Capítulo 35. La segunda fase
—No es una sorpresa —dijo el técnico—. Había más cable deteriorado del que se veía.
—Es una sorpresa en el presupuesto —contestó Inés.
—Pero no en la instalación.
Inés revisó el informe con Blanca y Salcedo. El trabajo estaba bien hecho y cumplía con la normativa. El gasto adicional dejaba menos dinero para la siguiente fase: arreglar el tejado del ala norte.
—Podemos retrasar la reparación hasta marzo —dijo Salcedo—. No es urgente.
—El agua entra cuando llueve fuerte —dijo Blanca.
—En una habitación que no se utiliza.
—La humedad se extiende —dijo Inés—. Si lo dejamos, la reparación será más cara.
—¿Cuánto? —preguntó Salcedo.
Inés le enseñó dos presupuestos. Uno para arreglar el tejado ahora; otro para sustituir también parte de la estructura si esperaban a la primavera.
—La diferencia es clara —dijo Salcedo—. Pero no tengo dinero disponible hasta que cerremos el primer trimestre.
—Podemos financiarlo con los ingresos de enero y febrero —propuso Inés—. Si mantenemos las reservas y añadimos dos cenas.
—No hay reservas suficientes.
—Hay consultas abiertas y tres empresas que han pedido una propuesta.
—Eso aún no es dinero.
—Lo sé. Puedo cerrar las fechas esta semana.
—¿Y si no las cierra?
—Entonces posponemos el tejado, pero dejamos el presupuesto aprobado y el proveedor reservado.
Salcedo consideró la propuesta. La temporada de invierno había sido modesta, pero constante. No habían perdido dinero y habían generado una lista de clientes que volvía a preguntar.
—Le doy hasta final de mes —dijo—. Si hay ingresos confirmados, empezamos la reparación.
—De acuerdo.
Después de la reunión, Nico esperó a Inés en el patio.
—¿Te ha vuelto a poner una fecha límite?
—Sí.
—¿Y tú la has aceptado?
—He aceptado intentar cerrar tres eventos.
—¿Y si no lo consigues?
—No lo sé.
—Te lo pregunto porque quiero saber cuánto te queda de paciencia.
—Más de la que tenía en verano.
—¿Eso es bueno?
—Creo que sí.
El teléfono de Nico vibró. Era un mensaje de la mujer que había ido sola a la primera cena de invierno. Preguntaba por la próxima fecha y si podía reservar para cuatro personas.
—Una reserva —dijo él.
—Una reserva confirmada —dijo Inés.
—¿Lo apunto?
—Ya lo hice.
—Te gané.
—¿En qué?
—Fuiste a apuntarlo después que yo.
—Eso no es una competición.
—Todo puede ser una competición si se apunta en una tabla.
Inés se rio. En el calendario, una nueva consulta ocupaba el hueco de un sábado de invierno. No arreglaba la finca, pero era un comienzo que podían medir.