El azul de Triana (Casos de Mara Cid 4) Capítulo 43. Lo que hizo cada uno
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Capítulo 43. Lo que hizo cada uno

La reunión ocupó una sala prestada junto al archivo judicial. Mara escribió seis nombres en una pizarra y dejó espacio entre ellos. No quería una red dibujada con una sola línea gruesa.

Rubén empezó por Álvaro. Los pagos y las procedencias fabricadas demostraban que había comprado originales y financiado nuevas salidas. Su presencia en un acto público, acreditada por fuentes independientes, lo excluía del taller durante la muerte.

Mateo había cambiado etiquetas y ocultado destinos. Recibió las cajas de Rafaela, pero no entró en el obrador ni conocía el cordel escondido bajo el relleno. Nerea firmó recepciones sin abrirlas y borró un correo; su conducta había permitido el sistema, no la agresión.

Samuel sustrajo piezas contemporáneas y mintió para ocultar ventas propias. Lola pintó réplicas, sospechó tarde y calló. Sus cuadernos permitían identificar hornadas, aunque entregarlos no borraba el silencio anterior.

—¿Y Rafaela? —preguntó la fiscal.

Mara separó dos columnas. En la primera situó decisiones sobre originales, pagos, cajas y órdenes. En la segunda, cita, muerte, traslado y escena preparada. Algunas pruebas aparecían en ambas; las responsabilidades no eran idénticas.

Rubén añadió la primera fecha de venta, anterior a la incorporación de los trabajadores jóvenes.

—La dirección nació arriba —dijo—. Después hubo personas que aceptaron partes distintas.

Mara retiró de la pizarra una flecha que había dibujado entre Lola y el origen del tráfico. Era la última versión de una hipótesis que ya había corregido de palabra.

La fiscal rodeó los dos bloques de la pizarra.

—Preparemos las solicitudes por separado.