El aullido de la noche (Noxvalia nº 4) CAPÍTULO 16 TELEGRAMA DEL SUBSUELO (Ada)
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CAPÍTULO 16 TELEGRAMA DEL SUBSUELO (Ada)

El aire en la Sala de Pizarras es una masa densa y confinada que se estanca en el fondo de mi garganta, arrastrando el sabor amargo de la herrumbre húmeda de las cañerías y el olor acre del bronce viejo.

Tras el colapso de las calderas de la superficie, el frío de las criptas se ha instalado entre los muros del búnker subterráneo con la rapidez de una mortaja gélida.

Sostengo con firmeza el marco de latón de la pizarra imbuida, sintiendo la vibración sorda de la estática mística erizar el vello de mis brazos desprotegidos.

En la opacidad, un parpadeo intermitente despierta los tubos de gasneón del techo.

La luz regresa con debilidad, una claridad cianótica y titubeante que proyecta sombras alargadas y espectrales sobre las estanterías de roble del búnker, dibujando el contorno masivo de Fenris a mi flanco.

El gigante permanece estático, envuelto aún en el calor febril de su recuperación, con sus ojos amarillos vigilando la piedra con la fijeza de un cazador silencioso.

De golpe, un siseo metálico, agudo y de alta frecuencia, quiebra la quietud gótica del habitáculo.

La placa de pizarra vibra bruscamente bajo mis manos.

Sobre el plano de piedra pulida, la tinta de éter azul cobalto comienza a grabarse de forma violenta, un grabado mecánico que destila una luminiscencia urgente y gélida en mitad de la penumbra.

Mi mente analítica descifra de inmediato la firma rítmica del emisor. Es Isolda.

—¿Es la inquisidora? —el barítono de Fenris ruge a centímetros de mi sien, un susurro áspero que me envuelve con su aliento templado por la fiebre del Kerberos.

—Silencio, Fenris —le pido con mi voz suave y pedagógica, empujando con el índice el puente de mis gafas de bronce para fijar la mirada en los caracteres bioluminiscentes—. Leed.

La transmisión de emergencia se dibuja con trazos caóticos en la pizarra, imitando la pátina de un telegrama místico apresurado:

INJUNCIÓN DE HIERRO ACTIVA PROTOCOLO DE PURIFICACIÓN SUMARIA.

INYECTORES DE SUPRESIÓN DE GRAN CALIbrE DESPLEGADOS EN CANALES NEGROS Y MUELLES CENTRALES.

BUSCAN EL NÚCLEO DEL SUBSUELO. EL ÉTER ESTÁ SIENDO CONDENSADO Y RETIRADO POR COMPLETO.

EL ARCHIVO SE QUEDARÁ SIN FLUIDO. CERRAD LAS ESCLUSAS. HUYID.

Una zozobra helada me atenaza el pecho mortal, dejándome sin respiración en la oclusión de la madera y la piedra.

El Edicto de Hierro ha mutado en una cacería militar directa.

La Injunción no solo pretende asfixiarnos aislando el éter, sino erradicar físicamente cada pasadizo que conecta el Scriptorium con la superficie.

—Están taponando las salidas —masculla Fenris, y el crujido mineral de sus nudillos al apretar el borde de la mesa de piedra delata la agonía de su orgullo acorralado—. Si bajan a los criptopórticos con esos inyectores, el hierro frío devorará mi esencia antes de que pueda defenderos.

Siento el calor abrasador de su fisonomía hercúlea cerrarse sobre mí en un ademán protector.

La distancia entre su tez y la mía se reduce a milímetros en el espacio escaso, cargando la atmósfera de una estática insoportable que hace pulsar la Marca en la palma de mi mano derecha con un destello esmeralda tenue.

El contraste térmico entre su piel de alambre y mi frío carnal es una tortura sensorial que detiene el transcurrir efímero de la huida.

Deseo aferrarme a su pecho para infundirle la templanza de mi papel, pero la urgencia del peligro nos devuelve a la realidad.

Antes de que Isolda pueda grabar las coordenadas de las patrullas, un paroxismo eléctrico sacude la pizarra imbuida.

Un latigazo de energía degradada calienta el latón de los soportes con un siseo abrasador. La tinta de cobalto estalla en una ráfaga de estática violenta, difuminando las últimas palabras del telegrama en una mancha opaca de éter quemado. El canal de comunicación se ha extinguido.

Miro a Fenris en mitad del claroscuro que parpadea en la sala.

Las calderas de los Sifones del subsuelo están cayendo en manos de los Purificadores.

El tiempo se ha agotado; en cuestión de horas, el suministro de éter puro del Archivo se cortará de forma definitiva, sumiéndonos en un invierno eterno y entregando a mi cambiante al delirio absoluto de la fiera.