Capítulo 56
A través de la puerta insonorizada no se oye nada de ella.
No la he amordazado, ni siquiera durante el trayecto hasta aquí.
Y tampoco he tenido que amenazarla. Sencillamente, no esperaba que la trajera aquí para hablarle de mi traumático pasado.
Parecía bastante sorprendida cuando despertó del desmayo y recobró el conocimiento en el pequeño cuchitril.
Tampoco se lo esperaba cuando le clavé una jeringuilla en el cuello mientras nos saludábamos ante la puerta de su casa.
Pero eso le pasa por entregarme sin más, por hacerme a un lado y meter a otro hombre en casa.
Ya no tiene que preocuparse por eso. Porque ese pequeño problema yace ahora muerto en su desván.
Me siento en la cama, sin dejar de mirar la puerta, y me pregunto qué estará pensando.
¿Se preguntará cuánto tiempo le queda de vida?
¿Qué voy a hacerle ahora? Seguro que quiere saber por qué le he hecho esto a ella y a todas las demás.
Ya veremos si se lo cuento. O quizá me lo guarde para mí.
Tal vez le baste con saber qué hay en el origen de todo.
Seguro que es capaz de deducir el resto por sí sola.
Pero ahora ha llegado el momento, antes que nada, de volver a descargar mi cinturón sobre ella. Así que abro la puerta de un tirón…