El azul de Triana (Casos de Mara Cid 4) Capítulo 37. La cita
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Capítulo 37. La cita

La copia del primer mensaje apareció en el sistema de comunicaciones del programa de restauración. El teléfono de Inés estaba apagado cuando lo encontraron, pero la cuenta había sincronizado el aviso.

Mara leyó el texto con Baeza y la letrada que supervisaba la incorporación.

Ven al taller. Devuelvo las piezas. Trae el fragmento y la copia entera. Nadie más.

Había una segunda línea, recibida dos minutos después.

A primera hora lo entrego, con o sin acuerdo.

Inés no indicaba a quién ni dónde. El catálogo, la copia que había dejado a una compañera y la conversación con Lola permitían entender su intención, no fabricar un destinatario.

El registro de la alarma situaba a Inés en el patio a las 20:08: la había desactivado con su código.

Los datos de sesión confirmaban que el mensaje de las 19:32 salió del teléfono de Rafaela, aún en su casa.

No apareció otro terminal autorizado. La cita quedaba probada; la presencia de Rafaela, todavía no.

La compañera a la que Inés había anunciado que entregaría el informe conservaba otro mensaje, enviado desde el teléfono de Inés a las 20:30:

La pieza está conmigo. Me quedo sola revisando. Hablamos mañana.

El servidor y el terminal de la destinataria preservaban hora y cuenta de origen. Inés había abierto esa conversación a las 20:12 y la pantalla permaneció activa hasta las 20:31. Alguien pudo usar el aparato sin conocer el código; el registro no identificaba a quien escribió.

El segundo texto parecía prolongar la noche de Inés. También contradecía lo que había dicho dos minutos después del mensaje de Rafaela: entregar la pieza a primera hora, con o sin acuerdo.

Para situar físicamente a Rafaela, debían desmontar la casa en la que decía haber permanecido toda la noche.