El beso del fénix Capítulo treinta. Adela #2
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Capítulo treinta. Adela #2

Su voz se quiebra. Nunca la había visto tan emocionada. No es que no tenga sentimientos; es sensible y empática, solo que no es expresiva. Si mis sentimientos flotan en la superficie como nenúfares, los suyos descansan entre las raíces de las algas en el fondo del lago.

Le seco las lágrimas debajo de los ojos.

–Nunca pensé que volvería a verte –dice en voz baja.

–¡Me enviaste un mensaje para que volviera! –Suelto una risa breve.

–Pero no creí que en verdad pudieras hacerlo. –Inhala por la nariz–. Y devolviste a la potranca. Estaba muy preocupada por ella. ¿Está bien? ¿Qué querían con…?

Alguien interrumpe su pregunta:

–¿Adela?

Ni siquiera llego a voltear antes de que mi padre llegue y nos envuelva a ambas con sus fuertes brazos.

Cecelia se aparta, entonces él me aprieta con fuerza y besa la parte superior de mi cabeza.

El momento me transporta a un tiempo en el que siempre me sentía segura y querida. Antes de que mi madre se fuera.

–Alabada sea la Diosa. Has vuelto a casa. Yo… pensé que te había perdido para siempre. Pero ¿por qué estás aquí? –Aparta algunos mechones claros que se han soltado de mis trenzas durante la larga noche y, sin dejar de mirarme, añade–: ¿Y a quién has traído contigo?

–Alguien tenía que traer a Tani de vuelta. –Apoyo la mejilla en su mano–. Ujvala y Kian ayudaron.

–¿Tani?

–La potranca. La hija de Etana.

–Tani le sienta bien. –Las arrugas junto a sus ojos se marcan con una sonrisa.

Me enderezo y me abro un poco para presentarle bien a Ujvala. Ella da un paso adelante y la señalo con cierto énfasis.

–Ujvala conocía el camino a través de la barrera. Forma parte de la familia que solía traernos bienes. Kian es su sobrino.

–La familia que solía traernos bienes –repite mi padre con una mirada cómplice mientras extiende la mano.

Él y Ujvala se estrechan de los antebrazos en señal de saludo, pero él sigue hablándome a mí–.

Que el chico sea de una familia de contrabandistas tiene mucho más sentido que el que fuera sacerdote.

Le lanzo una mirada a Kian, que solo se encoge de hombros en señal de asentimiento. A veces es bueno que te vean tal como eres.

–Vamos, comamos algo, y puedes contarnos los detalles de por qué se llevaron a la potranca, cómo la trajiste de vuelta y qué necesitas –propone mi padre antes de encabezar el camino a casa.

En el alféizar de la ventana, sobre el fregadero de la cocina, hay una vela solitaria que parpadea con suavidad bajo la luz de la mañana.

Un dolor me recorre al reconocerla: encendimos una vela por mi madre durante años después de que desapareciera.

Un pequeño símbolo de esperanza de que encontraría el camino de regreso a nosotros con el tiempo.

Pero nunca lo hizo y, al final, guardamos la vela y dejamos ir esa esperanza.

Mi padre prepara té y café mientras yo revuelvo huevos y tuesto pan.

Hay conversaciones que deben tener lugar pronto, antes de que noten la ausencia de Kian y la mía, pero por este breve momento, untamos mantequilla y jalea de frambuesa fresca sobre rebanadas gruesas de pan tostado y saboreamos cada bocado.

Después de comer, Cecelia sale corriendo a buscar a Petra, que tendrá que participar en las negociaciones y en la organización de los próximos pasos con Ujvala.

Supongo que también deberían convocar a todos los ancianos, pero cuanto más desapercibida pase nuestra presencia, mejor, al menos hasta que podamos definir qué sigue.

Porque, sea cual sea nuestro futuro, no va a ser igual.

No puedo tan solo volver a intentar encajar como novicia de la Cazadora, no ahora que sé la verdad sobre hasta dónde está dispuesta a llegar Sarai.

Pero tampoco sé si aún hay un lugar para mí aquí, en el valle.

Aparte del de Etana, no hay calaveras con las que comunicarme y, aunque las hubiera, no sé si las uniría a miembros de las órdenes.

Al menos no a los de la Cazadora mientras Sarai sea la Suma Sacerdotisa.

Si está dispuesta a usar a una criatura indefensa en su camino para acceder a mi magia, ¿de qué más es capaz?

–Los campos de trigo y las flores están mucho más desarrollados de lo que deberían a esta altura del año. Y las criaturas parecen… animadas –señalo mientras esperamos a Petra.

–El valle está volviendo a nosotros –responde mi padre mientras recoge la mesa–. Las criaturas están despertando. “Activas” es una forma de decirlo. Están más salvajes de lo que jamás las había visto y también más operantes. Cazan más. Se reproducen más. Tenemos muchos embarazos nuevos.

