El azar no acepta reservas Capítulo 15. La cena de los miércoles
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Capítulo 15. La cena de los miércoles

El primer ensayo de cena se organizó un miércoles con doce invitados. Blanca invitó a dos proveedores, Mara a una periodista local y Nico a tres vecinos que conocía desde niño. Inés había propuesto una prueba piloto para que Salcedo viera que La Senda podía abrir fuera de la temporada de bodas.

—¿Qué quieres que diga la periodista? —preguntó Mara.

—La verdad —dijo Inés—. Que estamos probando un formato nuevo.

—Eso suena a comunicado de prensa.

—Es lo que estamos haciendo.

—¿Y si ponemos «una cena entre amigos»?

—No son todos amigos.

—Después de la cena, sí.

—No podemos prometer amistad con el menú.

—Podemos prometer que nadie tendrá que escuchar una presentación de diapositivas.

—Eso sí.

La periodista llegó puntual. Los vecinos, tarde. Los proveedores trajeron una botella de vino cada uno y discutieron durante quince minutos sobre si el horno de leña debía utilizarse para el entrante o para el plato principal.

Nico preparó una cena de cuatro pases: tomate con ventresca, una coca fina de verduras, arroz meloso y una tarta de limón.

El menú no era complicado, pero estaba hecho con ingredientes de la comarca y tenía el sabor de algo que alguien habría cocinado para una celebración sin ponerse de acuerdo sobre cuál era.

Inés se encargó de que nadie se sentara junto a una persona con la que ya había discutido por teléfono. La mesa fue una sola, larga, con velas pequeñas y ramas de olivo. Cuando la periodista preguntó por el concepto, Nico dijo que no había concepto.

—Hay comida —añadió—. Y una mesa donde cabe todo el mundo.

—Eso es un concepto —dijo Mara.

—Entonces no hay nada que pueda explicarte.

La periodista se rio. Inés anotó mentalmente que el menú había costado más de lo previsto, pero que los asistentes habían pedido repetir. Al final, uno de los proveedores preguntó si podían reservar una cena para su aniversario.

—¿Cuándo? —preguntó Blanca.

—En octubre.

Inés miró a Nico. Él intentó disimular una sonrisa y no lo consiguió.

—No es suficiente para llenar la temporada —dijo ella.

—No —contestó Nico—. Pero es una mesa más.

Después de la cena, los últimos invitados ayudaron a recoger. La periodista publicó una foto de las velas y el arroz, sin etiquetar a nadie. Mara compartió la imagen en la cuenta de La Senda con una frase breve: «Las noches que queremos repetir».

—Eso sí es bueno —dijo Inés.

—Ya lo sé —contestó Mara.

—No te acostumbres a tener razón.

—Eso es lo que dice Nico.

—Entonces no te acostumbres a repetirlo.

Cuando todos se marcharon, Inés fue a la cocina a buscar su bolso. Nico estaba lavando una olla.

—¿Te gusta lo que has hecho? —preguntó ella.

—Sí.

—¿Más que un menú de boda?

—Es distinto. En una boda, cada plato tiene que llegar a la hora correcta y parecer parte de una historia que otra persona ha elegido. Aquí he cocinado para gente que conozco.

—¿Y eso es mejor?

—No. Es más fácil.

—No lo parecía.

—Tú estabas allí.

—Yo también lo hice más fácil.

Nico dejó la olla y se secó las manos.

—Sí.

—Podrías haberlo dicho antes.

—Podría haberlo dicho.

—¿Por qué no lo hiciste?

—Porque a veces me resulta más fácil decir que no.

Inés pensó en la oferta de Madrid. A ella le resultaba más fácil decir «lo pensaré», aunque supiera que la respuesta ya empezaba a cambiar.

—¿Y por qué te cuesta decir que sí? —preguntó.

—Porque cada vez que digo que sí a algo, alguien espera que no me arrepienta.

—Eso es una expectativa difícil.

—Lo sé.

Nico se acercó, pero no tanto como para convertir la conversación en otra pregunta.

—¿Te vas a Madrid? —dijo.

—No lo sé.

—¿Todavía?

—Todavía.

—Vale.

El teléfono de Inés vibró. Era un mensaje de Sergio: «¿Has podido revisar la propuesta? El equipo quiere conocerte». La pantalla iluminó su mano.

Nico no preguntó quién era. Inés guardó el teléfono.

—Mañana —dijo ella—. Mañana le contestaré.

—¿Y qué le dirás?

—Que necesito unos días.

—Eso no es decir que sí.

—Ni que no.

—Es una respuesta.

—Por ahora.