Capítulo 22. Una oferta con condiciones
El martes, Inés presentó su propuesta a Salcedo.
Pidió un salario fijo, una revisión a los seis meses y una parte variable ligada a ingresos que pudiera medir.
Propuso un presupuesto de reparaciones por etapas, con prioridad para la instalación eléctrica y el tejado.
También pidió que la finca conservara el nombre, que Nico tuviera autonomía sobre la carta y que ninguna contratación se hiciera sin consultar al equipo que trabajaría en el evento.
Salcedo escuchó sin interrumpir.
—Está convirtiendo un acuerdo sencillo en uno complicado —dijo al terminar.
—Un acuerdo sencillo puede dejar problemas para más tarde.
—La financiación tiene que ser rentable.
—La finca también tiene que poder funcionar.
—Los objetivos de ingresos que propone son bajos.
—Son los que podemos cumplir sin abrir más días de los que el personal puede cubrir.
—Si abrimos solo dos cenas al mes, no habrá crecimiento.
—Si abrimos seis y no conseguimos llenarlas, solo habrá más gastos.
Salcedo dejó la tableta sobre la mesa.
—¿Está dispuesta a aceptar el puesto?
—Si acordamos unas condiciones que pueda cumplir.
—¿Y si no llegamos a un acuerdo?
—Entonces no aceptaré.
Blanca estaba sentada a su lado. No dijo nada, pero Inés notó que respiraba más despacio.
—¿Y la oferta de Madrid? —preguntó Salcedo.
—Sigue sobre la mesa.
—Entonces entiendo que su decisión no depende de esta finca.
—Depende de mi trabajo. La finca es parte de la decisión, pero no es la única parte.
Salcedo la observó durante unos segundos.
—Necesito revisar sus condiciones con mi socio.
—De acuerdo.
—Le daremos una respuesta antes de final de semana.
La reunión terminó sin acuerdo, aunque tampoco sin rechazo. Inés salió al patio y encontró a Nico esperando bajo la galería.
—¿Y? —preguntó él.
—Lo va a revisar.
—¿Eso es bueno?
—Es una respuesta pendiente.
—Ya tienes otra.
—Empiezan a acumularse.
—¿Qué vas a hacer si dice que no?
—Decidiré entre Madrid y lo que podamos montar sin él.
—¿Y qué quieres que pase?
—Quiero que acepte mis condiciones.
—¿Y si no?
—Quiero que la finca siga abierta de alguna forma.
—¿Y si no puede?
—Entonces me iré sabiendo que lo intenté.
Nico asintió. No intentó convencerla. Inés agradeció que no lo hiciera.
—¿Te apetece cenar conmigo? —preguntó él.
—¿Es una cita?
—Si quieres.
—¿Y si no quiero?
—Entonces es una cena.
—¿Y si quiero, pero no quiero decidir qué significa?
—Entonces cenamos y no lo decidimos.
Inés sonrió.
—Sí. Me apetece.
—¿Cita o cena?
—No empieces.
—No he empezado. Estoy preguntando.
—Cena.
—Entendido.
—Pero puedes besarme al final.
—Eso sí puedo apuntarlo.
—No lo apuntes.
—Lo recordaré.
—Más te vale.
Al fondo del patio, las guirnaldas se encendieron una por una. La Senda seguía con goteras, tres hojas de cálculo y una propuesta de inversión sin respuesta. Aun así, Inés se permitió disfrutar de la noche sin adelantarse a lo que vendría después.
Se limitó a aceptar la cena.