Capítulo 44. Sin declaración
La detención se practicó en el taller, antes de la apertura de la calle a los repartos. Rafaela estaba sentada junto al horno apagado. No preguntó por qué habían ido.
En dependencias policiales escuchó sus derechos y pidió hablar con su abogado. Cuando comenzó la declaración, Mara formuló preguntas sobre la cita, el delantal, la furgoneta y las cajas. Rafaela respondió solo a la primera.
—Inés quería destruir lo que no entendía.
El abogado le tocó el brazo. A partir de entonces guardó silencio.
Mara no llenó la pausa con una narración destinada a provocar orgullo o culpa.
Incorporó los informes por su orden: la autopsia que descartaba el accidente; el tramo de cordel con material de Inés; las fibras del desgarro reciente; el mensaje de las 19:32; la ruta del vehículo; la entrega del depósito; la página del catálogo; el conocimiento de la posición sustituida.
Rubén hizo constar las objeciones de la defensa y la negativa a contestar. La falta de confesión no dejaba un hueco que tuvieran que cubrir con una afirmación más grande que las pruebas.
La fiscal comunicó las actuaciones que solicitaría. Rafaela miró por primera vez hacia la puerta.
—Cuando cierren, no sabrán encender el horno —dijo.
Mara no respondió que otra persona aprendería ni prometió que el taller sobreviviría. El futuro del oficio no podía decidirse en aquella declaración.
Al terminar el trámite, Rafaela salió acompañada sin haber admitido la venta, la cita efectiva ni la agresión.
Rubén cerró la carpeta de la declaración. Ninguna de las pestañas dependía de una respuesta de Rafaela.