El brote 6. Entre Nigeria y Japón #2
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6. Entre Nigeria y Japón #2

Fuera como fuera, el problema ahora lo tenía él. Y desde luego, Alpha 4 no volvería a formar parte de su equipo. En su trabajo no había margen para errores. Tan solo si hubiera colocado un dispositivo de seguimiento en el bolso, quizás se habría evitado el desastre. Pero ahora ya no tenía remedio.

Al llegar al domicilio ya se habían retirado todos los micrófonos y cámaras instaladas previamente. Eran innecesarias. Aun así, entraron vestidos de técnicos de mantenimiento por si había miradas indiscretas.

Habían revisado la casa, pero manteniendo el orden. No eran los típicos que aparecen en las películas que tiran todo al suelo, revuelven y desordenan todo, como si pasara un tornado. En la vida real, es mucho más práctico simplemente buscar y no tocar más de lo necesario.

—Dejarme solo —le dijo Tres al equipo al entrar en el salón.

Sin más palabras, el equipo salió sin decir nada.

—Bien. Vamos a ver qué historia nos cuenta su hogar señor Jian —se dijo a si mismo Tres en voz baja.

Empezó caminando por el salón, revisando la colocación de los muebles, la limpieza, la esencia de la casa, desde los tapetes que mostraban un gusto por los detalles, hasta el orden de colocación de los libros.

Estaba claro que la señora Mei era una persona muy meticulosa.

Revisó las fotos una a una. Escenas de Jian y Mei en diferentes lugares. Playas, congresos, comidas.

Sacó su móvil y fotografió cada una de ellas. Marcó un número y dijo:

—Operador. Análisis total de personas y lugares. Subo fotos.

No esperó respuesta, colgó y siguió mirando. Sabía que un equipo estaba analizando correos electrónicos, movimientos bancarios, y cualquier cosa que pudiera hablar sobre el paradero de Mei.

En realidad, no le importaba Mei. Lo que le importaba era el paradero de un paquete que había desaparecido, y quizás ella podría haber sido receptora, o bien, la clave para forzar a alguien a que devolviera lo perdido.

Siguió caminando hacia el despacho. Su instinto le hizo frenar súbitamente. Un pequeño sensor estaba instalado en la zona de paso. Se agachó. Desactivado.

Se preguntaba si lo habría visto el equipo Alpha cuando entraron en la vivienda y si en ese momento habría estado activo. No merecía la pena preguntar. Ya sabía cuál iba a ser la respuesta. No reconocerían que habían caído en una trampa tan burda.

Se sentó en la mesa de escritorio y se puso a revisar los cajones. Nada especial.

Echó la mano a su chaqueta, y sacó una tarjeta de color amarillo pálido, que había tomado en el despaso de Kang. La volvió a leer. Allí figuraba el nombre de Jian, y la dirección donde se encontraba en este momento.

¿Sería posible que Kang le hubiera enviado el paquete a esta dirección? El equipo Alpha había revisado todo, y no le cabía duda de que lo habían hecho a conciencia, especialmente después de fracasar en el seguimiento a Mei.

No, el paquete no estaba en la casa. ¿Pero entonces dónde?

Porque, sin embargo, los datos le decían que el lugar más probable de envío sería su propio domicilio.

Algo no cuadraba. Si lo había recibido su mujer, ¿por qué no había desaparecido desde el primer momento?

¿O es que todavía no había recibido el paquete?

No. Demasiado tiempo. El paquete ya había llegado a su destino, fuese cual fuese.

Por otra parte, no es un paquete estándar. Tuvo que saltar algún aviso en aduana si enviaron la mercancía por un canal convencional. Pero la empresa de Kang tenía medios para evitarlo.

Volvería a revisar de nuevo los contactos de ambos científicos, una vez más. Tomó álbumes de fotos familiares, y empezó a ojear con calma.

Coincidencias

Un zumbido señalaba una llamada entrante en una sala en penumbra desde donde se dirigían todas las operaciones.

—Aquí Operador —respondió sin dejar de teclear.

Silencio mientras escuchaba a su interlocutor, un cargo relevante de Sombra.

—Respecto a Nigeria, estamos siguiendo al nuevo periodista. Pasó por la Universidad y preguntó por el profesor Ibrahim.

Escuchó de nuevo.

—Desconocemos la relación entre ambos. Creemos que tienen un conocido común. Lo estamos confirmando.

Más silencio.

