Capítulo 17 La Orden de Tarhun #3
—Ellos trataron de abrir la puerta con el código equivocado.
El código del Ars Goetia , al igual que las ecuaciones de los científicos, no funciona, porque ese no es el camino, no es para lo que el disco fue concebido.
No es el Ars Goetia , es el Critias , y no son las ecuaciones, es…
otra cosa —susurró Urik, chasqueando los dedos en busca de aquello que no sabía expresar.
Arrojó al suelo el Ars Goetia y leyó un fragmento del texto del Critias —: «Agua dulce para los puros, turba y hierro para los que»…
Para los que no sepan encontrar el camino del fuego, atravesar las llamas.
El fuego purificador… Hay que pasar al otro lado.
Pero no es con ecuaciones, no es con conjuros herméticos…
* * *
París, Vendôme, 3:33 am
—La reliquia elegida procede de una antigüedad desconocida para el hombre, de una civilización perdida.
A través del imperio de Djeser llegó a manos de los Stver.
Una llave puede abrir diferentes puertas.
Ellos han realizado su interpretación, abrieron su puerta.
Trajeron al hijo de la Bestia a este mundo.
Pero el poder destruirá… Y así debe ser —dijo Orsic en un tono grave.
Se levantó, cogió su pipa apagada y la arrojó a la chimenea.
Las llamas se alzaron con tanta fuerza que por un momento Crowley creyó que saldrían de la chimenea y devorarían el salón.
Orsic no se movió. Las llamas, poco a poco, recuperaron su cadencia.
—¿Destruirá a los Stver? —preguntó Crowley. Orsic observó el fuego.
—A todos nosotros —dijo lentamente.
* * *
París, Neuilly, 3:33 am
—La interpretación no es la correcta porque el disco no solo es un pasaje, es… ¡Claro! ¡Lo tenía delante todo este tiempo, pero no era capaz de verlo! ¡Es un catalizador!
Urik, conmocionado, se dejó caer en el sofá, mientras Tracey le observaba con la taza de té en la mano, asustada.
—Está peor de lo que pensaba —murmuró arqueando una ceja.
—Ellos analizaron el disco —dijo Urik, levantándose y andando de un lado al otro de la habitación—, los científicos del empresario suizo y después también los del equipo de Koch.
Sabían que reaccionaba a compuestos del mercurio, pero, apegados como estaban a lo material, se centraron en la parte biológica.
Olvidaron la espiritual, ¡olvidaron la poesía!
Ellos aplicaron ecuaciones y fórmulas, pero el disco es un código que solo se descifra desde el sentimiento correcto.
¡Porque no es solo un código!, porque no es solo un pasaje, ¡es un catalizador!
, y la interpretación correcta de los símbolos y las imágenes depende también de ese sentimiento.
Ginebra es poeta, ella entenderá lo que quiero decir.
¡La pureza! ¡Por favor, Tracey, toma nota de todo esto! , ¡debo escribirles rápidamente!
—Un poco más despacio, tío, por favor —pidió Tracey, que había dejado la taza de té en la mesa y tomaba notas a toda prisa, mientras su novio bostezaba y se iba a la cama.
—Solo un alma iniciada en el amor, un alma pura, que actúe desde la verdad, puede activar la frecuencia del catalizador y descifrar el código auténtico.
La brecha en el continuo… ¡Dios!, lo sabía, lo había visto, pero no estaba uniendo bien los puntos.
¡Son las variables inesperadas, las notas fuera de partitura, las grietas de luz que el algoritmo no puede controlar!
Solo a través de ellas es posible revertir la ecuación, evitar que el mundo se convierta en una totalidad oscura e informe.
El disco responde de formas diferentes a energías diferentes, como si fuera un espejo de partículas.
Y ese espejo refleja la luz o la oscuridad.
De alguna forma, no sé cómo, la luz encontró a Théo y a Ginebra a través del disco. ¡Hay que revertir la ecuación!
