El brote 5. Japón
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5. Japón

¿Sientes remordimientos? ¿Qué quieres sentir al final de tus días? ¿Cómo quieres ser recordado cuando des el último aliento?

Equipo de vigilancia

El equipo de seguimiento instaló la furgoneta a media calle de la vivienda. Tres personas estaban en el interior rodeadas de un montón de aparatos electrónicos con el que monitoreaban los alrededores.

El domicilio del doctor Jian y su mujer Mei, era una casa sencilla de planta baja y alta, con un garaje pegado a la vivienda que estaban conectados por una puerta interior.

Vivían en Fujisawa, cerca de Tokio, en una urbanización tranquila y familiar. No era una vivienda de lujo, pero tampoco económica.

Una de las personas del equipo, tomó la radio y contactó con la base:

—Aquí Alpha 1. En posición. Iniciamos seguimiento. Alpha 2 va a iniciar ronda preliminar.

De la furgoneta se bajó un hombre japonés con una mochila a la espalda y estatura media, y empezó a caminar por la acera. Todo lo que veía se replicaba en unas pantallas de la furgoneta a través de una cámara que llevaba en la solapa de su chaqueta.

Cruzó varios niños paseando con sus madres, habitual en el barrio en el que se encontraba, y llegó a la vivienda objetivo. Se acercó al rellano y timbró. Mientras esperaba, corroboró con los datos del buzón que la mujer se llamaba Mei.

Al cabo de unos segundos, una mujer abrió la puerta.

—Disculpe, soy de la compañía de teléfonos Docomo, nos han comunicado que había una avería en este domicilio —le indicó a la mujer con una sonrisa.

La mujer se sorprendió, y le dijo con pocas palabras.

—Debe haberse equivocado, el teléfono funciona perfectamente.

Mirando de nuevo el buzón, haciendo que leía su nombre le replicó:

—Mei, ¿correcto? Me ha enviado la compañía desde el otro lado de la ciudad para revisar la línea. ¿No me permitiría echar un ojo un minuto para asegurarme? No me gustaría tener que volver a mi central sin poder confirmar si hay una avería.

Delante de la vivienda estaban pasando nuevamente otros niños con sus madres, una de las cuales saludó a Mei, que le devolvió el saludo.

Volviéndose al técnico, le replicó de la forma más cortés posible.

—Lo siento mucho. En este momento me es imposible. Si usted tiene algún problema con su jefe, puede llamarme y yo le explicaré que está todo correcto.

Viendo que no era posible acceder a la vivienda y que había bastante gente en ese momento, el técnico, le dio las gracias, y caminó de vuelta a la furgoneta.

Pulsó un botón en su chaqueta y activó el intercomunicador.

—Alpha 2, contacto confirmado con la mujer de Jian.

Los supuestos técnicos de la furgoneta empezaron a planificar la vigilancia. Alpha 1 y Alpha 3 colocaron discretamente varias cámaras delante y detrás de la vivienda. Tan solo quedaría pinchar la línea de teléfono y colocar micrófonos interiores en cuanto Mei saliera de la casa en algún momento.

Habían pasado dos horas desde que habían llegado, cuando un coche negro aparcó detrás de la vivienda a cierta distancia y comunicó por radio.

—Alpha 4 en posición. Esperando instrucciones.

—Copiado —respondió Alpha 1 desde la furgoneta.

Ahora tocaba tener paciencia. El equipo estaba habituado a operaciones de este tipo, sabía qué paso dar en cada momento. No eran principiantes.

Así, durante casi una hora no ocurrió nada. La vivienda permanecía cerrada, silenciosa, integrada en la tranquilidad del barrio. De vez en cuando pasaba algún coche. Una mujer empujaba un carrito de bebé. Un repartidor dejó una caja en una vivienda cercana. Nada fuera de lo normal.

Hasta que la puerta del garaje comenzó a abrirse.

Alpha 1 se inclinó hacia uno de los monitores.

—Movimiento en objetivo.

La puerta se elevó lentamente, mostrando el interior oscuro del garaje. Unos segundos después, apareció un coche compacto de color gris. Avanzó despacio hasta la calzada y se detuvo lo justo para que la puerta automática empezara a cerrarse detrás.

—Alpha 4, objetivo móvil, síguelo —dijo Alpha 1 por radio—. Mujer al volante. Mantén distancia.

—Copiado —respondió la voz desde el coche negro.

El vehículo de Mei se incorporó a la calle principal sin prisas. No aceleró. No hizo nada que indicara nerviosismo.

Alpha 1 se dirigió a Alpha 3 dentro de la furgoneta, y le dijo:

—Coloca los micros.

Era la oportunidad que estaban esperando. La casa estaba vacía. Alpha 3 abrió la puerta de la furgoneta y se encaminó a uno de sus laterales. Había visto una ventana que podría utilizar para colarse, y fue hacia allí discretamente.

Durante quince minutos, Alpha 4 la siguió a una distancia prudente, alternando posiciones con el tráfico. Fujisawa quedaba atrás poco a poco, sustituida por avenidas más anchas.

Finalmente, Mei señalizó con un intermitente para entrar en un aparcamiento.

—Objetivo entra en complejo comercial —informó Alpha 4.

Alpha 1 que era el líder del equipo se tranquilizó. Lo normal es que saliera en algún momento a hacer las compras. Aun así, dio instrucciones:

—Alpha 4. Síguela. No te acerques demasiado y mantén informado.

