El azul de Triana (Casos de Mara Cid 4) Capítulo 36. El delantal
75%

Capítulo 36. El delantal

El delantal de Rafaela estaba doblado dentro de una bolsa numerada. Científica lo había recogido durante el inventario inicial, en el gancho que ocupaba habitualmente junto al horno. Rafaela dijo que no se lo ponía desde la semana anterior porque una tira lateral se había descosido.

Mara contempló el desgarro bajo la luz del laboratorio. No era una costura vencida. Faltaba un pequeño triángulo de tela junto al bolsillo y varios hilos terminaban estirados en direcciones distintas.

La muestra recogida bajo las uñas de Inés contenía fibras del mismo algodón oscuro, con pigmento azul y una resina utilizada para endurecer los bolsillos donde Rafaela guardaba herramientas. Otros delantales compartían tejido y tinte; ninguno llevaba aquella combinación de desgaste y resina.

—El contacto es reciente —explicó la analista—. Hay extremos sin suciedad acumulada y la rotura conserva una deformación compatible. No puedo reconstruir el gesto.

Rafaela había tocado a Inés muchas veces durante años. Esa explicación servía para fibras sueltas, no para fibras atrapadas bajo las uñas y un desgarro cuyo borde no acumulaba el polvo de una semana.

Dejar el delantal en su sitio no exigía un descuido. Hacerlo desaparecer habría señalado la única prenda de trabajo que faltaba. Lo que no encajaba era la antigüedad que Rafaela atribuía a la rotura.

Mara incorporó la contradicción a la lista de hechos que debían plantearle. No quería enfrentarla todavía a una prueba aislada.

Mara anotó tres datos: desgarro reciente, fibras bajo las uñas y una antigüedad falsa. La analista volvió a cerrar la bolsa.