—Sí. Hay algún caso de infecciones en el norte. Todavía está contenido.

Nuevo silencio.

—Respecto al periodista anterior —hizo una pausa— tuvo un accidente de tráfico. No sobrevivió.

Operador tecleó unas nuevas instrucciones en la consola.

—Correcto. Así se hará. Cierro y corto —dijo Operador.

Al colgar retomó su trabajo. Tres le había enviado material. Y sabía que cuando ordenaba algo, convenía hacerlo rápido.

Pasó todas las fotos que le había enviado desde Japón por el análisis de IA. Empezó a clasificar rasgos, patrones, y el sistema empezó a buscar datos en Internet, así como en bases de datos gubernamentales que en su día habían hackeado.

El proceso lo había repetido en mil ocasiones. Parecía un baile de imágenes, de una pantalla a otra. Todo automatizado.

A saber, el dinero que habría costado el sistema. Sombra nunca reparaba en gastos. Lo que estaba claro es que, en aquella sala, estaba lo mejor que la tecnología tenía disponible. Y sabía que había más salas como la suya.

Cada vez que había una coincidencia en las imágenes, saltaba a otra pantalla.

El algoritmo funcionaba como una araña. Al analizar a Mei, iba creando una lista de posibles personas con las que podía tener relación. Comparaba fotos, registros informáticos, analizaba movimientos de cuentas bancarias, billetes de avión, todo.

El sistema ya había detectado algún patrón, y nombres conocidos. Alexander aparecía en los primeros puestos. Varias fotos, coincidencias en congresos, trabajos juntos. Pero ya lo tenían analizado.

Curioso. Un nombre nuevo, que no había visto antes.

¿Por qué aparecía el profesor Ibrahim Musa de Nigeria en la lista de posibles relaciones a investigar? Merecía la pena analizarlo.

Solicitó a la IA que aclarara el vínculo.

Una foto antigua. Una de las fotos que le envió Tres, en la que aparecían unos jóvenes universitarios.

El sistema le otorgaba una probabilidad del 64% de ser uno de ellos el profesor Ibrahim Musa, y en la misma foto, aparecían otros dos jóvenes con una probabilidad del 92% de ser Jian y a Mei.

Sonrientes, cenando después de un congreso.

Se puso de nuevo los auriculares y marcó de nuevo a Tres.

—Aquí Operador, he encontrado una relación que quizás merece la pena investigar.

—Mei e Ibrahim Musa —respondió Tres sin dejarle ni siquiera hablar.

—Correcto —respondió Operador, sorprendido de que Tres lo hubiese averiguado por sí solo.

En el despacho de Jian, Tres estaba ojeando los álbumes de fotos, a la vieja usanza, sentado en su silla de despacho, y mientras hablaba con Operador, allí estaban los tres en una foto, la misma que había detectado la IA.

Jian, Mei y el profesor Musa, sonrientes.

Y una nota escrita a mano, letra femenina, sin lugar a duda de Mei, que ponía “De una soñadora a otro soñador con cariño”.

Se conocían. No habían descubierto la relación entre Jian y Musa porque no la había. Pero sí la había con la mujer de Jian. ¿Y si Jian le había involucrado? Eso explicaría la desaparición de Musa. Pensaban que era porque estaba investigando en el norte, pero ahora ya no lo tenía tan claro.

—Operador, ¿cuál es la última ubicación conocida de Musa? —preguntó Tres.

—Nigeria.

—Prepara el viaje. Salgo para allí —indicó Tres.

Operador acató la orden de inmediato. Ambos comprendieron el vínculo entre los investigados. Mei era el puente entre ellos. Pero sin duda, Jian y Musa se conocían. No tenían colaboraciones conjuntas, pero había un vínculo entre Mei y Musa, y éste último había desaparecido.

En menos de medio minuto, Operador le dio un plan de viaje.

Al salir del despacho, se encontró con el equipo Alpha y les dijo.

—Revisad todo una vez más, y después limpiar la casa. Dejar a un efectivo por si la profesora Mei vuelve, aunque no creo.

Se quedó mirando para Alpha 4, y añadió.

—Tú te quedarás vigilando la casa en la furgoneta.

No contarían con él en el futuro, pero por lo menos le haría padecer una semana o dos por su error. Tiempo perdido con casi total seguridad. Pero nunca hay que desechar ninguna posibilidad por pequeña que fuese. Aunque no creía que Mei cometiera el error de volver.