El bosque de los silbidos CAPÍTULO X #2
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CAPÍTULO X #2

—Has limpiado a conciencia, ¿verdad, Jacinto?

—Es que me gusta que esté limpia, sargento.

—Sí, pero te has levantado muy pronto hoy para limpiar, digo. Aún está el suelo del baño húmedo.

—Será de la humedad del bosque —contestó Jacinto irónicamente.

—Sí, claro, la humedad del bosque. Por eso huele a limón, ¿no? Yo creía que este bosque era de robles; resulta ahora que va a haber limoneros en el bosque y nadie se ha dado cuenta —repuso Alba, enseñándole un bote de detergente con ese aroma.

Jacinto no dijo nada más.

—A ver, cuéntanos, ¿por qué ese esmero en limpiar tan a fondo?

—¿Me están acusando de algo?

—No sé, dínoslo tú.

—¿Qué pasó, Jacinto? ¿Qué pasó la noche que desapareció Roi? Vino a la cabaña esa noche, ¿verdad? Y estabais aquí tú, Fidel y Mauro. Os peleasteis y ¿qué más pasó?

—No sé de qué me está hablando. La noche que desapareció Roi yo estuve con Maira.

—Sí, pero antes estuviste en la cabaña con tus dos amigos.

—Yo solo estuve un rato, nada más. Fidel se quedó aquí.

—¿Y por qué has limpiado la cabaña?

Jacinto se sentó en uno de los sofás.

—Yo no la he limpiado, tiene que creerme.

—¿Y entonces quién lo ha hecho y por qué? ¿Tienen por costumbre tus amigos limpiarte la cabaña? ¡Qué chicos más amables! Venga, Jacinto, dinos la verdad. ¿Qué pasó esa noche?

—No lo sé, yo me fui pronto. Créame, yo no he limpiado la cabaña.

—¿Quién tiene más llaves?

—Fidel tiene un juego, bueno, y Mauro también.

—No hemos encontrado nada, sargento.

—Comprueben bien todo, sigan comprobándolo.

—No hay nada, sargento.

—Vamos a precintar la casa; nadie va a entrar en ella. Las llaves nos las quedamos. ¿Aparte de las que tienen Mauro y Fidel, hay más copias?

—No.

—¿Estás seguro, Jacinto?

—Matéu las tuvo durante unos días, pero luego me las devolvió.

—¿Matéu? ¿Quién es Matéu?

—Un compañero de barca.

—¿También estuvo con vosotros esa noche, entonces?

—No, alguna vez viene, pero no tiene llaves, me las devolvió.

—¿Y no pudo hacer unas copias?

—¿Para qué? Matéu siempre viene conmigo a la cabaña, no necesita llaves. Él está a otras cosas; pocas veces nos acompaña.

—¿A qué cosas?

—Eso se lo pregunta a él.

—¿Por qué tuvo las llaves unos días?

—Necesitaba usarla.

—Me estás cansando, Jacinto, no seas tan parco en tus explicaciones.

—Se veía con una chica. ¿Necesita más explicaciones?

—Necesito todas las que yo necesite. Dices que te las devolvió.

—Sí. Esa chica se fue del pueblo, estuvo aquí unos días nada más.

—Pues alguno de tus amigos te ha hecho la labor de limpieza. ¿Vas a decirnos por qué?

—No lo sé.

—Bien, pues hasta que no lo sepamos, estás arrestado.

—No puede arrestarme, no tienen ningún motivo para ello.

—Sospechas, muchas sospechas, de que algo ocultáis los tres. La noche que desapareció, Roi estuvo aquí. ¿Vas a negármelo? La misma noche que alguno de vosotros lo mató.

—Sí, estuvo. Pero no le hicimos nada. Lo juro.

—¿Y para qué vino?

—De verdad, sargento, no le hicimos nada, ninguno de nosotros.

—¿Por qué vino?

—Quería hablar con Fidel.

—¿Precisamente esa noche? ¿No se veían todos los días en la barca?

—Eso era cosa de ellos.

