El azul de Triana (Casos de Mara Cid 4) Capítulo 28. La deuda
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Capítulo 28. La deuda

Las cuentas del Taller Montes no mostraban una caída, sino varias. Cada vez que entraba dinero por una venta sin procedencia clara, desaparecía una urgencia distinta.

Mara siguió las columnas con la gestora de delitos económicos.

La primera transferencia pagó gas, barro y dos nóminas atrasadas.

La segunda evitó el embargo de un horno.

Después cambiaba el destino: cuotas de un préstamo personal de Rafaela, la reforma de su vivienda, una póliza privada y viajes presentados como promoción del taller.

—Podría alegar que todo sostenía la marca —dijo la gestora.

—La marca no vive en su casa.

Había también pagos regulares de Cauce Sur por restauraciones reales. Álvaro no había inventado toda la actividad. Había mezclado encargos legítimos, ayudas y compras clandestinas hasta dificultar que una salida pudiera separarse de otra.

Mara señaló las fechas de las ocho sustituciones. Las dos últimas coincidían con las anotaciones de Lola y con el periodo en que Samuel controlaba los hornos. Las primeras eran anteriores a la hornada omitida que habían localizado.

La gestora abrió otra hoja.

—Rafaela tenía deudas desde el principio. Pero el volumen crece cuando entran los jóvenes.

Mara observó los importes. Podía haber empezado como una retirada irregular para conservar piezas y ampliarse después, cuando Lola y Samuel aprendieron que las réplicas pasaban los controles.

Anotó la hipótesis sin convertirla aún en conclusión. La deuda explicaba por qué Rafaela había abierto la puerta. Faltaba saber quién decidió mantenerla abierta cuando el dinero dejó de pagar solo el taller.