Capítulo 33. La escena preparada
A la mañana siguiente del registro de La Cartuja, Mara volvió al patio con la responsable de Científica. El taller seguía bajo precinto. No iban a buscar rastros nuevos, sino a contrastar los ya fotografiados, medidos y muestreados durante el levantamiento inicial.
La técnica extendió sobre una mesa el plano de la escena y las tomas cenitales.
Bajo el lugar donde había quedado el hombro de Inés, el polvo formaba una capa continua.
Si el estante hubiera caído sobre ella, una de las patas habría barrido aquella zona.
Las marcas de la madera aparecían más allá de la silueta.
—Lo derribaron después —dijo Mara.
—Eso sostiene la distribución —respondió la técnica—. No nos dice quién.
En las primeras fotografías, junto a una caja vacía, se distinguía una franja estrecha sin polvo. Continuaba hasta la puerta del obrador y se perdía donde Lola y los sanitarios habían pisado. El tramo protegido por la caja conservaba dos líneas paralelas.
Los escaneos permitían seguirlas hacia la mesa de moldes. Allí aparecían fibras de la ropa de Inés y una presión irregular en el polvo. La autopsia ya había descartado que el estante causara la muerte.
Mara recorrió con la vista los nueve metros. Una persona podía mover el cuerpo; dos también. La escena establecía un orden, no una identidad.
Pidió que el informe separara ambos extremos: agresión en el obrador, traslado al patio y derribo posterior. La técnica superpuso el plano del estante a la fotografía del cuerpo. Ninguna pata coincidía con la zona que debía haber comprimido.
Después guardó las láminas en dos fundas distintas.