El beso del fénix Capítulo catorce. Kian
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Capítulo catorce. Kian

capítulo catorce Kian

Escapé. Quiero meterme en la cama de Adela de inmediato, explorar la conexión que Cecelia dice que es el camino, pero no puedo permitirme la distracción. En cuanto oscurezca, iré al bosque. Perseguiré mi futuro.

En mi habitación escueta, me retiro la calavera de fénix y me desplomo en la cama mirando el techo blanco, mientras que mi mente le da vueltas a todo lo que acabo de descubrir.

Estaré ligado a la emparejadora a través de nuestra pareja de calaveras durante el futuro cercano, algo afortunado para mi lujuria y devastador para mis planes.

Inquieto, me levanto de un salto y comienzo a caminar de un lado al otro mientras me enredo en más interrogantes.

¿El sexo en verdad nos ayudará a desbloquear la magia de los fénix?

¿Ambos tenemos capacidad de destrucción y renacimiento o solo uno de los dos?

¿Tenemos que hacer magia literalmente al mismo tiempo?

No, eso sería demasiado complicado. Los gytrash siempre se emparejan en tríos, pero no tienen que hacer su magia en simultáneo. Y también es improbable que ambos tengamos las dos capacidades.

Yo debo ser el lado destructivo. Tengo que serlo.

A fin de cuentas, lo semejante llama a lo semejante.

Y Adela no es destrucción, ella es movida por el servicio a su comunidad y ser vista como buena.

A mí también me mueve el bien (las vidas de las personas mejorarán cuando la Orden de la Cazadora ya no tenga tanto poder), pero mis métodos son destructivos.

Claro, de alguna forma sané mis propias heridas, pero ese pudo haber sido Markus. Tal vez lo hizo de forma inconsciente, como cuando Ulric calcinó a los capaluses casi por accidente.

Alterno entre mi cama y la silla dura, volver a caminar de un lado al otro y de vuelta a la cama sin descanso, hasta que por fin cae la oscuridad y puedo dirigirme al bosque. Odio ir sin un plan claro de qué hacer a continuación, pero no puedo seguir posponiéndolo ni un minuto más.

Apenas he dado un paso dentro de la línea de los árboles cuando tía Ujvala e Ivo me encuentran. Él me da un abrazo rápido y luego mira a tía Ujvala como si hubiera hecho algo malo. Ella está demasiado inexpresiva, lo cual me aterra: una Ujvala silenciosa es una Ujvala peligrosa.

Ambos se ven desaliñados, pero claro, han estado acampando en el bosque durante dos noches, no podrían verse frescos ni bien descansados. Esperando que un poco de humor rompa la tensión, alzo los brazos como si los estuviera saludando.

–Bienvenidos al valle. Espero que hayan disfrutado su estadía.

Es la táctica equivocada.

–¿Dónde demonios has estado? –Tía Ujvala blande su bastón con violencia. Doy un paso atrás para evitar el golpe–. Una hora más y te hubiera dejado aquí por tu cuenta.

–Tranquila. –Levanto las manos como si estuviera frente a un caballo alterado. Otra vez es la táctica equivocada, porque sus ojos se agrandan bajo la luz de la luna, y juro que puedo oír sus pensamientos; todos tratan sobre mi muerte inminente y mi desmembramiento a manos de ella.

–He intentado… –Iba a decir “buscarlos”, pero ella me arranca la calavera de fénix del rostro. Me atajo porque pienso que me golpeará con ella en la cabeza, pero solo la arroja al suelo. Y antes de que pueda continuar, comienza la reprimenda.

–Ah, sí, sabemos qué has estado intentado.

Intentabas meterte en la cama de la emparejadora.

Intentabas practicar magia con tus amiguitos novicios.

Mientras que nosotros robábamos sobras de comida para mantenernos alimentados y dormíamos sobre las rocas, expuestos a la lluvia, los insectos y el frío, bajo los mismos árboles que un dragón que come gente.

–Creo que la guarida del dragón está en los acantilados, si sirve de consuelo.

–No sirve –replica entre dientes.

–¿Por qué no iniciaron sus planes mientras esperaban? Como… intercambiar cosas.

–¿Bajo las narices de la Suma Sacerdotisa más vengativa de Insborough? ¿Y arriesgarlos a todos? –Me mira como si fuera el hombre más estúpido de la tierra–. Kian.

Suelto un suspiro. Ella tiene razón y lo sé, he dado su apoyo por sentado, cuando mi principal preocupación debía ser enviarlos a casa o que estuvieran cómodos. Pero no estoy habituado a priorizar a nadie más que a mí.

–Lo siento.

–No necesito que lo sientas, necesito salir de este valle hasta que la orden se haya ido y pueda hacer contactos.

Tengo tareas que supervisar, misiones que organizar, personas que cuentan conmigo.

En su lugar, estoy atrapada en un valle mágico, durmiendo con plumadas de búho junto a la cabeza porque no quiero abandonar a mi sobrino preferido…

–Auch –dice Ivo, pero se encoge cuando ella casi lo golpea con el bastón. Entonces hace un mohín.

