El azar no acepta reservas Capítulo 24. Un calendario con huecos
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Capítulo 24. Un calendario con huecos

El viernes, Salcedo respondió al acuerdo.

Aceptaba el salario fijo y la revisión a seis meses. También aceptaba que el presupuesto de reparaciones se dividiera en etapas. No aceptaba retirar el porcentaje variable ni bajar el número mínimo de eventos. Necesitaba una ocupación suficiente para justificar la inversión ante su socio.

Inés leyó el correo en voz alta en la reunión de producción.

—Quiere cuatro eventos al mes en temporada baja.

—¿Qué cuenta como evento? —preguntó Mara.

—Una cena, una reunión de empresa, un taller o una celebración.

—¿También cuentan las bodas?

—Sí.

—¿Y una cena con quince personas?

—Si paga el precio acordado.

—Entonces no parece imposible —dijo Blanca.

Nico observó el calendario de octubre. Tenía más huecos que fechas reservadas.

—No es imposible —dijo—. Pero no podemos prometer cuatro eventos cada mes.

—Podemos probarlo con dos en octubre y aumentar en noviembre —propuso Inés—. No voy a aceptar un objetivo fijo antes de tener reservas.

—Salcedo no aceptará —dijo Nico.

—Aún no se lo he propuesto.

—Le has propuesto cinco cambios.

—Y ha aceptado dos.

—Ha aceptado los que no le costaban nada.

—El presupuesto de reparaciones le cuesta dinero.

—Porque si no lo pone, se cae el tejado.

—Entonces hagamos una propuesta que demuestre la demanda.

Mara abrió su ordenador.

—¿Una noche de puertas abiertas?

—¿Para quién? —preguntó Blanca.

—Para gente de la zona. Enseñamos el espacio, hacemos una cena pequeña y presentamos los talleres de otoño.

—Eso no es una reserva —dijo Nico.

—No, pero puede generar reservas.

—Y cuesta organizarlo.

—Mucho menos que montar una boda —dijo Inés—. Podemos cobrar una entrada que incluya cena y una bebida. Si cubrimos el coste y recibimos consultas, tendremos un dato real.

—¿Cuánta gente? —preguntó Blanca.

—Cuarenta como máximo. Una mesa larga y estaciones de comida.

—¿Cuándo? —preguntó Mara.

—En tres semanas. Antes de que acabe septiembre.

—¿Y si no viene nadie? —preguntó Nico.

—Entonces sabremos que no funciona.

—¿Y si viene demasiada gente?

—Cerramos la reserva al llegar a cuarenta.

—¿Y si llueve?

Inés sonrió.

—Tenemos un plan por lluvia.

—No hemos hablado de un plan por lluvia.

—Lo acabo de añadir.

Mara preparó una imagen provisional. Blanca confirmó que la licencia permitía el evento. Nico revisó el menú y redujo el coste. El calendario comenzó a llenarse con tareas, no con reservas. Aun así, era un comienzo.

Al terminar la reunión, Nico esperó a que todos salieran.

—Si no aceptas el acuerdo, ¿te irás a Madrid?

—Puede ser.

—¿Y si lo aceptan?

—También puede ser.

—¿Hay alguna respuesta que no sea «puede ser»?

—Sí. Me gustaría que me dejaras tomar la decisión sin preguntármela cada día.

Nico bajó la cabeza.

—Tienes razón.

—No necesito que te disculpes.

—No me estoy disculpando. Estoy de acuerdo.

—Eso es raro.

—¿Qué cosa?

—Que estés de acuerdo conmigo.

—No te acostumbres.

—No pensaba hacerlo.

La puerta se abrió. Mara regresó para buscar su cargador.

—¿Interrumpo algo?

—No —dijeron los dos.

—Eso parece —dijo ella, y salió otra vez.