Capítulo 9
AMIGOS AUSENTES
Un encuentro con Bassander al día siguiente me expulsó de la Faraón de nuevo; esta vez en posesión del estuche de lápices de cuero negro y el cartapacio que había dejado en mi habitación, junto con algunas otras de mis posesiones.
Viajé en lanzadera a la Balmung , con la intención de pasar el resto de mi tiempo allí antes del salto a la disformidad y mi inevitable regreso a la fuga.
Fue fácil fingir mientras pasaban los días que el hecho de que Jinan se hubiera puesto del lado de Bassander no me había afectado.
Sabía que ella solo cumplía con su deber, y agradecía que mantuviéramos la posición en lugar de regresar a la flota imperial.
La comunicación superlumínica lleva tiempo.
Solo un único par de partículas esclavas se comparte entre nuestro telégrafo y el otro; los datos goteaban a través de los incontables años luz un bit cada vez.
Los mensajes cortos, el texto, eran lo bastante rápidos.
Pero las imágenes, el vídeo, los archivos complejos…
eso llevaba tiempo compilarlo, y más tiempo para que la flota respondiera.
Si nuestra pequeña reunión había sido una pesadilla, no era nada comparado con lo que Raine Smythe y los altos oficiales soportaban.
Seguros como estábamos en nuestra posición, podíamos aguantar durante días.
Y lo hicimos.
—No sé cómo lo soportas —dijo Elara, colocando la tabla de servir en el centro de una mesa de comedor de cristal—. Ese Lin me da escalofríos, siempre mirando esas transmisiones de seguridad.
Miré a Jinan y sonreí a mi pesar.
—Bueno, sobre todo trato de no dormir allí. — Jinan me apretó la rodilla bajo la mesa—. Me gusta más aquí. En la Faraón solo está su gente.
Pallino atravesó el mamparo arqueado desde la pequeña cocina que daba servicio al comedor ejecutivo de la Balmung .
Con su amante y Switch a remolque, terminó de poner la mesa.
Agradecí la afirmación de Elara; había roto el tenso silencio entre Jinan y yo, y lo que fuera que hubiera entre Jinan y Valka .
—Bueno, todos somos mucho más guapos —dijo Switch , tomando el asiento frente a mí con una enorme fuente llena de pasta con cebolla, pimiento y champiñones sacados de la sección hidropónica—.
Pero eso es sobre todo por mí. — Valka soltó un resoplido y Elara le golpeó en la nuca con una cuchara. Switch soltó un aullido.
—Lin es un auténtico pavo real. Sus padres eran de la Legión, probablemente sus abuelos eran de la Legión y así es como consiguió su comisión.
Tiene el bastón de mando metido por el culo más que en la mano, si me entiendes —comentó Pallino , acomodándose entre Switch y Elara en la mesa redonda.
Sobre sus hombros, una placa holográfica proyectaba una visión de la Faraón y la más pequeña, la Mistral, delante de nosotros, en órbita sobre el lloroso y ocre Rustam—.
Te encuentras con gente como él todo el tiempo.
Competente, pero que deja que sus… sus principios lo lleven a tomar malas decisiones.
El tipo de oficial que piensa que usar a sus compañeros muertos como sacos de arena es glorioso.
A mi izquierda, Valka tomó la jarra de agua de manos de Switch y se sirvió.
—No hay gloria alguna en ello.
—¿En usar a tus compañeros como sacos de arena? Nah —replicó Pallino , y metió un dedo bajo la correa de su parche para ajustarla contra su rígido cabello blanco—. La gloria está en ser el saco de arena, en salvar la vida de tu hermano.
—Hemos llegado a un punto muerto. No seáis demasiado duros con él —intervino Jinan con su voz de capitana Azhar , con un poco más de rigidez de la que solía emplear la mujer que yo conocía—. Bassander está actuando según la inteligencia que tiene.
Valka me pasó la jarra de agua, y dijo:
—Cierto, pero ahí radica su problema, capitana. —Sostuvo las manos como los platillos de una balanza—. La inteligencia militar puede compensar la de otro tipo, y viceversa, pero Lin anda corto de ambas.
—Eso no es verdad —protestó Jinan —. Está sobrecargado de trabajo. ¿Sabéis que se pasó todo el vuelo desde Sanora despierto, verdad? ¿Coordinando con la flota? Está exhausto. Cualquiera lo estaría.
—Entonces debería ponerse en fuga un tiempo —sugerí—. No es excusa para correr de vuelta con el rabo entre las piernas.
Mi capitana jaddiana no me miró mientras decía:
—Todavía no tenemos ni idea de qué inteligencia hay en el terminal del Hombre Pintado. Una vez sepamos eso, podremos tomar una decisión informada.
Me tragué la réplica que me vino a la mente, mientras mantenía la mirada fija en mi plato vacío.
Pensé que era mejor no decir nada más, así que me mantuve ocupado sirviendo a Jinan y luego a mí mismo.
Normalmente, mi capitana me habría apartado la mano de un manotazo para servirse ella misma.
Que no hiciera tal cosa me pareció una mala señal.
—¿Hiciste todo esto tú mismo? —preguntó Valka a Switch , levantando la fuente de fideos cortos de su cuenco de cerámica dorada para servirse en su plato.
El lictor sonrió con pesar.
