Capítulo 61. La propuesta de Salcedo
Salcedo llegó con una oferta para renovar el acuerdo durante tres años.
La inversión adicional permitiría terminar la sala, mejorar la cocina y pagar parte del préstamo.
A cambio, su grupo tendría exclusividad para organizar los eventos corporativos y un porcentaje de los ingresos de las actividades del salón.
—Eso incluye los talleres —dijo Blanca.
—Incluye los eventos comercializados bajo la marca de la finca —respondió Salcedo—. Así el grupo puede ayudar a llenar las fechas.
—Los talleres los propuso la asociación —dijo Mara—. No son un producto corporativo.
—Podemos crear una categoría de actividad local.
Inés leyó la propuesta con atención. El dinero solucionaba el problema inmediato, pero comprometía tres años de programación. La exclusividad no impedía hacer bodas, aunque sí limitaba la posibilidad de asociarse con otros organizadores.
—¿Cuánto control tendríamos sobre los precios? —preguntó.
—Los fijamos en conjunto.
—¿Y sobre los proveedores?
—El grupo tiene acuerdos con varios proveedores preferentes.
—¿Obligatorios?
—Recomendados.
—Eso no es una respuesta.
Salcedo cerró la carpeta.
—No estamos intentando quitarle identidad a la finca. Queremos que el negocio sea sostenible.
—Nosotros también —dijo Blanca—. Pero no podemos pagar una deuda con una obligación que quizá nos impida generar ingresos por nuestra cuenta.
—La propuesta tiene fecha límite.
—¿Cuándo?
—A final de mes.
Salcedo se marchó sin enfadarse. Eso no hizo que la oferta gustara más. Blanca pidió a Inés que revisara los números con el gestor. El escenario optimista mostraba que el acuerdo podía pagar la deuda en dos años. El escenario prudente dejaba margen estrecho y dependía de una ocupación alta.
—No deberíamos aceptar solo porque el banco nos asusta —dijo Inés—. Pero tampoco podemos rechazarlo sin tener otra opción.
—¿Qué propones?
—Una contraoferta: dos años, exclusividad solo para las fechas que aporte el grupo, porcentaje reducido y salida sin penalización si no se alcanza un mínimo de ingresos.
—¿Lo aceptarán? —preguntó Nico.
—No lo sé.
—¿Y si dicen que no?
—Pedimos la ampliación de crédito y aplicamos el plan de actividades pequeñas. Tardaremos más, pero conservaremos flexibilidad.
Blanca se quedó mirando la propuesta.
—Mi madre decía que una finca nunca debía depender de un solo cliente.
—Tu madre tenía razón —dijo Nico.
—Y también decía que los bancos son pacientes hasta que dejan de serlo.
—También tenía razón.
—Era una mujer muy útil en las reuniones.
La risa fue breve, pero alivió la tensión. Inés redactó la contraoferta. No ofreció garantías que no podía cumplir ni prometió llenar fechas a cualquier precio. Salcedo pidió una reunión el jueves.
Esa noche, Nico e Inés caminaron hasta el límite del naranjal. La parcela que quería comprar el promotor estaba más allá de la acequia.
—Si vendemos —dijo Nico—, no habrá marcha atrás.
—Si no vendemos, quizá tengamos que aplazar la obra.
—¿Qué prefieres?
—Quiero que Blanca tenga una opción real, no que se sienta obligada a proteger un recuerdo con su dinero.
—Eso no contesta.
—No lo sé. Es su decisión. Puedo ayudar a entender el coste de cada posibilidad, pero no elegir por ella.
—Te estás volviendo buena en no cargar con todo.
—No te acostumbres a decir cosas sensatas.
—Demasiado tarde.