El azar no acepta reservas Capítulo 75. La fecha de la casa
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Capítulo 75. La fecha de la casa

Una tarde de primavera, Blanca organizó una comida para el equipo. No era una fiesta formal: solo arroz, ensalada, pan y una tarta hecha con la receta de Amalia. La conversación pasó por los errores del año, las bodas que aún se recordaban y el día en que un perro se llevó una alianza.

—Yo todavía quiero saber cómo la encontró —dijo Mara.

—No la encontró. La llevaba puesta en el collar —explicó Nico—. Su dueña decía que era el único sitio donde no la perdería.

—Eso es una decisión discutible —dijo Inés.

—Pero funcionó.

—Funcionó porque el perro decidió colaborar.

Blanca levantó su vaso.

—Por las decisiones discutibles que acaban funcionando.

—Y por las que aprendimos a no repetir —añadió Inés.

La comida se alargó. La directora de operaciones llegó tarde porque había terminado una visita; Mara tenía que irse a su otro trabajo; Nico recibió una llamada de su hermana. Nadie intentó retener a nadie. Cada cual se marchó cuando le tocó.

Al final, Inés y Nico se quedaron recogiendo la mesa. Él tomó los platos y ella dobló el mantel.

—Hace un año no habría pensado que iba a estar aquí —dijo ella.

—¿En la finca?

—En esta mesa. Con un trabajo compartido, otro trabajo fuera y una relación que no se ha roto por un tren cancelado.

—No siempre fue fácil.

—No. Pero tampoco era una prueba que teníamos que aprobar.

Nico dejó los platos junto al fregadero.

—¿Tú quieres que esto siga?

Inés lo miró. No porque no supiera la respuesta, sino porque entendió que quería responderla sin chiste.

—Sí. Quiero seguir contigo. No sé si eso significa vivir juntos aquí, ni qué haremos dentro de cinco años. Pero quiero intentarlo con la vida que tenemos, no con una versión simplificada.

—Yo también.

—¿Y si un día cambiamos de idea?

—Lo diremos antes de convertirlo en una decisión secreta.

—¿Y si nos da miedo?

—Nos dará miedo.

—No es una respuesta muy tranquilizadora.

—Es la que puedo prometerte.

Inés sonrió.

—Me sirve.

Se besaron en la cocina. Al separarse, Nico volvió a coger los platos.

—No podemos dejar esto aquí.

—Podemos. La cocina seguirá existiendo mañana.

—El equipo de limpieza empieza en una hora.

—Entonces podemos dejárselo.

—Eso es poco responsable.

—Eso es delegar.

Se quedaron un instante mirando los platos. Luego dejaron los dos últimos sobre la encimera y salieron al patio.