El azar no acepta reservas Capítulo 74. El brunch de prueba
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Capítulo 74. El brunch de prueba

Mara propuso un brunch de invierno para familias de la zona.

No era un formato que La Senda hubiese ofrecido antes.

El aforo sería de treinta personas, con una mesa común, un menú corto y reserva anticipada.

La directora de operaciones revisó el presupuesto; Nico se comprometió a limitar los platos; Blanca aprobó un precio que cubría personal y producto.

—¿Y si se apuntan más de treinta? —preguntó Inés.

—Cierro las reservas —dijo Mara.

—¿Y si alguien llama para pedir una excepción?

—Le digo que puede venir al siguiente.

—¿Y si es un cliente habitual?

—Le digo que puede venir al siguiente con más cariño.

Inés sonrió.

—Perfecto.

Las reservas se llenaron en cinco días. El domingo del brunch, una familia llegó con dos personas más de las que había reservado. Mara revisó la lista y ofreció una mesa en la siguiente fecha. El padre protestó; la abuela sonrió y dijo que estaba bien. El problema duró menos que el café.

El menú incluía pan tostado con tomate, tortilla, fruta, una crema de calabaza y una tarta de almendra. La sala se llenó de voces. Nico salió de la cocina con una jarra de zumo y se detuvo al ver a Inés sentada junto a Blanca, sin libreta.

—¿No estás controlando el tiempo de salida de los platos? —preguntó.

—No.

—¿Y el flujo de la sala?

—Mara lo controla.

—¿Y las reservas?

—La directora de operaciones las cerró.

—¿Y qué haces tú?

—Me estoy comiendo una tostada.

—Parece peligroso.

—Mucho.

El brunch dejó un margen pequeño, pero suficiente para repetirlo. Además, varias personas preguntaron por los talleres. La finca estaba encontrando una forma de recibir a gente sin convertir cada encuentro en una producción de gran tamaño.

Cuando el último invitado se marchó, Mara reunió al equipo para revisar.

Propuso reducir el número de platos y añadir una segunda fecha.

Nico aceptó si podían contratar apoyo de cocina.

Blanca pidió ver los números antes de confirmar.

Inés se limitó a escuchar hasta que la directora de operaciones preguntó si el formato interfería con las bodas.

—No, siempre que no se programe la víspera de un evento grande —dijo Inés—. El resto lo tenéis aquí.

Mara la miró con una expresión cómplice.

—¿No quieres añadir nada?

—No. Lo habéis resuelto.

—Podrías acostumbrarte a eso.

—Estoy en ello.