El azar no acepta reservas Capítulo 36. La entrevista de Paula
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Capítulo 36. La entrevista de Paula

Paula llamó el lunes para decir que tenía una entrevista.

—¿En la clínica? —preguntó Inés.

—No. En una empresa de prótesis dentales. Buscan a alguien para formar a las nuevas clínicas.

—Eso suena a un trabajo que no te obliga a cubrir turnos cuando alguien se resfría.

—Lo sé. Por eso me da miedo.

—¿Qué te da miedo exactamente?

—Que sea una oferta real. Si me la hacen, tendré que renunciar.

—Eso suele pasar con las ofertas.

—No te rías. Mi jefe dice que no soy tan buena como para cambiar de trabajo.

—Tu jefe dice que sois una familia cuando necesita que le hagas un favor. No es un buen asesor profesional.

—Lo sé. Pero llevo dos años oyéndolo.

—Entonces tendrás que oír otra cosa.

—¿Qué cosa?

—Lo que tú piensas cuando no estás intentando adivinar lo que él quiere.

Paula suspiró.

—¿Desde cuándo eres tan sensata?

—Desde que tengo una hoja de cálculo para las cenas de invierno.

—Eso no me tranquiliza.

—A mí tampoco.

Paula llegó a la finca el jueves, antes de la entrevista. Se quedó a dormir en la habitación de invitados y pasó la tarde recorriendo el patio. Nico le enseñó la cocina y ella preguntó por la receta de las empanadillas.

—¿Sabes cocinar? —preguntó él.

—Sé seguir una receta.

—Eso es suficiente.

—Mi hermana dice que no —contestó Paula.

—Tu hermana piensa que todo necesita un plan.

—¿Y tú qué piensas?

—Que hay que leer la receta antes de empezar.

—Eso parece sensato.

—No se lo digas a Inés.

Paula se quedó mirando a su hermana mientras ella hablaba con el técnico del tejado. Inés llevaba una carpeta bajo el brazo y tenía el pelo recogido de cualquier manera.

—Parece distinta —dijo Paula.

—¿Distinta cómo?

—Menos pendiente de si alguien la está mirando.

Nico limpió la tabla de cortar.

—Eso me gusta.

—¿Y a ella?

—Tendrías que preguntárselo.

Paula sonrió.

—No eres tan fácil de sonsacar.

—No soy fácil de nada.

—Eso ya lo había notado.

La mañana de la entrevista, Inés desayunó con su hermana. Paula tenía dos opciones de blusa y había traído las dos.

—¿Cuál? —preguntó.

—La azul.

—¿Por qué?

—Te hace sentir más cómoda.

—¿Y si parece demasiado informal?

—No parece informal.

—¿Y si preguntan por mi experiencia?

—La cuentas.

—¿Y si no me contratan?

—No te habrán contratado.

Paula la miró, decepcionada.

—Eso no ayuda.

—No voy a decirte que te contratarán. No lo sé. Pero sí sé que tienes experiencia y que no debes dejar que tu jefe decida lo que vales.

Paula se puso la blusa azul.

—¿Te quedarás aquí? —preguntó.

—He aceptado el puesto por tres meses.

—No te he preguntado eso.

—No lo sé todavía.

—¿Y Nico?

—Nico no decide por mí.

—Eso no responde.

—Me gusta estar con él.

Paula sonrió.

—Ahora sí.

Cuando Paula volvió de la entrevista, traía una carpeta y una expresión difícil de leer.

—¿Qué tal? —preguntó Inés.

—Me han pedido referencias.

—Eso es buena señal.

—Puede ser.

—¿Y el puesto?

—Me gusta.

—Entonces, pase lo que pase, ya sabes algo.

Paula la abrazó.

—Lo sé.