Petra entra en la casa con Cecelia justo detrás y se suma a la conversación sin dudar, tan imperturbable como siempre. Cecelia debió de ponerla al tanto en el corto camino hasta aquí.

–La vegetación está creciendo a un ritmo vertiginoso. Mucho antes y más rápido de lo que lo ha hecho en décadas.

Se sirve una taza de té, le añade miel y se sienta a la mesa.

–¿Qué ha cambiado? –pregunto.

–Las calaveras, creemos –responde Cecelia–. Cuando la cabaña de emparejamiento se quemó, toda la magia de esas calaveras volvió a la tierra. Es la única diferencia que pudimos identificar.

A mi lado, Kian se mueve con incomodidad en su asiento.

Su rostro está tenso; baja la mirada al suelo, me mira un instante y la desvía otra vez.

Pero hay algo en la forma en que presiona los dientes, algo contenido, que hace que se me revuelva el estómago.

Tal vez esté ansioso por regresar a Insborough.

Mientras mi padre, Ujvala y Petra comienzan a discutir cómo funcionará el comercio, Cecelia señala hacia afuera, así que me levanto para ir con ella, deseosa de unos minutos lejos de todos.

No sé cuánto ha compartido con los demás sobre lo que descubrió en las pinturas, pero es otra de las razones por las que necesitaba venir al valle: descubrir si todavía puedo ser emparejadora.

Lo que implica enfrentar la calavera de Etana.

Kian se levanta para acompañarnos, pero le indico que se quede. Volver a ver a Etana, descubrir si puedo escucharla, no sé, es demasiado duro para hacerlo frente a un testigo que no comprende por completo el lazo que compartimos.

Él se enfurruña un momento, pero vuelve a sentarse con los demás.

Cecelia y yo salimos y nos sentamos en el barandal del pórtico pequeño de la casa como solíamos hacer cuando niñas.

Siendo adultas es mucho más difícil hacer equilibrio, pero merece la pena el esfuerzo.

Adoro ver cómo el valle despierta, en especial en primavera, así que permanecemos en silencio un buen tiempo, tan solo disfrutando del día.

Pero apenas tenemos un momento.

–¿Me llevarías con Etana? –pregunto al levantarme otra vez–. Quiero comprobar cuán ciertas son esas pinturas que me enviaste.

–Creí que nunca lo preguntarías.

Amo a Cecelia. Es metódica, piensa las cosas con detenimiento, se asegura de entenderlo todo. Y luego se lanza a la acción sin pensarlo, como yo.

Ahora, me guía a través del gran salón hasta la biblioteca. Por un momento, no entiendo por qué estamos aquí, pero luego noto un estante pequeño con máscaras de álamo junto a la puerta. Ella toma una y se la coloca en el rostro.

–¿Aquí es donde guardan las calaveras?

–La calavera –me corrige mientras se ajusta la máscara. Hasta mi emparejamiento, creo que nadie creía en realidad que un guardián fuera a emparejarse con una de las calaveras, pero he probado que los siglos de cautela no fueron en vano.

–Están trabajando para reconstruir la cabaña de emparejamiento, pero la madera escasea por el momento, al igual que los trabajadores. Todo el que estaba libre ahora está ocupado en las plantaciones.

Y no es que la voz de una sola calavera vaya a ser muy inquietante, ni siquiera para quienes la oyen más fuerte. Me encuentro detrás de la puerta de la biblioteca, esperando a que Cecelia entre primero. Tengo miedo.

–Eh… –Ella también duda, con la mano en la manija de la puerta–. Antes de que sepamos qué puedes hacer y qué no, quería explicarte una cosa más. Es sobre la cabaña de emparejamiento. –Busca las palabras con cuidado–. Lathai no la destruyó.

–¿Qué quieres decir? Por supuesto que él lo hizo. Fue un rayo, en la tormenta. ¿Cómo se quemaría si no?

–Me tomó algo de tiempo, pero encontré registros en los que guardianes y las órdenes trabajaron juntos para documentar el alcance de la magia, tanto de las criaturas vivas como de sus calaveras. En verdad solo el fuego de dragón puede destruirlas. Como siempre creímos.

No tiene ningún sentido. Ulric es el único portador de dragón y jamás destruiría la cabaña intencionalmente. Pero, por supuesto, él robó a Tani y la amenazó por órdenes de Sarai. ¿Es posible que alguien más lo manipulara? ¿O hay otra razón para que Sarai quisiera que la cabaña fuera destruida?

Sacudo la cabeza, porque no importa la causa en este momento.

En última instancia, la desaparición de la cabaña ayudó al devolver la magia a la tierra.

Y, mientras que eso perjudica a las órdenes, no se siente tan extremo ahora que las criaturas vivas y el valle están prosperando.

Las órdenes pueden encontrar sus propios caminos de aquí al futuro.