El azul de Triana (Casos de Mara Cid 4) Capítulo 27. La conservadora
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Capítulo 27. La conservadora

La antigua compañera de Inés recibió a Mara en el laboratorio donde habían trabajado juntas. Sacó de un armario una caja vacía y la dejó entre ambas.

—Aquí debía estar la segunda pieza —dijo—. Inés cerró la ficha de retirada sin comprobar la recepción en el depósito.

Contó que, al principio, Inés aceptó retirar dos originales porque el mortero estaba dañándolos. Rafaela aseguró que permanecerían en custodia hasta decidir una intervención. Las fichas quedaron incompletas para evitar mover las piezas otra vez.

—Fue una irregularidad —dijo Mara.

—Sí. Inés lo sabía cuando empezó a corregirla.

La mujer no intentó presentarla como una denunciante impecable. Le enseñó un borrador de escrito en el que Inés reconocía las dos firmas, detallaba qué comprobaciones omitió y pedía que se investigara el destino de las cajas.

—Le dije que buscara asesoramiento antes de entregarlo.

—¿Quería negociar su responsabilidad?

—Quería saber qué consecuencias tendría. No pidió que la dejaran fuera.

La copia del catálogo era parte de esa decisión. Inés la distribuyó porque temía que un registro incompleto volviera a proteger a quienes controlaban los almacenes. No dijo a su compañera con quién se reuniría aquella noche.

Antes de marcharse, Mara preguntó por el fragmento.

—Lo guardó como prueba de que una pieza concreta había sido sustituida —respondió la mujer—. También como prueba de lo que ella permitió al principio.

Inés había intentado poner en marcha la restitución sin borrarse de la historia. Su muerte no limpiaba sus firmas; impedía que pudiera responder por ellas con su propia voz. La compañera cerró la caja vacía y devolvió la llave al armario.