca en los primeros cinco minutos.

A veces necesitan un rato para reunir el valor y dar el paso.

—Tiene sentido. —Bella se frotó la nuca—. Pero vosotros estáis mucho más consolidados que yo. Muy poca gente sabe quién soy.

—Confía en mí —respondí—. La gente tendrá interés en hablar contigo. Para lo que tienes que estar preparada es para los aspirantes a autor que vienen a estos eventos. Se creen que tienes una llave mágica que les abrirá las puertas de la publicación.

Bree asintió, conforme.

—Yo siempre soy educada y contesto a las preguntas que puedo. Pero no entres en muchos detalles. No hay dos autores que lleguen a publicar por el mismo camino, y si les cuentas el tuyo y a ellos no les sale exactamente igual, te buscarán y te lo echarán en cara después.

—Tampoco hay dos autores que ganen lo mismo —añadió Hayley—. Lo harás bien. Eso sí, no te emborraches.

—Desde luego que no —coincidió Bree—. Tómate tu cóctel aquí y luego pásate al agua durante el evento. Al cabo de una hora, pide otro cóctel. Pero que ese sea tu límite. Hay lectores que te rondan como tiburones si huelen sangre en el agua.

—Vaya.

Bella pareció quedarse sin palabras.

—No pretendo asustarte ni nada parecido —le aseguró Bree—. En cuanto le coges el truco, te preguntarás por qué estabas nerviosa.

Bella no parecía convencida, y su miedo se convirtió de pronto en un acicate para mí.

—Si necesitas ayuda, acude a mí. Yo te guío —me ofrecí.

Ni yo mismo me esperaba ese ofrecimiento.

Ella consiguió esbozar una sonrisa tibia.

—Vale. Gracias.

—Al fin y al cabo, soy tu novio. —Le guiñé un ojo con entusiasmo y ella soltó una risita nerviosa.

—Cierto. —Asintió dos veces—. Mi novio falso, el autor de terror. —Pareció desconcertada un instante—. No tendrás algún fetiche raro que yo deba conocer, ¿verdad?

—Ahora mismo no. Te aviso si desarrollo alguno.

—Buen plan.

UNA VEZ TERMINADA LA CENA, PAGUÉ la cuenta. Bella intentó impedírmelo, pero le aseguré que no pasaba nada. Las mujeres desaparecieron en el baño para arreglarse y Brody y yo nos quedamos en la barra, esperando a que empezara el evento.

—No vas a limitarte a dos copas, ¿verdad? —preguntó Brody—. Quiero decir, lo haré si esa es la consigna, pero estaba pensando en pedirme otra ahora.

—Ah, eso es solo para las chicas. —Negué con la cabeza—. Yo desde luego pienso pedirme otro cóctel.

Hicimos nuestros pedidos y observamos cómo los empleados acotaban la mayor parte del bar de la azotea. El espacio era bonito y me gustaba que estuviera al aire libre. Estaba tranquilo y sereno, justo hasta que Preston Martin Charles III hizo su aparición.

—Ay, madre —murmuré entre dientes.

Brody siguió la dirección de mi mirada y frunció el ceño.

—Ese es el tipo.

—En cierto modo esperaba que no viniera —admití—. Pensaba que solo estaba metido en el retiro de escritores del camping. Por cierto, sigo sin entender cómo dejé que me liaran para eso.

—Es porque no fueron precisamente claros con los detalles —respondió Brody con desánimo—.

Dijeron que iba a ser igual que el año pasado, pero con unos cuantos ajustes.

No nos contaron hasta que ya habíamos firmado el contrato que esos ajustes incluían un auténtico retiro de escritores en el que se invitaría a participar a los lectores.

—Sí, eso sí que suena a jugada sucia. —Asentí—. No puedo evitar pensar que fue la influencia de este tipo lo que hizo que acabara así. —Señalé a Preston con la barbilla.

—Es raro, ¿verdad? —Brody era de los intelectuales y parecía estar atando cabos—. Si le estaba siendo infiel a Bella (y no tengo ningún motivo para cuestionar su versión de los hechos), ¿por qué iba a llegar a semejantes extremos para recuperarla?

—¿Crees que eso es lo que está haciendo?

—¿Qué otra cosa podría ser?

—Creo que quizá solo quiere torturarla.

No tenía ni idea de lo siniestro que sonaría aquello al salir de mi boca. Pero, una vez dichas, ya no había forma de retirar las palabras.

Brody levantó las cejas.

—¿Crees que todo esto es solo una demostración de poder por su parte?

—Lo creo de verdad.

El estómago estuvo a punto de revolvérseme cuando los ojos de Preston se posaron en mí.

—Y ahí viene —dije, sonriéndole al camarero que me pasaba el cóctel—. Supongo que podemos ponerlo a prueba. Diga lo que diga, no lo cuestiones.