14. El rastro
El cazador no necesita ver a su presa Le basta saber por dónde pasó
Laboratorio descubierto
Había amanecido hacía horas. Tan pronto Yusuf volvió a la base, prepararon un equipo para ir a la última dirección conocida según la SIM del móvil de Marco.
Yusuf conducía una furgoneta, a su lado Tres y dos mercenarios detrás. Todos armados. Una segunda furgoneta los seguía con otros cuatro mercenarios.
No tardaron en llegar a la ubicación. Allí no había nada especial. Tan solo una nave que parecía abandonada, caminos de tierra, algún que otro árbol y vegetación baja.
Yusuf dio la orden y los equipos se desplegaron discretamente por la zona buscando a Marco.
—Aquí no parece que esté el periodista —le dijo Yusuf a Marco— Seguramente tiró el móvil y siguió la carretera hacia delante.
Tres no respondió. Se quedó mirando los datos de la Tablet.
Estaba pensando, poniéndose en la piel del periodista. ¿Qué hacía allí? ¿Se había encontrado con alguien? No había cámaras, nada que pudiera dar una pista.
Sin embargo, la señal de la tarjeta SIM de su móvil, no marcaba un único punto. Marcaba un punto que parecía fuera del recinto y otro a trescientos metros al norte. Podría ser incluso dentro del recinto.
—Yusuf. Diles que entren en la nave. Que la revisen de abajo a arriba. Otro equipo que busque pistas por los alrededores —ordenó Tres.
Sin rechistar, Yusuf dio las órdenes. Sabía que habían perdido al periodista, y en cierta medida se alegraba que otra persona estuviese al mando. No quería la responsabilidad por la misma persona una segunda vez.
Tres se sentó en un lateral de la furgoneta esperando y revisando los datos. Tomó el teléfono y marcó un número pregrabado.
—Operador —se escuchó al otro lado.
—Necesito toda la información disponible de mi ubicación actual.
Vehículos que entren y salgan de la zona en las últimas diez horas.
Buscamos a un periodista llamado Marco de un medio internacional.
Estoy interesado en saber con quién se pudo reunir, especialmente si es alguna de las personas que estamos controlando.
—¿Prioridad?
—Alta.
—Copiado. Corto.
Tres se quedó pensando, mientras los equipos hacían su trabajo. Algo no cuadraba.
¿Por qué un periodista estaba en la puerta de su base?
¿Por qué se había escabullido del hotel?
Sabía que lo estaban siguiendo, de lo contrario saldría simplemente por la entrada principal.
Y lo más importante. ¿Qué estaba haciendo allí?
¿Sería simplemente una zona de paso como sugería Yusuf?
Podía ser, pero no quería dejar nada al azar.
Revisarían la zona mientras Operador hacía su magia con la IA y buscaba pistas.
No pasó demasiado tiempo hasta que el equipo exterior encontró una moto abandonada. Tres se acercó hasta allí, mientras el resto del equipo se intentaba colar al interior del edificio por una abertura que habían descubierto en la red metálica exterior.
La moto no tenía nada de especial. Lo raro era que estuviera abandonada.
Parecía una moto de alquiler. Tres la levantó y la encendió.
Estaba en perfecto estado. Nadie local la habría dejado allí. Tuvo que ser utilizada por el periodista. Pero ¿por qué estaba escondida?
Inspeccionó el sitio. Había huellas del equipo de Yusuf. No tenían el más mínimo cuidado. Cualquier indicio que pasara por delante de ellos lo borrarían con sus botas.
Aun así, se fijó en que de todas las pisadas había unas que no parecían botas militares, sino más bien, calzado civil. Solo unas huellas diferentes. Solo una persona.
El lugar donde estaba la moto no fue elegido al azar. Tenía una vista perfecta de la nave industrial. El periodista estaba vigilando la nave. No se había reunido con nadie. Estaba en una persecución. Pero ¿de quién?
Tres se dio cuenta de que a quien estaba siguiendo podría estar dentro del edificio todavía. Entonces lo vio claro, y empezó a dar órdenes.
—Yusuf. Envía a dos hombres a la parte de atrás de la nave, nosotros dos delante. Avisa al equipo que está entrando que extremen la precaución. Hay algo dentro del edificio.
—A su orden —replicó Yusuf.
—Pide a la base que nos envíen dos equipos más —añadió.
A Yusuf le parecía exagerado, pero no discutió las órdenes. Dos equipos más serían ocho hombres.
No tardó mucho tiempo en empezar a recibir noticias por los auriculares sobre equipos informáticos, y una especie de sala de investigación. Ninguna persona. El edificio parecía abandonado.
¿Cómo que una sala de investigación?, pensó Tres.
Pidió que aseguraran el edificio y que abrieran la puerta principal, y sin esperar más, accedió al interior tan pronto pudo.
Los mercenarios lo guiaran al supuesto laboratorio y se apostaron discretamente alrededor del perímetro. Tan solo quedó Yusuf y él en el interior de la nave. Tres no quería que volvieran a destruir pistas. Y aquí había algo importante. Un laboratorio en esta nave abandonada no tenía ningún sentido.
Puso su mente en modo analítico y empezó a caminar.
