Capítulo 35. El tramo azul
Mara observó desde detrás del cristal cómo abrían la caja de La Cartuja por capas. Rubén estaba a su lado con el inventario. Cada pieza de relleno recibía un número antes de que la siguiente quedara expuesta.
Bajo dos cantoneras compradas por Rafaela tres días antes apareció un tramo de cordel azul de poco más de un metro.
Entre las fibras interiores de la torsión conservaba material biológico de Inés y cera deformada por presión.
Aquello lo relacionaba con la agresión. No decía quién lo había utilizado ni cuándo lo ocultaron.
La especialista comparó material, número de cabos y tratamiento con la bobina recogida en el obrador. Los extremos también eran compatibles con unas tijeras de taller que tenían cera azul en la articulación.
—¿Puede afirmar que salió de esa bobina? —preguntó Mara.
—No. Tampoco puedo fechar el corte ni individualizar la herramienta. Es el mismo tipo de cordel y el corte es compatible.
Rubén anotó primero esos límites.
Al retirar el tramo apareció debajo una página doblada del catálogo de Inés. Conservaba el número de ficha y el dibujo de una pérdida de esmalte. La fotografiaron en su posición antes de embalarla por separado.
Mateo había declarado que recibió la caja cerrada y cambió solo la etiqueta exterior. El orden de las capas no demostraba que dijera toda la verdad, pero obligaba a quien hubiera introducido el cordel y la página a preparar el interior antes de la entrega.
La hoja de salida fijaba la expedición de la caja para las siete de la mañana siguiente al crimen. Rafaela podía esperar que abandonara el depósito antes de que alguien relacionara la muerte con el embalaje.
—El tramo estuvo contra Inés —dijo Rubén—. La caja viajó esa noche. Y debajo iba una página que ella llevaba.
Mara pidió tres conclusiones separadas en el informe. La fuerza estaba en su coincidencia.