El azar no acepta reservas Capítulo 19. La condición nueva
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Capítulo 19. La condición nueva

Salcedo llegó a las nueve, con la misma camisa sin arrugas y una propuesta de inversión de seis páginas.

Blanca se sentó a su derecha. Nico, al fondo de la mesa, mantenía los brazos cruzados. Inés tenía delante una copia del plan que había enviado.

—La propuesta es interesante —dijo Salcedo—. La cena piloto demuestra que hay demanda. Las reservas han subido y las reseñas son buenas.

—Gracias —dijo Inés.

—Pero el banco necesita garantías. Estoy dispuesto a adelantar una parte del dinero para las reparaciones si firmamos un acuerdo de gestión por dos años.

Blanca se inclinó hacia la mesa.

—¿Qué implicaría ese acuerdo?

—Un calendario de eventos, un presupuesto anual y una persona responsable de la operación. La finca seguiría en manos de la familia. Yo tendría una participación en los ingresos hasta recuperar la inversión.

Nico descruzó los brazos.

—¿Y el nombre?

—La Senda se queda.

—¿La cocina?

—Nicolás conservaría la dirección culinaria.

—¿Con qué condiciones?

—Con estándares de coste y servicio, como en cualquier negocio.

—Eso no responde.

Salcedo miró a Inés.

—La directora de operaciones tendría autoridad para aprobar gastos, contratar personal temporal y negociar con proveedores dentro de un presupuesto. También tendría que comprometerse a un año completo.

Inés dejó la copia sobre la mesa.

—¿Me está ofreciendo el puesto a mí?

—Si quiere asumirlo.

Blanca la miró en silencio. Nico también.

—¿Qué salario? —preguntó Inés.

Salcedo indicó la cifra. Era razonable, aunque no tan alta como la oferta de Madrid. También incluía un porcentaje de los ingresos de eventos, sujeto a objetivos.

—¿Y cuándo se firmaría? —preguntó ella.

—Antes de final de mes. El banco ha dado una prórroga hasta septiembre, pero no mucho más.

—Necesito leer el acuerdo con calma y revisar la parte variable.

—Por supuesto.

—Y quiero que se especifique qué decisiones corresponden a la dirección y cuáles al propietario.

—Eso se puede redactar.

—También quiero un plan de inversiones por etapas. No voy a comprometer el calendario de eventos sin saber cuándo se reparará la instalación eléctrica.

Salcedo asintió.

—Me parece razonable.

Nico se levantó.

—¿Y si no queremos firmar?

—Entonces yo no invierto.

—Eso significa que el banco se queda con la finca.

—Significa que hay que encontrar otra solución.

—No hay otra.

—Todavía no lo sabemos —dijo Inés.

Nico la miró.

—¿Y tú qué quieres?

La pregunta no era nueva, pero esta vez tenía una fecha de vencimiento.

—Quiero leer el acuerdo.

—Eso no es lo mismo que querer quedarte.

—No he dicho que lo sea.

Salcedo cerró la carpeta.

—Tómese el fin de semana. El martes necesito una respuesta.

Cuando se marchó, Blanca recogió su copia.

—No voy a decidir por ti —dijo—. Si aceptas, tendrá que ser porque quieres el puesto. Si lo rechazas, buscaremos otra salida.

—¿La hay?

—No lo sé.

Nico no dijo nada. Salió por la galería.

Inés permaneció en la mesa. Había pasado meses intentando que las decisiones no la sorprendieran. Ahora tenía dos opciones delante y ninguna venía con garantía de felicidad.