Capítulo 39. El siguiente trimestre
El primer lunes de febrero, Inés presentó el balance de los tres meses de prueba.
No era espectacular. Habían cubierto los gastos, pagado las horas extra y generado suficientes reservas para mantener abiertas las cenas de invierno.
El tejado estaba reparado, aunque todavía faltaba renovar parte de la cocina.
Las bodas de primavera empezaban a llenar el calendario.
Salcedo revisó las cifras en silencio.
—El margen es estrecho —dijo.
—La inversión también se ha hecho por etapas —respondió Inés—. Lo sabíamos.
—Y la ocupación está por debajo del objetivo inicial.
—El objetivo inicial suponía cuatro eventos al mes. Hemos cerrado tres en enero y seis para febrero.
—Cuatro al mes era el objetivo.
—Y lo alcanzaremos en febrero.
—¿Y en marzo?
—Hay dos fechas confirmadas y tres propuestas pendientes.
—Las propuestas no cuentan.
—Lo sé. Por eso no las he incluido en los ingresos proyectados.
Salcedo dejó la tableta sobre la mesa.
—Quiero ampliar el acuerdo por un año. Pero necesito una previsión de ingresos más estable.
—Puedo comprometerme a una revisión mensual y a un calendario de acciones comerciales. No puedo garantizar reservas que todavía no existen.
—¿Y si no llegamos al objetivo?
—Revisamos el plan. No voy a hacer que Nico trabaje seis noches por semana para cumplir una cifra.
Nico se sentó junto a Blanca, sin intervenir. Inés había notado que desde que comenzó a dirigir la finca, él escuchaba las reuniones enteras antes de decir lo que pensaba. No siempre lo conseguía.
—¿Qué propone? —preguntó Salcedo.
—Un contrato de doce meses, salario fijo, porcentaje sobre ingresos netos de eventos, presupuesto de reparaciones anual y revisión trimestral. La cocina conserva autonomía sobre los menús. Las decisiones de inversión se aprueban con el propietario.
—Eso es casi lo que ya tenemos.
—Con una duración definida y objetivos realistas.
—No puedo aprobar todas las reparaciones.
—Entonces priorizamos. Pero necesito saber qué está aprobado antes de vender fechas que no podemos operar.
Salcedo pidió una semana para revisar el acuerdo con su socio. No era una negativa. Tampoco una aceptación.
Al salir, Nico caminó junto a Inés.
—No has cedido en nada.
—He ajustado algunos plazos.
—No es lo mismo.
—No quiero que parezca que el puesto me pertenece.
—Te lo has ganado.
—Todavía no lo sabemos.
—¿Qué tendría que pasar para que lo supieras?
—Que firmemos.
—Eso sí está en una hoja.
—Y en una carpeta.
—En una carpeta verde.
Inés sonrió.
—¿Te acuerdas de los detalles?
—Me acuerdo de lo que importa.