El brote 11. Bajo vigilancia #2
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11. Bajo vigilancia #2

No había nada más que pudiera hacer, por lo que optó por lo más lógico. Dormir algo. Para estar preparado para cuando sí pudiera actuar. Si es que ese momento llegaba.

Y poco a poco se fue quedando dormido.

El descubrimiento de Tres

Tres se había quedado de piedra cuando Lisa le contó la historia.

Aquella frágil anciana había vivido situaciones que no se había ni imaginado.

Ahora entendía por qué tenía esa determinación para la causa. Entendía sus motivaciones. Entendía que nada ni nadie le haría apartarse a un lado.

La causa se había convertido en su destino.

Lisa le confesó que lo veía a él como se veía a sí misma. Ella era científica. Él era militar. Pero compartían el mismo camino, cada uno en su ámbito.

Todavía recordaba cuando le dijo:

—¿Sabes por qué te llamas Tres en Sombra?

—Me imagino que porque al menos habrá dos agentes antes con el Uno y el Dos.

—Créeme, hay más de dos agentes en Sombra —dijo riéndose.

Guardó un silencio y le dijo:

—Tres éramos los tripulantes de la cápsula donde todo se inició. Por eso llevas el nombre de Tres —dijo la anciana.

Guardó silencio y añadió:

—Mis días terminarán pronto, soy mayor, y aunque no lo parezca estoy enferma. Tres, tú serás la continuidad si así lo quieres.

Todo esto lo masticaba en su cabeza. Ahora encajaban las piezas.

En cierta medida le estaba ofreciendo no ser simplemente un peón en la cadena de Sombra, sino ser algo más.

Para él sería un honor. No luchaba por dinero. No luchaba por poder. Lo hacía por la causa. Una causa en la que creía. Algo que haría que nadie tuviera que sufrir lo que el pasó con la muerte de su familia.

No tenía dudas sobre lo que quería. Las dudas eran en si estaba preparado para dar un paso más. Es más fácil simplemente acatar una orden, a tener que diseñar un plan.

Un buen soldado no tiene por qué ser un buen general.

De todas formas, ya pensaría en todo ello en otro momento. Ahora tenía que dar con el paradero de los paquetes, de la forma que sea.

Estaba en un callejón sin salida.

Tenían medio país intervenido y no daban con el paradero de Musa y su hija.

¿Qué estaba haciendo mal?

Tomó el teléfono y marcó un número automático:

—Operador —se escuchó al otro lado de la línea.

—Vamos a reanalizar toda la situación de nuevo —dijo Tres—. Necesito tu ayuda.

—Voy a precargar los modelos de IA.

—Olvídate de la IA por un minuto —respondió Tres—. Proyéctame un mapa de Nigeria en la pantalla.

Al instante un proyector de la sala se puso en funcionamiento sobre un cristal de alta definición que ocupaba parte de una pared.

—Bien. Márcame la ruta conocida del profesor Musa.

Al instante se dibujó en el mapa una ruta desde Lagos a Ilorin. Se marcaron los puntos donde retiró efectivo.

—Bien. Márcame los datos conocidos de su hija.

—No tenemos datos de posición de su hija.

—¿Vehículos a su nombre? —consultó Tres.

—No constan.

—Marca en el mapa, la triangulación de los puntos en los que estuvo tanto el móvil de Musa como el de su hija durante las dos últimas semanas.

Al instante se dibujó una nube de puntos. Casi todos estaban en Lagos y en la Universidad. Sin embargo, el del profesor Musa también se proyectó en la ruta de la carretera A1 hasta Ilorin. A partir de ahí nada.

—Es decir, tenemos datos de Ibrahim Musa hasta Ilorin pero, sin embargo, creemos que padre e hija van juntos, pero su hija no salió con él. O tenía el teléfono apagado.

—El móvil de su hija se desactivó dos días antes del viaje de su padre.

—Su hija estaba preparando la huida —replicó Tres—. ¿Pero dónde consiguió un vehículo?

—No constan alquileres ni compras. Pero es fácil conseguir un vehículo pagándolo en efectivo. Recuerde que constan retiradas de varios millones de nairas esos días.

Tres se quedó pensando. ¿Podría ser que alguna persona le hubiera ayudado?

—¿A cuántas personas tenemos en seguimiento en Nigeria para evitar que se descubra la operación? —consultó Tres.

Se hizo un silencio hasta que Operador consiguió los datos y los proyectó en una pantalla lateral.

—Unos 30 periodistas, 5 de los cuales son internacionales. Una veintena de políticos. Varios miembros de las universidades. Alcaldes. Jefes de policía. En total unos 200.

Tres se quedó pensando nuevamente.

—Bien, ¿puedes proyectarme la ubicación de los móviles de cada una de las personas que tenemos en seguimiento? Quiero saber en qué punto estuvieron durante las dos últimas semanas.

—¿De todas? —consultó Operador.

—De todas.

—Me llevará un tiempo.

—Mientras, vuelve a revisar toda la información que tengamos de su hija Maya y envíamela. Ella es quien ha diseñado la fuga. Estoy seguro —añadió Tres.

Durante unos minutos fue apareciendo en la pantalla el nombre de cada una de las personas que tenían en seguimiento y una nube de puntos de dónde habían estado.

Nada extraño.

Mientras el sistema de inteligencia artificial iba procesando los datos, Tres leía un informe de Maya en una Tablet.

Interesante.

Joven. Deportista. Había sido miembro de los Boy Scouts. No se prodigaba mucho en las redes sociales. Fotos con amigos. Habría que investigarlos.

Lo que estaba claro es que era una persona inteligente.

Bióloga trabajando en la misma Universidad que su padre.

Pero no parecía una mujer florero, sino que se había labrado su propio camino.

Lo veía en que no solo tenía proyectos en esa Universidad, sino que también los tenía en Universidades del extranjero, donde papá no le habría podido ayudar si no tuviera méritos propios.

Mientras ojeaba los datos, se sorprendió al ver una línea de puntos que difería de los habituales de las personas que estaban siguiendo.

—Operador. ¿De quién es esa línea que se proyecta al norte?

—Un periodista internacional. Se llama Marco.

—Amplia la línea. Detalla los puntos con más precisión —dijo Tres incorporándose.

Operador obedeció y marcó de forma más nítida la línea.

—Marca nuestra posición en el mapa —añadió Tres.

Un punto se marcó en la pantalla.

Tres se quedó perplejo.

El periodista había estado a menos de 300 metros de la sede de Deucalion hacía menos de seis horas.

No podía ser una casualidad. ¿Cómo había llegado allí?

—Operador. ¿Cuánto tiempo estuvo alrededor de nuestra base?

—Varias horas.

—Muéstrame una imagen de él, y mándame datos a la Tablet —ordenó Tres.

Una foto de Marco se proyectó al lado de la foto de Maya en una pantalla lateral. Los datos empezaron a fluir hacia la Tablet.

Tres tomó aire. Se dirigió a la puerta.

Tendría una conversación con Yusuf sobre seguridad.

Sin más salió a buscarlo.