El azul de Triana (Casos de Mara Cid 4) Capítulo 8. La marca triangular
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Capítulo 8. La marca triangular

Lola volvió al taller acompañada por una agente para recoger medicación y ropa. El obrador permanecía precintado por zonas. Sobre su mesa seguían las pruebas de color del lunes, secas dentro de platos blancos.

Mara le mostró una fotografía del reverso de la réplica retirada de Los doce cauces . Cerca de una esquina había tres señales pardas, dispuestas como los vértices de un triángulo.

—Apoyos de cocción —dijo Lola—. Para que el esmalte no toque la placa del horno.

Abrió un cajón con autorización de la agente. Sacó una pieza refractaria de tres puntas, cubierta por capas de vidrio endurecido.

—Cada taller los coloca de una manera. Aquí usamos tres si el azulejo está algo vencido.

—¿Permite saber quién lo pintó?

—Eso no. Permite saber cómo se coció.

Lola dejó el soporte sobre un papel limpio. En el taller había decenas, comprados al mismo proveedor y reutilizados hasta que una punta se rompía. Las marcas podían vincular una pieza con una práctica, no con unas manos.

Mara le pidió que mirara el frente de la réplica. Lola acercó la tableta. La rueda del molino tenía un remate oscuro, hecho con el pincel casi seco.

—¿Lo reconoce?

—Nos lo enseñó Rafaela.

—¿A quiénes?

Lola enumeró seis nombres. Dos ya no trabajaban allí. Samuel solo manejaba hornos y fondos sencillos. Ella llevaba años encargándose de líneas finas.

—¿Pudo pintarla usted?

El remate le resultaba familiar, pero la pantalla aplanaba el esmalte y escondía el relieve del pincel.

—Tendría que verla de cerca.

Mara guardó la tableta.

—La veremos.