El azul de Triana (Casos de Mara Cid 4) Capítulo 6. La maestra
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Capítulo 6. La maestra

Rafaela Montes recibió a Mara en una sala prestada de la jefatura. Había pedido volver al taller, pero la escena seguía precintada. Colocó el bolso sobre sus rodillas y no se quitó el abrigo.

—Inés tenía llaves —dijo—. Las conservó después del último trabajo aunque no le correspondía.

—¿Por qué entró en el taller aquella noche?

—Pregúnteselo a ella.

Mara dejó pasar el golpe de la respuesta.

—¿Cuándo la vio por última vez?

—La tarde anterior al hallazgo. Vino a remover papeles antiguos y a acusar a personas que llevan toda la vida trabajando.

Rafaela hablaba de Inés como de una profesional ajena al oficio. Según ella, la conservadora quería firmar cada decisión, aparecer en las memorias y convertir las variaciones del barro en defectos administrativos.

—¿La consideraba ambiciosa?

—La consideraba culpable. Si faltan piezas, miren sus autorizaciones.

La palabra había llegado preparada. Mara preguntó qué piezas faltaban. Rafaela sostuvo que solo repetía lo que la policía había dicho sobre el fragmento.

—No le hemos comunicado que falte más de una.

Rafaela bajó la mirada hacia una pelusa del abrigo.

—Una persona no entra de noche con un trozo antiguo para devolverlo.

Explicó que había cenado en casa y dejó el teléfono cargando en la cocina. Un recibo de comida a domicilio demostraría la hora. No mencionó a nadie que pudiera haberla visto.

Al levantarse, pidió que el taller reabriera cuanto antes.

—Si se pierde una hornada, se pierde el trabajo de un mes.

Rafaela salió sin despedirse. Antes de cerrar la puerta, dejó la silla alineada bajo la mesa.