—A ver, repite…
—Estoy seguro de que ese era el camino, eso era lo que buscaban cuando crearon el disco originalmente.
Era lo que trataban de indicarnos, lo que nos dicen en el texto.
Si creemos que la Atlántida existió, hemos de comprender que se trataba de una civilización más avanzada que requiere códigos avanzados.
Pero allí erraron el camino. No abrieron la puerta adecuada.
* * *
Creta, Ierápetra, 4:33 am
—No lo hicieron, porque los hombres corrompidos por el poder tomaron el mando, fueron ellos quienes abrieron la puerta incorrecta —dijo Ginebra—.
El disco fue forjado a partir de una energía increíble que desconocemos, y que funciona de una forma distinta, para ser interpretado desde la luz.
De lo contrario, solo podrá tener un poder de destrucción.
Y después de la destrucción de la Atlántida, el disco y el texto se perdieron.
Ese hombre egipcio… Creo que él descubrió cómo usar la pieza, pero hacia el lado inverso de lo que los atlantes pretendían.
Llevó a muchos hacia la oscuridad, los mató por seguirle.
Lo veo… pero no logro situarlo en el tiempo…
Aparece en varios espacios, en diferentes épocas.
* * *
París, Neuilly
—A lo largo de los siglos la pieza ha sido erróneamente interpretada, tanto desde la ciencia y el ocultismo, como desde el mundo financiero. Por eso es preciso crear otra puerta, otra diferente. Pero ¡no podemos hacerlo!
* * *
Creta, Ierápetra
—¡Podemos hacerlo! —gritó Ginebra. Miró a Théo como si acabara de salir de un trance—.
El disco es un mapa, solo hay que avanzar por las casillas correctas, saber interpretarlas.
Por interpretarlas hay que entender sentirlas.
No son ejes mecánicos, ¡no lo son! El laberinto no se recorre desde una cuadrícula, es otro tipo de laberinto.
¡Hay que volver! ¡Hay que abrir el pasaje! ¡Volver a viajar!
—¿Como en San Víctor o en los sueños que hemos tenido? Oye, Gin, yo no quiero volver a viajar, ya estuvimos allí, ¿recuerdas? Y prefiero pasear por los bulevares de París, sinceramente.
Ginebra se acercó a Théo y le cogió las manos.
—En San Víctor vi un lugar en el que todo cobraba sentido.
—Gin, pero no sabemos si eso va a suceder. La última vez que usamos el disco solo nos caímos al río… y perdimos la conciencia del tiempo.
—Théo, no tengo la solución —dijo Ginebra volviendo en sí—.
Ojalá supiera explicarlo. De pronto veo todo con la claridad del día, y luego, enseguida, se vuelve difuso.
Sé que todo eso que están buscando los nazis e Ian…
no servirá de nada. ¿Y si Zeus quería indicarles que había otro pasaje posible y que había que encontrar la barca idónea?
* * *
París, Neuilly
—Es el amor… La barca de la que hablaba el texto robado del Critias … es el amor, ¡el amor! Es el amor, Tracey —dijo Urik bailando por el salón ante la estupefacción de su sobrina—. Tengo que escribir a Ian, y ellos tienen que usar el disco, tenemos que… ¡tenemos que crear la puerta!
* * *
Creta, Ierápetra
—Crear la puerta… No sé si algo de esto tiene sentido… y me duele la cabeza —susurró Ginebra, dejándose caer sobre la cama.
Théo observó los dibujos que había hecho Ginebra y lo que había escrito.
—No, Ginebra, ¡tiene sentido! Y lo averiguaremos. Copiaré esto en un cuaderno.
En ese instante alguien golpeó la puerta. Ambos se sobresaltaron.
—Soy yo, Ian —dijo la voz.
Théo abrió. Ian los miró a los dos, con gesto de preocupación.
—Acabo de escucharlo por la radio y quería avisaros —dijo—. Francia ha declarado la guerra a Alemania.