El azar no acepta reservas Capítulo 57. El presupuesto no es una promesa
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Capítulo 57. El presupuesto no es una promesa

El correo del festival llegó un lunes a las ocho y doce.

Inés lo leyó antes del café y volvió a leerlo después.

El director aceptaba mantener a una coordinadora, pero quería que ella asumiera la dirección completa del evento durante el mes de montaje.

Eso suponía pasar tres semanas seguidas en Madrid.

—Es una buena oportunidad —dijo Mara al verla con la pantalla abierta.

—Sí.

—Y te da miedo.

—También.

—¿Qué parte?

—Que el calendario parece compatible hasta que deja de serlo. Y que si digo que sí, luego tenga que pedir a todo el mundo que se adapte.

—Eso se llama trabajar con otras personas.

—No siempre se hace bien.

Mara se sentó en el borde de la mesa.

—¿Quieres que la coordinadora lleve más responsabilidad aquí?

—Sí, pero necesita contrato, sueldo y autoridad para decidir. No quiero delegarle tareas y quedarme yo con todas las decisiones.

—Pues ponlo en la propuesta.

Inés preparó una respuesta con un calendario y un presupuesto.

Propuso que la coordinadora de La Senda pudiera aprobar compras hasta un límite, gestionar proveedores habituales y cerrar eventos pequeños, con una reunión semanal durante su ausencia.

También pidió que el festival cubriera los viajes y el alojamiento de montaje, y que el contrato reconociera la disponibilidad fuera de horario como un coste adicional.

Sergio la llamó esa tarde.

—Tu propuesta está bien armada —dijo—. Pero es más cara de lo que esperábamos.

—También es más realista que esperar que una persona esté en dos ciudades a la vez.

—El comité puede decir que no.

—Lo entiendo.

—¿Aceptarías una semana menos de montaje?

—Si el equipo incorpora una responsable de producción que pueda cerrar decisiones en el recinto.

—Voy a plantearlo.

Cuando Inés colgó, Nico estaba apoyado en la puerta. No había oído toda la conversación, pero sí la última frase.

—¿Qué han dicho?

—Que puede que no acepten.

—¿Qué quieres que acepten?

—La estructura. Si no, no sé si quiero el puesto.

—Entonces ya sabes qué hacer si dicen que no.

—No es tan fácil.

—No. Pero no es lo mismo que no saber.

La respuesta del festival tardó cinco días. Aceptaban la responsable de producción y los gastos de viaje. La coordinadora de La Senda tendría autoridad para cerrar los eventos pequeños. El salario se mantenía, con una bonificación si cumplían los objetivos de asistencia y satisfacción.

Inés firmó. Después fue al despacho de Blanca para contarle el calendario.

—Tres semanas en Madrid en octubre —dijo—. Necesito que la coordinadora tenga autoridad para resolver sin llamarme por cada cosa.

—¿Ya la has hablado con ella?

—Sí. Acepta, pero quiere que su cargo y su salario reflejen el cambio.

—Tiene razón.

—No te preocupa que no esté aquí.

—Me preocupa que la finca dependa de una sola persona. Si no estás, descubriremos dónde falta estructura. Eso puede ser incómodo, pero también nos servirá.

Blanca firmó el nuevo puesto de Mara y le asignó un presupuesto de formación. Inés guardó la copia en su carpeta, junto al contrato del festival.

Aquel día no hubo beso de celebración. Nico tenía un turno doble y ella una llamada con Madrid. Pero al final de la noche cenaron en la cocina, cada uno con una lista de cosas pendientes. Cuando sus rodillas se tocaron debajo de la mesa, ninguno se apartó.