Yusuf se sentía incómodo. Era un hombre de acción.
De gatillo fácil. No de pensar, y lo que estaba haciendo Tres le parecía perder el tiempo.
Según él creía, había que seguir al periodista.
Habría tomado la carretera, y cuanto más tiempo pasara, más distancia habría, y más difícil sería encontrarlo.
No soportaba a este “jefe” que le habían asignado en la organización.
Tres tenía el mismo sentimiento hacia Yusuf.
No solo es que no lo viera una persona eficiente, sino que su carácter impulsivo iba en contra de su forma de gestionar los equipos.
Para Tres, desde que estaba en el ejército, la precisión y la coordinación lo era todo.
Y Yusuf era un eslabón que tenía que controlar. No podría delegar.
Poco a poco se metió en su papel intentando analizar qué había pasado allí.
La nave estaba prácticamente abandonada, llena de suciedad y polvo por falta de uso en años.
Tres empezó a abstraerse mientras caminaba.
Huellas en el suelo de neumáticos. Uno o dos vehículos como mucho.
Por el espacio que habían ocupado dentro de la nave, podría ser que fueran dos, uno aparcado al lado del otro.
O simplemente un vehículo que había aparcado en varios sitios distintos. No lo podía saber.
Espera. Una huella nueva. Una moto, sin duda. Y desde luego no era la moto del periodista. Ruedas algo anchas. Alguna huella se iba hacia un lateral.
Caminó hacia allí. Un montón de tablas y telas cubrían algo. Las telas no tenían polvo. Eso significaba que las habían colocado recientemente.
Empezó a retirar todo el material. Y allí estaba. Una moto oculta. Una Bajaj. La miró con calma. Se había utilizado recientemente. La encendió a la primera.
Lo mismo que antes. Nadie abandona una moto que funciona.
—Envía la matrícula a Operador —le dijo a Yusuf sin mirarlo.
Yusuf ya estaba sacando fotos y obedeciendo las órdenes.
Tres no quería perder la concentración, y siguió caminando. Unas escaleras conducían a un altillo, que parecía destinado a oficinas. Subió con calma, escaleras metálicas y pasamanos de metal.
—No toques el pasamanos —ordenó Tres a Yusuf—. Pide un equipo para analizar huellas. Quiero saber quién estuvo aquí.
Yusuf seguía anotando y gestionando, como si fuera un criado, y no el responsable del equipo de la base. Pero obedecía sin rechistar.
Abrió la puerta principal de las oficinas, y lo que allí vio lo dejó helado.
Claramente habían utilizado las instalaciones. Estaban totalmente habitables. Mientras caminaba vio unos catres, latas de conservas, agua embotellada. Alguien había vivido allí por algún tiempo. O eso parecía. Dos catres. ¿Dos personas?
Mesas alargadas colocadas en filas como si fueran mostradores de un laboratorio, pero despejados. Algún equipo pesado todavía en las mesas.
—¿Y el resto del equipo? —pensaba Tres—. Esto no es suficiente.
Abrió puertas laterales una tras otra, y fue viendo equipo de laboratorio. Solo quedó en la sala principal el equipo más pesado. Lo más sencillo de ocultar lo llevaron a otras estancias y lo cubrieron.
Tres accedió a cada una de las salas contiguas.
Había podido ver equipo variopinto. Ordenadores, tubos de ensayo, microscopios, alguna centrifugadora y varias incubadoras desconectadas.
Abrió uno de los ordenadores, con ayuda de un destornillador, pero tal y como suponía, le habían retirado los discos duros e incluso la memoria.
Encontró pipetas, botellas de reactivos, cables de todo tipo y fuentes de alimentación. Estaba claro que era un pequeño laboratorio. No tenía un equipo puntero, pero quien lo había preparado sabía lo que hacía.
Solo dejaron en la sala principal equipo que tenía cierto peso. ¿Por qué? Igual tuvieron que salir a prisa.
Mirando con calma los aparatos, vio una nevera y una incubadora desconectadas. Las abrió. Nada dentro.
Al final de la mesa una unidad más grande. Parecía un autoclave. Usado. Tenía una pegatina de código de barras que le hizo detenerse. Era del tipo que usaban los laboratorios de Deucalion, incluso ponía en un lateral serigrafiado la marca de Deucalion Medical.
Lo abrió. Nada dentro. Lo giró. Y se quedó petrificado.
Una pegatina en la parte inferior decía: “Modelo Maya”.
¿Modelo Maya? Pero puesto en una pegatina. ¿Maya? ¿Cómo la hija de Ibrahim?
Se sentó en una silla.
Se puso a pensar. Estaba imaginando lo que allí había sucedido. Estaba viendo a Ibrahim Musa y a su hija Maya montando este laboratorio. Dos catres. Dos personas. Los estaba viendo en su mente subir el equipo, preparar el laboratorio, conectarlos. Tenían todo lo necesario.
Los estaba imaginando allí.
Primero aparecieron como sombras imprecisas, apenas siluetas moviéndose entre las mesas. Ibrahim arrastraba una caja pesada desde las escaleras, encorvado por el esfuerzo. Maya caminaba detrás de él con un ordenador portátil apretado contra el pecho.