—No, fue sobre todo Pallino . Yo solo fui el chico de los recados.
—¡El chico no se da suficiente crédito! —exclamó Pallino el Tuerto—. Él hizo el asado esta vez, y la salsa para la pasta. Yo mayormente lo fulminé con la mirada y piqué cosas. — Valka sonrió, pasó el cuenco a Jinan con una sonrisa cortés y negó con la cabeza. Al ver esto, Pallino preguntó—: ¿Qué?
—Nunca dejáis de asombrar, saichdattr —dijo ella, refiriéndose a los que veníamos del coliseo—. No es un chef lo que uno imagina cuando piensa en un combatiente imperial. —Levantó su copa a modo de saludo.
—Sin ánimo de ofender, doctora, usted no es lo que uno imagina cuando piensa en una hechicera tavrosi.
— Pallino imitó el saludo—. Además, críese con una abuela como la mía y vea lo lejos que llega sin aprender a cocinar.
La mujer se moriría de vergüenza si algún nipote suyo no pudiera preparar una comida decente.
—¿Nipote? —repitió Jinan —. ¿Era jaddiana, su abuela?
Pallino frunció el ceño, tomando la fuente de manos de Jinan .
—No, no lo creo. Mi familia vivió en Trieste, bueno… desde el principio. Fui el primero de mi pueblo en ir a las Legiones en más de quinientos años. Sabían que nunca volverían a verme, pero mi vieja nona estaba tan orgullosa. Su chico ahí fuera luchando por el Emperador. Era muy piadosa, esa mujer.
—Es una palabra jaddiana —dijo Jinan —. Quizá seamos primos en algún punto lejano del pasado.
El viejo soldado tuerto se encogió de hombros y se sirvió la pasta en el plato sin ceremonia.
—Podría ser, sí. Podría ser que hubiera algo de lo que pasó a ser su pueblo que se asentara en Trieste en su camino de salida desde el viejo-viejo Imperio. Podría ser… podría ser. —Dejó la fuente sobre la mesa—. Pregúntele a Su Resplandor, aquí presente. Had tiene cabeza para este tipo de cosas.
Me estremecí y casi dejé caer el tenedor. El «Su Resplandor» me tocó una fibra demasiado sensible. Ghen me había llamado así, y era contagioso. Parecía casi un sacrilegio que aún pudiera decirse, ahora que Ghen se había ido. Dejé el tenedor con mucho cuidado.
—Es posible. Ya no es fácil rastrear los patrones migratorios, y no sé mucho sobre su mundo natal, Pallino , pero…
seguro. —Miré mi plato todo el tiempo, la rodaja goteante de imitación de ternera junto a la pasta en su salsa roja.
Al darme cuenta de esto, inhalé bruscamente y me senté un poco más erguido—.
Lo siento. Yo… —Cogí mi copa (agua, no vino) y la giré entre mis manos—.
Quería decir algo. —Todos los ojos se volvieron hacia mí como lo habían hecho en el consejo, aunque aquí el efecto fue de calidez, no de frialdad.
Mis amigos, los que yo había encontrado y los que me habían encontrado a mí.
Switch , transformado de niño a hombre, de víctima a vencedor.
Pallino , que había sido como un padre para ambos, o al menos un viejo tío gruñón.
Elara estaba allí a su lado, más joven y tranquila que Pallino y con una sonrisa fácil y una risa que los años no han logrado empañar.
Y estaban Jinan y Valka , que me importaban y me importarían más que todo el oro de Avalon, aunque pagué más caro que cualquier Emperador.
Mis amigos. Mi familia. Hechos y no engendrados.
Solo faltaba Siran, que estaba estacionada en la Mistral y no se había unido a nosotros.
Y Ghen , que estaba muerto.
—No estaba seguro de qué decir —comencé, con la voz tropezando consigo misma de una manera que sonaba muy poco como el Hadrian Marlowe que yo conocía—.
Y para ser honesto, todavía no tengo ni idea.
Pero tenemos una silla vacía en nuestra mesa, y siempre tendremos esa silla vacía.
—De inmediato descubrí que no podía mirar a los demás a los ojos, y me concentré en cambio en mi reflejo en la reluciente oscuridad de la pared entre los hombros de Switch y Pallino —.
Murió valiente, como vivió. Despedazó a dos de esos monstruos con sus propias manos, creo.
Pero yo lo envié escaleras abajo para tratar de encontrarnos una salida.
Él no me cuestionó, y sabe la Tierra que el bastardo tenía preguntas.
Pero fue. —Estaba mintiendo. El engaño había matado a Ghen .
El engaño y la cobardía. Le había disparado por la espalda el Hombre Pintado mientras la vil criatura llevaba el rostro de un amigo y Ghen luchaba con aquellos demonios MOS.
Y así convertí mi mentira en culpa—. Debería haber sido más rápido… Si hubiera ido con él.
—Espera un momento, Had —me interrumpió Switch , el único de la compañía que había compartido aquella última y horrible aventura conmigo—. Eso no fue culpa tuya. Ese homúnculo habría matado a Ghen de todos modos cuando te capturó. No había nada que pudieras hacer.
Aquello me arrancó una sonrisa triste, pero reprimí el impulso de decir que sí, que era culpa mía. En su lugar, negué con la cabeza y continué: