Capítulo 63. La boda de las dos madres
La primavera trajo una boda pequeña que casi se cancela por razones ajenas a la finca. Mar y Celia tenían previsto casarse en abril, pero la madre de Mar recibió un diagnóstico que complicaba los viajes. Quería asistir a la ceremonia; el médico recomendaba evitar desplazamientos largos.
—Podemos llevar la ceremonia a su casa —dijo Celia durante la visita—. Pero ya hemos pagado la señal aquí.
—Podemos trasladar la ceremonia a la finca y hacer una conexión en directo para quien no pueda venir —dijo Inés—. También podemos organizar el acto civil otro día, si eso os da margen.
—No quiero que la boda se convierta en un problema médico —dijo Mar.
—No tiene por qué —respondió Celia—. Podemos hacer una celebración pequeña y grabar los votos para tu madre.
La madre de Mar pidió asistir por videollamada. La hermana de Celia, que no hablaba con ella desde hacía años, confirmó que viajaría. En dos días, la ceremonia pasó de ser una reunión íntima a un encuentro familiar con conversaciones pendientes.
Inés coordinó con Mara una sala accesible, una cámara fija y un horario flexible. Nico propuso un menú que pudiera servirse en platos individuales, para que nadie tuviera que esperar a que terminara la transmisión. La mañana de la boda, el enlace de vídeo falló diez minutos antes de la ceremonia.
—La conexión del salón está saturada —dijo el técnico—. Puedo probar con la red de la oficina, pero no sé si llega al jardín.
Mara ya estaba buscando un cable largo.
—La oficina tiene una conexión independiente. Podemos trasladar la cámara al porche y mantener el sonido en la ceremonia.
—¿Eso no bloquea la salida? —preguntó Inés.
—No. He medido el paso y dejado el cable protegido por la pared.
—Perfecto. Hazlo.
La madre de Mar apareció en pantalla unos minutos después. Llevaba una manta sobre las piernas y una flor en el pelo. Saludó a las invitadas y lloró antes de que empezara la música. Mar la miró desde el jardín.
—No tienes que decir nada ahora —le dijo a través de la cámara—. Solo quédate con nosotras.
Celia le tomó la mano. La ceremonia fue breve. Cuando se besaron, la madre de Mar aplaudió desde la pantalla. La conexión se congeló justo después, pero no antes de que todos vieran su sonrisa.
Durante la comida, la hermana de Celia se acercó a ella.
Hablaron en voz baja cerca de la fuente.
No se reconciliaron en una conversación, pero acordaron llamarse la semana siguiente.
Inés vio a Mar sentada junto a su madre por videollamada, compartiendo el primer plato como si la distancia fuera una molestia técnica y nada más.
Al final, Celia encontró a Inés en el pasillo.
—Gracias por no intentar hacer que todo pareciera normal.
—No creo que una boda tenga que parecer normal.
—Nos ayudaste a hacerla nuestra.
Esa noche, Nico puso la canción de Amalia en el piano. La tecla hundida seguía dejando un hueco en la melodía. Esta vez, Inés no pensó que faltara algo. El silencio también formaba parte de la música.