El asesino de la almohada (Bajetzky y Kuper 6) Capítulo 58
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Capítulo 58

Está sentada, encogida en un rincón del armario empotrado, donde yo solía pasar tanto tiempo. Tampoco entonces necesitaba que me ataran.

Su expresión me dice que, al igual que yo, hace ya mucho que ha comprendido que cualquier movimiento es inútil. El miedo la paraliza con más eficacia de la que podría tener cualquier cuerda. Una vez ha intentado levantarse, pero se ha desplomado de inmediato al verme dar un paso hacia ella.

Desde entonces permanece callada, salvo por ese gemido que no consigue reprimir. Pero aprenderá. Si yo pude hacerlo de pequeña, a ella, que es adulta, no debería resultarle tan difícil.

Me acerco, me echo el cinturón al hombro y la miro.

La luz de la lámpara que hay sobre nosotros proyecta sombras duras sobre sus facciones y me hace recordar aquellos tiempos.

Las noches en que me quedaba de pie en el pasillo, con la puerta apenas entreabierta, observándola en la penumbra.

Nunca la sentí más cerca que en aquellos momentos en que no sabía que yo la estaba mirando.

Y, aun así, me entregó. Sin darle importancia, sin el menor atisbo de emoción, como si yo jamás hubiera estado allí.

Y apenas unos días después me sustituyó.

Ahora solo me tiene a mí. Y yo solo la tengo a ella. Como debe ser, como estaba predestinado, si tan solo ella lo hubiera permitido entonces.

Un ruido me hace aguzar el oído. Miro hacia la puerta y, por el rabillo del ojo, advierto que Johanna ve su oportunidad.

Pero, antes de que pueda levantarse de un salto, retrocedo con rapidez y le propino una patada en la cara.

La parte posterior de su cabeza se estrella contra la pared del fondo del armario.

Aturdida, pero no inconsciente, se desliza hasta el suelo.

Cierro la puerta para que no vuelva a estorbarme y salgo al pasillo. Saco el cuchillo que he traído por si acaso. No quiero volver a llevarme una sorpresa como la de Karl.

La ventisca no me facilita precisamente la tarea de interpretar bien los sonidos. Quizá solo sea la casa, que cede ante la fuerza de la naturaleza y cruje.

Estoy a punto de regresar a la habitación cuando vuelvo a oírlo. Viene de abajo. No es el temporal.

Hay alguien en la casa.

Alguien a quien desde luego no he invitado.