14. El rastro #3
Las fotos pertenecían a Tres, sentado en una silla en lo que había sido su laboratorio. Y a Yusuf, que estaba dando órdenes al teléfono en la misma sala.
Los habían descubierto. De eso no cabía duda.
Si no hubieran salido en aquel momento, seguramente ahora estarían muertos, y el virus a punto de propagarse.
—Ya saben quiénes somos —dijo Maya—. En cuanto encuentren la moto y el material, revisarán las huellas y sabrán que estuvimos allí.
—Encontrarán el autoclave —añadió Ibrahim.
—Sí. Lo único que no saben es cuánto tiempo les llevamos de ventaja. Hay que cortar todas las pistas que podamos. ¿Nos queda dinero papá?
—Suficiente. Soy un hombre ahorrador —dijo intentando bajar el nivel de preocupación.
Maya y Marco se miraron.
Estaban pensando lo mismo.
—Hay que cambiar de coche —dijo él.
—Sí. Cuanto antes. Y no podemos esperar más. Hay que destruir las muestras.
—Quita esa SIM del móvil Maya —le dijo Marco.
—Sí. Tienes razón. La he utilizado desde la nave —asintió Maya.
Apagó el móvil. Ya había visto lo que necesitaba ver.
Le retiró la SIM de la parte posterior, y la tiró por la ventana.
—De momento no activaré ninguna otra hasta llegar a un núcleo con más gente.
No esperaron más. Maya puso primera, y arrancó nuevamente la furgoneta.
Atando cabos
Antes de entrar en el ejército, Tres había cazado durante años en los montes cercanos a su pueblo. Y ahora podía oler a su presa. Estaba cerrando la red.
Yusuf había insistido en enviar patrullas por la carretera. Inútil. ¿A qué carretera? No entendía cómo lo habían nombrado responsable de seguridad de la zona.
Tres esperó pacientemente los resultados de las comprobaciones.
Peinaron la nave de arriba abajo, comprobaron las huellas.
Y efectivamente eran del profesor Ibrahim, su hija Maya, y sorprendentemente de una tercera persona que no habían conseguido identificar, pero que estaba seguro de que era el periodista.
Necesitaba más información. Igual que un cazador sigue la huella de su presa, aquí precisaba más pistas.
Tomó el teléfono y pulsó la marcación automática.
—Operador.
—¿Qué has averiguado del aparato autoclave? —consultó sin más Tres.
Operador ya no se sorprendía de la capacidad de deducción que tenía Tres. Lo había visto muchas veces, y por más que él disponía de la última tecnología y medios casi ilimitados, había momentos en los que su intuición todavía lo sobrepasaba.
Se respetaban uno al otro y reconocían su valía mutua.
—El aparato fue donado desde una central de investigación secreta de Deucalion a la Universidad de Lagos.
—¿Quién firmó la donación?
—Jian —respondió Operador, sabiendo que con esto ya hilaba todo lo sucedido.
—Jian, como no —respondió Tres.
Se hizo un silencio unos segundos hasta que Tres volvió a consultar.
—¿Qué me dices de los coches y furgonetas que han pasado por esta zona? ¿Y las motos que encontramos?
—En este punto tenemos ciertas dificultades, porque no hay demasiadas cámaras conectadas a la red en los alrededores. Barrimos entradas y salidas, y hay un conjunto de posibilidades, pero no son concluyentes. Sin embargo, sí aparece algo atípico con las motos.
—Dime.
—Tanto la moto abandonada fuera del recinto como la moto que estaba dentro, fueron detectadas por cámaras de seguridad cerca del recinto de la sede ahí en Zaria. Es posible que estuviesen la estuviesen vigilando.
—Lo que me interesa es una furgoneta que ha salido de la nave. Tenemos que encontrarla. Es la prioridad absoluta.
—La IA ha rastreado a todos los coche y furgonetas que han accedido a la zona. Pero el término “zona” es amplio, porque no hay demasiadas cámaras de identificación.
—Elimina los coches. Quédate con las furgonetas, pequeñas —ordenó Tres.
—Ya lo he hecho. No hay más de cien en el rango de horas. De estas más de la mitad ya se han descartado por algoritmos e información posterior.
—¿Y el resto?
—El resto son unas quince como mucho. Ruta probable oeste. Ya que hacia el este contamos con más cámaras y no se ha detectado nada especial.
—Manda al equipo el detalle de las matrículas y características —ordenó Tres—. ¿Algo más?
—Sí. Tarjetas SIM. Una tarjeta relativamente nueva ha sido activada en la zona. Es la única nueva activación que hay en esa zona en la última semana.
—Interesante —respondió Tres. Y esa supuesta tarjeta SIM, ¿es posible que esté viajando?
—Afirmativo. Hacia el oeste. Último punto detectado Naganda, una transmisión de datos. No se ha utilizado nunca con voz.
—¿Quieres decirme, que una tarjeta que se activó por primera vez en esta zona, nunca ha llamado a nadie por voz, pero sí utiliza datos y está viajando hacia el oeste?
—Afirmativo.
—Envíanos un helicóptero. Cierro.
—Copiado. Cierro.
Ya los tenían. No cabía duda de que eran ellos. La tarjeta SIM les había delatado. Cualquier persona que tenga una SIM nueva habría llamado a alguien. Y aquí solo se habían usado datos.
Cada vez los veía más cerca.
Ordenó que establecieran controles de vigilancia en las principales carreteras. Encontrarían esa furgoneta costara lo que costara.