Mei aparcó cerca de una de las salidas peatonales. Cerró el coche, tomó un bolso pequeño y caminó con calma hacia el interior.

Alpha 4, que había aparcado en la línea contigua, esperó unos segundos antes de salir.

Dentro, el ruido era distinto. Música suave por los altavoces. Voces de niños. Máquinas recreativas en la distancia. El olor mezclado de café, pan dulce y comida rápida.

Mei entró en una tienda de ropa y se probó con calma una chaqueta. Alpha 4 mantuvo la distancia. Detestaba este tipo de trabajos.

Mientras, Alpha 3 ya se había colado en la vivienda.

Desde dentro, parecía más grande. La ventana accedía a un cuarto de baño en la planta baja. Una vez dentro escuchó con calma para asegurarse que no había nadie.

—Alpha 3 dentro. Inicio colocación de micros.

—Copiado Alpha 3. Tienes tiempo. Alpha 4 está con el objetivo en el centro comercial.

Primero colocaría los dispositivos. Nunca se sabe cuándo tiene que salir a toda prisa, y lo principal es obtener información.

Recorrió toda la planta. Rápidamente vio cocina, salón, recibidor, y despacho, así como unas escaleras que deberían conducir a las habitaciones en la planta alta.

Estaba ordenado. Todo en su sitio. Mei parecía una persona que quiere todo colocado y funcional, pero al mismo tiempo con un aire familiar.

Para asegurarse que no había nadie en la vivienda subió sigilosamente hasta la planta superior, y revisó habitación por habitación que todo estaba en orden. Entonces empezó meticulosamente a realizar su trabajo.

Micros y cámaras en salón y cocina, en la habitación principal y en las secundarias. No fuera ser que Mei y el doctor Jian durmieran en camas separadas. Nunca se sabía. Era mejor prever todo.

Desde la furgoneta se iban activando cada una de las cámaras en las pantallas de vigilancia. Todo estaba saliendo bien. Tenían poco a poco una visual completa del interior.

Tan solo quedaba el despacho.

—Aquí Alpha 3, colocaré un par de cámaras en el despacho y salgo de la vivienda. ¿Conforme?

—Alpha 3, correcto. Tenemos visual plena.

Alpha 3 entró en el despacho para acabar su trabajo. No se percató que un sensor se activó al entrar en la estancia. Un sensor silencioso lo había delatado, sin él saberlo.

La huida

Mei entró primero en una tienda de productos para el hogar. Recorrió dos pasillos, tomó una caja de fragancias, la dejó de nuevo en su sitio.

Una vibración se activó en su móvil. Simplemente lo tomó, lo miró y lo guardó.

Siguió caminando, compró una chocolatina en un puesto, y entró en el baño.

—Objetivo entra en aseos de planta baja —susurró Alpha 4 por el micrófono.

—Mantén seguimiento, no la pierdas —respondió Alpha 1.

Pasaron un par de minutos. Alpha 4 se había colocado en un bar desde donde tenía una buena visual. Vamos a dejarle tiempo, pensó.

Mientras tanto, Alpha 3 regresó a la furgoneta. Su trabajo había concluido. Siempre sentía alivio una vez que finalizaba, porque había el riesgo de que alguien lo descubriera mientras colocaba el sistema de vigilancia y tendría que dar muchas explicaciones.

Entonces empezaron a pasar los minutos.

Alpha 4 empezó a moverse con incomodidad junto a una máquina expendedora. Varias personas entraron y salieron de los aseos. Una madre con dos niños. Dos adolescentes riendo. Una empleada de limpieza empujando un carro metálico.

Mei no salió.

—Alpha 1, objetivo lleva demasiado tiempo dentro.

Hubo un silencio.

—Entra.

Alpha 4 cruzó el pasillo y se detuvo en la puerta del baño de mujeres. Había demasiada gente.

Alpha 4 vio a la empleada que acababa de salir y se acercó a ella con una sonrisa apresurada. Le mostró una credencial falsa demasiado rápido para que pudiera leerla.

—Disculpe. Busco a una mujer. Puede estar indispuesta. Abrigo claro, bolso negro. ¿La ha visto dentro?

La empleada lo miró con desconfianza, pero algo en su tono hizo que volviera a entrar.

Alpha 4 esperó.

Diez segundos.

Veinte.

La mujer salió negando con la cabeza.

—No hay nadie así.

—Muchas gracias —respondió forzando una sonrisa.

Esperó unos segundos hasta que la mujer de la limpieza se fue, y entró él directamente en el baño.

Varias chicas se quedaron mirando al intruso, y Alpha 4, echando una visual rápida, se disculpó, y le dijo que se había equivocado.

Salió apresuradamente, escuchando quejas de las chicas que no entendían por qué un hombre había entrado allí.

—Aquí Alpha 4, el objetivo no está en el baño. Hemos perdido al objetivo.

—Repita. ¿Qué quiere decir con que se ha perdido el objetivo?

Alpha 4 caminó por el pasillo, ya sin fingir calma. A un lado había carros de limpieza, cajas de suministros, una puerta de emergencia y un ascensor de carga.

—El baño tiene una ventana. Maldita sea. Alguien ha debido avisarla.

En la furgoneta, Alpha 1 cerró lentamente los ojos.

Ahora lo entendía. Era una huida planificada. Los debía haber detectado de alguna forma y tenía este plan para escapar. Pero aún podían llegar a tiempo.