Capítulo 12. La hora de salida
El camarero recordaba a Samuel porque intentó venderle un azulejo con el escudo del Betis y acabaron discutiendo sobre el precio. Situó la conversación poco después de las ocho.
Mara se reunió con él en el bar antes de la apertura. El hombre señaló una mesa alta junto a la cristalera.
—Venía con otro, el que compra. Pidieron dos cervezas. Samuel hablaba demasiado fuerte.
El recibo marcaba las ocho y doce. Un pago de transporte situaba la tarjeta de Samuel en la línea de autobús a las ocho y cuarenta y seis. Entre ambos registros, una florista de la calle recordaba que los dos hombres entraron a pedir papel para envolver las piezas.
—¿Podía haberse marchado y vuelto al taller? —preguntó Baeza al salir.
Mara calculó el trayecto sin responder de inmediato. La muerte se situaba entre las ocho y las nueve. El recibo, el comprador, la florista y el embarque en el autobús cubrían una secuencia incompatible con regresar al patio de carga dentro de esa franja.
—No dentro de la franja.
Pidió que conservaran los comprobantes y formalizaran las declaraciones. La coartada no borraba el robo de material ni su discusión con Inés. Sí impedía utilizar aquellas conductas para colocarlo junto al cuerpo.
Mara guardó el recibo del bar en una funda. Al otro lado de la cristalera pasó un autobús de la misma línea que había usado Samuel y giró hacia Pino Montano.