Capítulo 22. Recepciones
Las siete actas ocuparon casi toda la mesa. Mara las dispuso por fecha mientras Baeza comparaba firmas, números de precinto y hojas de transporte.
Nerea había firmado todas. En tres constaba la fórmula recibido sin apertura por conservación preventiva . Ningún protocolo aportado contemplaba esa excepción.
—Esto la deja peor de lo que cuenta —dijo un agente del grupo.
—En las recepciones, sí —respondió Mara—. En el taller, no.
Señaló las horas. La noche de la muerte, la tarjeta de acceso de Nerea se había utilizado en la sede de Cauce Sur durante una reunión con seis asistentes.
Una llamada desde el fijo y dos correos enviados desde el terminal de la sala sostenían su presencia allí.
No era una coartada fabricada por un único registro.
Baeza tomó la cuarta acta. El precinto anotado por Mateo no coincidía con el recibido por Nerea.
—Firmó aunque el número era distinto.
—Y después borró el aviso de Inés —dijo Mara.
Separaron las diligencias: incumplimiento de controles, falsedad posible y ocultación del correo por un lado; homicidio por otro. Las piezas podían volver a encontrarse más adelante, pero mezclarlas ahora convertiría una negligencia demostrada en una presencia inexistente.
Mara fotografió la secuencia de precintos para enviársela a Rubén. Él seguía en Huelva reconstruyendo el paquete interceptado y sus escalas.
Antes de abandonar la sala, ella dejó las tres recepciones sin apertura dentro de una carpeta roja. Nerea no había mirado lo que certificaba. Esa ceguera había sido útil para alguien, aunque todavía no sabían desde cuándo.