El camino correcto (Escribir lo correcto 2) 1 Uno #2
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—¿Qué? —me quejé—. ¿Por qué me miras así?

—Eres un asqueroso —respondió ella—. O sea… el tío más asqueroso que jamás haya asqueado.

—Eso no existe.

—Ya lo creo que sí.

Soltó un suspiro y se recostó en la silla.

—¿Nunca te has planteado que a lo mejor ya es hora de empezar a salir con alguien con la idea de sentar la cabeza? Ya tienes treinta y tres años.

—¿Me estás llamando viejo?

—No, te digo que ya no estás en la veintena.

—¿Y eso qué tiene que ver?

La cara que puso sugería que estaba hablando con condescendencia a un adolescente. La ponía a menudo cuando hablaba conmigo.

—La veintena es para experimentar —empezó.

Un brillo malicioso se me dibujó en la cara.

—¿No fue así como te diste cuenta de que eras lesbiana?

—Deja de pensar en guarradas —me advirtió—. Sabes que eso no me gusta.

Lo sabía de sobra. Si solo le resultara irritante, seguiría insistiendo. Pero a veces se sentía incómoda cuando hablaba de su vida amorosa, y eso era lo último que yo quería.

Para bien o para mal, Hayley era una de mis mejores amigas. Por nada del mundo querría que llegara a odiar pasar tiempo conmigo.

—Lo siento.

Levanté las manos en señal de disculpa.

—A veces no puedo evitarlo.

—Lo sé. Es la única razón por la que te aguanto.

—Sin mí, llorarías.

Se me quedó mirando un buen rato y luego negó con la cabeza. Una sonrisilla le tiraba de las comisuras de los labios.

—Solo lo menciono porque, con Bree y Brody a punto de casarse…

—Para.

Levanté la mano para frenarla. Ahora me tocaba a mí sentirme incómodo. No quería hablar de la inminente boda de mi mejor amigo con la mejor amiga de ella.

Brody y Bree habían sido enemigos antes que amigos.

Yo estaba convencido, incluso cuando se odiaban, de que allí había algo más.

Y tenía razón. Por desgracia, no pude presumir de ello, porque pasaron del «te odio con toda mi alma» al «no puedo quitarte las manos de encima» y al «deberíamos hacernos ermitaños un año y no salir nunca de esta cama» en un visto y no visto.

Yo estaba totalmente a favor de que Brody se relajara.

Lo que no había previsto era que relajarse significaría pasarse el día entero con Bree y olvidarse de que yo existía.

—Ay, otra vez con esto. —Hayley arrugó la nariz—. ¿Por qué estás tan celoso de Bree?

—Para empezar, no estoy celoso.

Era ridículo. Yo quería que Brody fuera feliz. Es más, quería que Bree fuera feliz. Me caía bien. Lo que no quería era que fingieran ser las dos únicas personas del mundo.

—¿Y cómo lo llamarías tú? —me retó.

—Pues… una reacción perfectamente razonable a que mi mejor amigo se pase el día entero con una mujer y se olvide de que existo.

—¿Lo ves? Celoso. —Parecía estar disfrutando demasiado.

—Llevo días sin ver a Brody. Ayer teníamos que comer juntos, una celebración de «bienvenido al barrio». ¿Sabes qué hizo?

Su respuesta fue mecánica.

—Sí, aplazó la comida porque estaba enfermo.

—Enfermo de mentira. Esa tos no tenía nada de real.

—Puede que fuera el principio de un resfriado y no quisiera contagiarte.

—Oí a Bree reírse por lo bajo mientras él fingía toser. Estaban en la cama, y lo único enfermizo que pasaba en esa casa tenía que ver con los jueguecitos que les guste practicar bajo las sábanas.

Hayley puso los ojos en blanco.

—Son felices. ¿Por qué no puedes dejarlos ser felices?

—Porque ahora me parecen aburridos. —Resoplé con desdén—. Hablemos de otra cosa.

—Claro. —Asintió con la cabeza—. ¿De qué quieres hablar?

—¿Te has enterado de que los eventos de autores tuvieron tanto éxito el año pasado que van a ampliar el programa?

Se le pintó en la cara una sorpresa genuina.

—No me había enterado. Cuéntame más.

—Bueno, va a ser otro evento conjunto, con varias editoriales colaborando.

—Estaba tan agradecido de tener un tema que no girara en torno a la boda de nuestros mejores amigos que me aferré a él—.

Además de ir saltando de bar en bar—con más seguridad, eso sí—, va a haber también un gran evento en una sola sede.

Me lanzó una mirada elocuente. La seguridad nunca había sido un tema hasta que una fan desquiciada de Brody decidió borrar a Bree del mapa el verano anterior.

Por suerte, la fan no lo consiguió. Era tal desastre que las probabilidades de que lo lograra siempre fueron bajas.

Aunque también hubo otro tipo que acosaba a Bree en los eventos, y todas las editoriales estuvieron de acuerdo en que había que cortar ese problemilla de raíz.

—¿Cuál es el evento nuevo?

—Pues ahí está la cosa. No creo que te vaya a gustar.

—Ponme a prueba.

—Es un retiro de un mes en un camping.

—Espera… —Juntó las cejas—. Yo no acepté irme a ningún sitio durante un mes entero.

—Sí, bueno, a mí me llegó el aviso anoche. Apuesto a que a ti te llegan los detalles hoy o mañana.

—Pero… no. Eso no suena nada divertido.

Se comportaba como si fuera culpa mía.

—Ahora ya sabes cómo me siento yo cuando sale el tema de cierta boda.

—Eso es que estás siendo un crío porque te da miedo que el giro de Brody hacia la vida doméstica signifique que te vas a ver obligado a hacer lo mismo antes de estar preparado —replicó—. A mí no me gusta acampar.

—No creo que sea acampar. Son cabañas.

—¿Y en qué se diferencia?

—Bueno, para empezar, acampar implica tiendas de campaña.

—No siempre. —Hayley se hundió en la silla—. ¿Por qué me arruinas el día?

—Mejor tu día que el mío.

—Sí, sí, sí.