–Nos vamos. –Tía Ujvala planta la punta del bastón en la tierra y por una vez lo usa como apoyo más que como arma improvisada–. Esta noche.

Quiero discutir. No tengo fuego ni sé cómo conseguirlo. Planeaba robárselo a Thad cuando estuviera exhibiéndose para algún guardián o seducirlo para hacerlo, pero Ulric es demasiado humilde para exhibirse y seducirlo lo mataría.

Mi mente le da vueltas a las posibilidades. No hay buenas opciones, en especial cuando mi magia aún no se ha manifestado.

Necesito más tiempo. Pero de repente me percato de que la respuesta ha estado acampando en el bosque todo el tiempo. Mi tía es una contrabandista experta.

–Robaremos las calaveras.

Tía Ujvala comienza a negar con la cabeza.

–No llevaré cientos de calaveras de criaturas mágicas a Insborough para apilarlas en mi sótano.

–¡Por supuesto que no! Ayúdame a sacarlas de la cabaña y llevarlas al bosque para ganar algo de tiempo. Luego pueden irse a casa, tomar un baño, dormir en sus camas. Cuando estén escondidos en algún lugar seguro pensaré qué hacer.

De alguna forma lo descubriré.

Tía Ujvala permanece en silencio por un buen tiempo, luego sacude la cabeza con tristeza, se acerca y apoya una mano amable en mi hombro. Lo muevo para apartarla, pero no la baja, así que, si no quiero empujar a mi tía, tendré que aceptar su consuelo.

Pero no quiero aceptarlo, porque sé que implica que me abandonará.

–Estás pidiendo demasiado, Kian. –Su voz es suave y su amabilidad me enfurece. Odio que sea reconfortante y odio querer recibir consuelo.

Y odio que tenga razón. He sido demasiado egoísta.

Ellos están cansados, hambrientos, congelados.

Si los descubrieran en el valle, toda la familia estaría en riesgo de quedar expuesta y sufrir represalias.

A menos que ellos sean tan fuertes como mis padres, quienes guardaron el secreto hasta el final.

Nadie es tan fuerte.

–Por favor, tía, no hagas esto. –Odio el tono suplicante en mi voz.

Ella toma mi rostro entre sus manos y me acaricia las mejillas con las yemas de los pulgares como solía hacer mi madre.

–Kian, te quiero. Si quieres volver con nosotros, ser parte de nuestras filas, siempre serás bienvenido.

Pero no voy a arriesgar todo lo que hemos construido por una hermana que ya está muerta y por tu retorcida búsqueda de igualdad y venganza.

–Abro la boca para discutir, pero ella habla primero–: Yo también la quería. Y sé que Lesa querría que te ayudara.

Me estremezco al escuchar el nombre de mi madre.

–Esta es mi oferta. Iremos contigo a reunir información sobre la cabaña de emparejamiento y te ayudaré a crear un plan para avanzar.

–¿Eso es todo? –No puedo evitar presionar un poco.

–Eso es todo. Después, nos vamos a casa, cariño.

Aún pienso en discutir, pero puedo ver por la rigidez de sus hombros que no llegaría a ningún lado.

–Gracias.

Partimos de inmediato para atravesar el prado en dirección a la cabaña de emparejamiento, moviéndonos rápido y en silencio.

Aunque en realidad no importa demasiado, ya que es poco probable que nos encontremos con alguien a estas horas de la noche en esta pequeña comunidad agraria, donde todos parecen irse a dormir con el sol.

Desearía que la luna estuviera un poco menos llena y las estrellas un poco menos brillantes, pero al menos no está lloviendo ni nevando.

Cruzamos el campo y subimos una pequeña colina ondulada hasta alcanzar la cima.

A mi lado, Ivo por poco da brincos por la emoción de participar en nuestra misión.

Para ser honesto, creo que yo estoy igual de emocionado, ya que no participaba en una incursión desde que era niño, cuando acompañaba a mis padres en algunas de las operaciones más pequeñas y sencillas.

Nos detenemos para recuperar el aliento.

Estamos casi a mitad de camino, pero ahora que superamos la colina más grande, la cabaña de emparejamiento está a la vista, llena de calaveras, hierbas secándose y frascos de ungüentos y tónicos, y de toda la magia que la orden podrá controlar durante la próxima década más o menos.

De repente, una nube pasa frente a la luna y oscurece la noche justo en el momento perfecto. Si creyera en la Cazadora, le daría las gracias. Pero apenas empezamos a movernos de nuevo, Ivo se deja caer al suelo a mi lado.

–¡Por las tetas de la Hilandera! –exclama por lo bajo, pero el dolor se cuela en su voz.

–¿Qué pasó? –pregunto mientras me inclino y lo ayudo a levantarse.

–Algo me apuñaló en el tobillo.

–¿Una rama? –sugiere la tía Ujvala desde el otro lado. Barre el suelo con su bastón, pero no golpea nada.

Ivo se pone de pie, da un paso y hace una mueca de dolor. Me agacho y le palpo la pierna, tiene una mancha oscura y húmeda en los pantalones. Me llevo la mano a la nariz: sangre. Si fue una rama, era una bastante grande y con intenciones vengativas.

–¿Podrás seguir?