Capítulo 11. Piezas de segunda
Rubén llamó mientras Mara revisaba el almacén de producto terminado. Ella activó el altavoz y dejó el teléfono sobre una balda vacía.
—He encontrado al comprador de Samuel —dijo él—. Paga por lotes pequeños y los revende como artesanía de Triana.
En la pantalla aparecieron seis anuncios. Peces con el contorno desigual, rótulos descentrados, una Virgen con una burbuja en la mejilla. Ninguna pieza tenía más de cinco años.
—¿Cómo salen de Sevilla y llegan a él? —preguntó Mara.
—Autobús o mensajería ordinaria. Sin cajas preparadas, sin certificados. Samuel cobra en efectivo o por transferencia con su nombre.
Rubén había comparado también las pastas. Las piezas de segunda usaban soporte industrial claro. El azulejo interceptado tenía arcilla antigua, mortero adherido y una preparación distinta bajo el esmalte.
—Dos rutas —dijo Mara.
—Por ahora, dos tipos de objeto. La ruta histórica aún no la tengo.
Ella corrigió la anotación. Rubén no permitía que una diferencia material creciera sola hasta convertirse en una red independiente.
Encontraron una caja de descartes bajo la mesa de Samuel. Faltaban varias piezas, pero los huecos coincidían con las medidas de los anuncios. Un oficial confirmó que el encargado separaba los rechazos y protestaba cuando alguien los rompía.
—Seguiré con él —dijo Rubén—. También con el proveedor del embalaje azul. Te llamo cuando encuentre la primera caja.
La línea quedó en silencio. En la pantalla siguieron abiertos los anuncios de Samuel, todos con su nombre y un número de teléfono.