Capítulo 45. Las otras causas
Tres semanas después, Mara regresó a Sevilla para una reunión de coordinación. Sobre la mesa había cuatro carpetas de colores. La fiscal apartó la del homicidio y abrió primero la de Álvaro.
Dentro estaban los contratos y comunicaciones que Cauce Sur había entregado por orden judicial. Los pagos, las procedencias inventadas y los encargos sostenían las diligencias por receptación, contrabando y blanqueo. Su coartada lo mantenía fuera del taller durante la muerte de Inés.
—Eso limita una acusación —dijo Mara—. No limpia las otras.
En la segunda carpeta, Mateo había reconocido cambios de etiquetas, traslados y cobros. Cada vez que decía que no preguntó, Rubén colocaba detrás una hoja en la que había cobrado más por aceptar una descripción incompleta.
La tercera reunía las recepciones firmadas por Nerea y el correo que borró. La copia del servidor impedía presentarlo como un fallo casual. Nerea había permitido que el control consistiera en una firma; no conocía la cita ni participó en la agresión.
Samuel ocupaba una separata. Devolvió las piezas contemporáneas y afrontó las apropiaciones. Su abogado recordó que ninguna pertenecía a Los doce cauces . La fiscal anotó la diferencia sin convertirla en absolución.
Lola compareció con asistencia y entregó la relación de réplicas que había pintado. Explicó cuándo empezó a sospechar y por qué calló. Nadie le prometió que colaborar borrara su responsabilidad.
Mara revisó al final el informe sobre Inés. Tachó la frase ajena al sistema desde el principio y escribió al margen: firmó dos retiradas incompletas; después documentó el fraude e intentó repararlo .
Rubén distribuyó los anexos entre las cuatro carpetas.
—Ahora ocupa más —dijo.
—Ahora cada uno carga con lo suyo.