El cabaret del infierno Capítulo 15 La partícula azul
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Capítulo 15 La partícula azul

La partícula azul

París, Quai de Conti

Urik y Jacques Bergier caminaban por el muelle, al borde del Sena, cerrándose las chaquetas, sorprendidos por el repentino frío. Ambos se apartaron del bullicio y tomaron asiento en el suelo del muelle, sobre el Sena.

—Vaya, hace demasiado frío para un mes de agosto en París, ¿no crees?

—dijo Jacques—. O eso, o es que he estado demasiado tiempo fuera.

Me alegro de haber vuelto, sinceramente, aunque no es el momento más alegre.

No dejo de oír rumores de guerra. Parece que es cierto que van a invadir Polonia.

Urik, esos alemanes tienen más canales de financiación de los que pensamos.

Están creando un monstruo, y Goebbels está al mando de la propaganda…

—Goebbels y su aguja hipodérmica. No queda prensa libre en Alemania, aunque me atrevería a decir que tampoco en el mundo, pero eso es otra historia.

—Y no te he contado las últimas noticias que me llegan desde Berlín. Al parecer hay varios campos de trabajos forzados…

—¿Campos de trabajo?

—Campos de judíos trabajando como esclavos para empresas alemanas nazis y para compañías extranjeras.

En algunos casos, incluso han trasladado sus sedes al área de los campos —informó, sin disimular su preocupación.

Urik bajó la cabeza y se metió las manos en los bolsillos, sin dejar de observar el río, con una mueca de consternación en el rostro y la mirada perdida—.

Se dice que se deshacen de ellos después.

Es terrible, Urik. Por eso es necesario moverse.

Tengo que hablarte de una nueva organización de inteligencia que se está configurando para resistir al avance alemán, con el apoyo de Jean Moulin, y de la que formaremos parte varios científicos y filósofos.

Lo han denominado Marco Polo. En clave: «Polus». ¿Te gustaría unirte?

Urik permaneció en silencio unos segundos, observando el Sena.

—Es curioso cómo todas las gotas de agua fluyen hacia el mismo lugar sin saber qué las mueve ni a dónde van —reflexionó—.

Fluyen hasta que se precipitan en el vacío.

Pero no importa. Ninguna se plantea el origen o el final del recorrido.

Jacques, me conoces. Y sabes que jamás seré una tuerca del engranaje.

De ninguno, tampoco del vuestro, porque créeme que terminará siéndolo.

Toda estructura de poder, toda jerarquía, se pudre.

Pero tú podrás contar con mi ayuda. Siempre he valorado la amistad de un hombre que piensa por sí mismo, y no traicionaré eso.

Bergier asintió a regañadientes. Urik siempre había sido un rebelde, pero, con el paso del tiempo, sus ideas habían tomado caminos que se separaban de cualquier credo político y, aunque él consideraba eso una equivocación, su compatriota ucraniano se empeñaba en ir por libre.

Había sido demasiado sincero demasiadas veces, y había aceptado las consecuencias de forma valiente.

Podría disimular su brillantez bajo un disfraz de viejo chiflado, pero tenía una capacidad para analizar la realidad y dar en el clavo, a veces incluso adelantándose a los acontecimientos, que le fascinaba.

—Me alegra contar contigo, Urik —respondió Jacques, sonriendo, al tiempo que le daba una palmada en el hombro a su amigo.

—Y, bien, pasemos ahora a lo que querías decirme sobre el disco.

Jacques asintió, miró a su alrededor y bajó la cabeza metiéndose las manos en los bolsillos.

—Verás, Urik: lo que voy a decirte no tiene… una explicación lógica —dijo casi en un susurro—. A veces, cuando las cosas se salen tan increíblemente de lo normal, la ciencia, sencillamente… no encuentra razones, no tiene explicaciones.

—Nada de lo que está sucediendo es fácil de explicar, ¡vamos, escupe!

—Está bien, la cuestión es que… analicé concienzudamente la muestra que me enviaste.

Lo hice en el laboratorio de un amigo en Bruselas, en la más estricta intimidad.

No te preocupes, no ha habido filtración alguna.

Al principio, solo hallamos elementos normales de la composición y otros que revelan que la pieza es antiquísima, tanto que podría ser anterior a la civilización minoica.

Lo cual ya es formidable. Pero, había algo más, algo que nuestra tecnología no es capaz de discernir, y te estoy hablando de uno de los laboratorios más avanzados de Europa.

Se trata de una partícula de color lapislázuli que, sencillamente, no está clasificada.

Al no poder desentrañarla, lo que hice fue experimentar con ella para ver qué reacciones podía generar.

Al principio no hallé nada, pero recordé lo que me dijiste respecto a trazas de mercurio en la sangre de Ginebra y Théo, y entonces…

En fin, pasé muchas noches en el laboratorio, experimentando, y…

Urik, ' no sé cómo decirte esto. Esa partícula, a la que he denominado «Azul», en combinación con el mercurio, es capaz de generar transmutaciones absolutamente extraordinarias.

Cosas que… sencillamente, no podemos explicar, no podemos definir desde lo que conocemos, y mucho menos dominar.

Es decir, estamos hablando de una potencia nunca antes conocida por el hombre.

—Jacques, ¿estás seguro de lo que…

—Urik, lo que te estoy diciendo es que la energía de esa pieza es capaz de transformar el berilio en sodio.

¿Sabes qué tipo de reacción nuclear sería necesaria para eso?

Ni siquiera un acelerador de partículas de nuestra época podría lograr algo así.

Es inconcebible, es algo que jamás se ha conseguido, es…

Imagina lo que podría llegar a hacer y las aplicaciones en el terreno de la física cuántica.

Supongo que has oído las teorías de Lev Shtrum…

—Por supuesto, y he estado leyendo sobre la paradoja de Einstein, Podolsky y Rosen.

—Ignoro si esos teoremas servirían para comprenderlo. ¡No sabes el poder que tiene! Llegué a sentir miedo. Si contara algo de esto me tacharían de loco y me expulsarían de la comunidad científica. Esa pieza no debe caer en manos de los nazis, bajo ningún concepto.

—Escúchame, Jacques, la pieza solo parece tener cierto efecto cuando la manejan Ginebra y Théo, y creo que va más allá de algún tipo desconocido de reacción al mercurio.

Tengo razones para pensar que la forma de activarla no tiene que ver solamente con lo que los científicos podamos hacer o conocer…

—¿Ya está saliendo tu faceta filosófica y poética, Urik? No te preocupes, yo también la tengo.

—Si esa forma de energía es tan evolucionada como dices, entonces quizá responda de un modo más complejo del que pensamos, quizá necesite un canal específico que va más allá de números y ecuaciones.

¿Crees que eso es posible? Todavía estoy atando cabos y reflexionando sobre ello, pero creo poder llegar a alguna conclusión…

—Amigo, sea lo que sea, la carga que llevan Ginebra y Théo, en este momento, tiene un peso demasiado extremo. Espero que no se vuelva contra ellos. Debo seguir estudiando la muestra para extraer conclusiones más amplias.

—Eso tendrá que esperar, Jacques, porque ellos están en Creta ahora —informó Urik—. Tenemos razones para pensar que existe una conexión con el texto perdido del Critias que ha localizado lan…

—¿El Critias ? ¿Qué relación podría tener?

Urik se fijó en un hombre que, desde el otro lado del muelle, los miraba disimuladamente desde hacía un rato.

—Vayamos a mi casa, debemos hablar de muchas cosas, tengo que escribir urgentemente a Ian Brodsky. Y además quiero enseñarte un maletín que puede interesarles a tus amigos de Polus.