El azul de Triana (Casos de Mara Cid 4) Capítulo 10. La discusión
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Capítulo 10. La discusión

Samuel Naranjo llegó con un abogado que le pidió responder solo a lo que entendiera. Él colocó las manos sobre la mesa. Tenía restos de esmalte verde en dos uñas.

—Discutí con Inés, sí. Discutía con todo el mundo.

—¿A qué hora?

—Antes de terminar. Sobre las seis y media.

Mara le mostró el parte del taller. Su salida figuraba a las siete y cinco.

Samuel explicó que Inés lo había acusado de sacar piezas por la puerta trasera. Él negó llevarse nada antiguo. Vendía pruebas, azulejos con el dibujo torcido y encargos rechazados que iban a terminar en el contenedor.

—Siguen siendo del taller —dijo Mara.

—Y el taller nos debe horas. No lo pongo como excusa. Le digo por qué lo hice.

Había guardado dos piezas en la mochila. Inés lo vio y amenazó con incluirlo en un informe. Samuel le respondió que mirara primero sus propios papeles.

—¿Qué sabía de esos papeles?

—Rafaela decía que había firmado retiradas y ahora quería hacer como si todo lo malo empezara en el horno.

Negó volver después de las siete. Dijo que cruzó el puente a pie, vendió una pieza en un bar cercano a la plaza del Duque y tomó un autobús hacia Pino Montano.

—¿Quién puede confirmarlo?

Samuel dio el nombre del comprador y describió al camarero. Su abogado escribió algo sin mirarlo.

Al terminar, Samuel se frotó las uñas.

—Me llevé dos azulejos míos —dijo—. Eso no me convierte en quien mató a Inés.