Capítulo 67. La reunión con el banco
El banco pidió una actualización de las cuentas antes de ampliar el crédito. Blanca quería ir sola; Inés insistió en acompañarla para presentar la previsión de ingresos. Nico fue también, aunque no tenía claro qué podría aportar.
El director de la sucursal escuchó el resumen, hojeó los contratos y preguntó qué ocurriría si las reservas del verano se reducían un veinte por ciento.
—Aplazaríamos la fase interior de la obra y reduciríamos actividades promocionales —dijo Inés—. La estructura está terminada; no hay una reparación de seguridad pendiente.
—¿Y si el grupo de Salcedo no renueva?
—El contrato tiene un mínimo de eventos durante dos años. Si no cumple, podemos salir sin penalización. En paralelo, hemos creado ingresos de talleres y cenas que todavía son pequeños, pero se repiten.
—¿Qué pasa con la venta del terreno? —preguntó el director.
Blanca explicó la contraoferta. El promotor todavía no había respondido.
El banco no aprobó la ampliación en ese momento. Pidió garantías adicionales y ofreció una línea más pequeña de lo que necesitaban. Blanca salió de la reunión con el rostro cerrado.
—No basta —dijo.
—No —respondió Inés—. Pero nos da margen si el promotor acepta la servidumbre.
—¿Y si no acepta?
—Revisamos el calendario y aplazamos la obra interior.
—No quiero que todo dependa de que entren bodas.
—Entonces no hagamos el presupuesto depender de ellas. Usemos el crédito solo para la parte de mantenimiento y dejemos el resto de la sala para cuando haya ingresos suficientes.
Nico caminó en silencio junto a ellas. Al llegar a la finca, se detuvo en la puerta de la cocina.
—El equipo podría cubrir cuatro cenas más este verano —dijo—, pero no quiero añadirlas hasta tener a alguien contratado para la preparación.
—Podemos hacer un contrato temporal —dijo Blanca.
—Con jornada definida —añadió Inés—. No con horas “según necesidad”.
—De acuerdo —dijo Blanca—. Lo pediremos al gestor.
El promotor rechazó la servidumbre dos semanas después.
Solo quería comprar la franja completa. Blanca dejó la oferta sobre el escritorio y no la firmó.
En su lugar, acordó con el banco la línea pequeña y pospuso la compra de mobiliario para la sala.
La decisión apretaba el presupuesto, pero evitaba vender el terreno por una urgencia que ya no era inmediata.
—¿Te arrepientes? —preguntó Inés cuando quedaron solas.
—No. Me preocupa que sea la decisión correcta, pero no me arrepiento de haberla tomado.
—Eso es mucho más de lo que solemos tener.
Blanca sonrió.
—Tú has aprendido a no pedir garantías para todo.
—No he dicho que haya aprendido. Solo lo estoy intentando.