—Y ahora es cosa tuya también. Estamos hablando de una muerte, Jacinto. Esto no es como cuando os pillaron con pesca furtiva; esto no es una multa y ya está, esto es cárcel. Años en prisión —le dijo Juan, agarrándolo del hombro.

—Yo no he matado a nadie.

—Pero a lo mejor sí sabes quién lo hizo.

—Nadie le hizo nada, no que yo lo viera.

—Cuando te fuiste a ver a Maira, ¿Roi seguía en la cabaña?

—Puede ser, tal vez se quedó en ella.

—¿Fuiste a ver a Maira, entonces?

—Sí.

—¿Y adónde fuiste con ella? Si la cabaña estaba ocupada, ¿adónde fuisteis? Venga, dinos la verdad. ¿Qué pasó esa noche?

—Nada, no pasó nada que yo sepa.

—Te lo voy a preguntar otra vez. ¿Seguro que te fuiste a buscar a Maira? ¿Seguro que no te quedaste aquí y algo pasó con Roi? ¿Quién lo golpeó? Porque Maira no recuerda haber estado contigo esa noche.

Jacinto se mantuvo callado durante unos segundos.

—No, no fui a buscar a Maira, fui a buscar otra cosa, ya sabe, para pasar la noche.

—No. Yo no sé. ¿Qué fuiste a buscar?

—Algo de maría. Para relajarnos un poco.

—¿Estabais nerviosos o qué?

—No, pero…

—Y regresaste a la cabaña después, ¿verdad?

—Sí.

—¿Y estaba Roi en ella todavía?

—No… no estaba.

—No estaba vivo, quieres decir.

—Que yo no he matado a nadie, se lo juro. Roi ya no estaba en la cabaña.

—Pero nos habéis mentido, y lo habéis hecho todos: tú, Maira, Fidel, Mauro… Todos habéis sostenido que esa noche Maira y tú estuvisteis juntos.

Juan volvió a mantener silencio, notablemente apesadumbrado.

—Llévenselo al coche. Jacinto, te vamos a acusar de asesinato.

—Espere.

—No voy a esperar a nada.

—Esa noche Roi se acercó a la cabaña. Estábamos Fidel y yo solos. Fidel y él no tenían buenas relaciones. Roi vino a buscar bronca.

—Y la encontró, ¿no es así? ¿Quién lo mató?

—Nadie. Se pelearon, Roi le dio un puñetazo a Fidel y este le respondió. Fidel luego lo golpeó y Roi cayó al suelo. Fidel le dio varias patadas, hasta que le dije que parase. Luego Roi se levantó y se fue.

—¿Y todo esto sucedió en la cabaña? Y Roi se fue por su propio pie…

Mira que no me lo creo, porque golpes su cuerpo tenía muchos, pero también uno en la nuca.

Eso me hace pensar que, si Fidel se estaba peleando con él, tal vez tú le diste con algún objeto y lo mataste.

Eso, Jacinto, puede ser un homicidio. A lo mejor, si nos cuentas toda la verdad, la condena sea algo menor. ¿Con qué lo golpeaste?

—No le golpeé con nada, se lo juro. Roi estaba vivo cuando nos fuimos.

—¿Cómo que cuando os fuisteis?

—Sí, lo dejamos solo, pero estaba vivo, se lo juro. De hecho, se levantó. Le dije a Fidel que nos fuéramos para que no siguieran peleándose.

—Y dejaste la cabaña abierta, sin cerrar.

—Pues sí, en ese momento no estaba pensando en eso, en dejarla cerrada.

—Y luego viniste a cerrarla.

—Estuvimos caminando por el bosque y, cuando Fidel se tranquilizó, volvimos y la cerramos.

—¿Roi ya no estaba en la cabaña?

—No. No estaba.

—¿Y en qué momento dices que saliste a por marihuana? Eso has dicho, que te fuiste «a por algo para pasar la noche». Pero ¿cuándo? ¿Antes o después de matar a Roi? Venga, metedlo en el coche.

—Le estoy diciendo la verdad.

—Jacinto, todo lo que nos estás contando tiene más lagunas que Canadá. Ve buscándote un abogado, porque te van a caer un montón de años y a tu amiguito Fidel, otros tantos.