El asesino de la almohada (Bajetzky y Kuper 6) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—Pero, como esto es una escena del crimen —dijo Emma, interrumpiendo sus propios pensamientos—, me temo que no podemos permitir que vea a su hija hasta que haya concluido la investigación.

—Dios mío… —sollozó, y toda su resistencia se vino abajo.

—Por favor —dijo Alex, señalando uno de los furgones policiales aparcados junto al bordillo.

Ya se habían congregado varios curiosos en las inmediaciones e intentaban vislumbrar por encima del cordón qué había sucedido allí.

Como si, por mucho que estiraran el cuello, pudieran ver el interior del piso de la fallecida, pensó Emma.

Menos mal que tenían teléfonos móviles y podían usar el zoom. Emma negó con la cabeza.

—Siéntese, por favor —dijo Alex, indicando el banco situado junto a la pequeña mesa. Emma subió al vehículo detrás de ella y se sentó enfrente. Alex cerró entonces la puerta corredera y tomó asiento junto a su compañera.

—Sentimos muchísimo su pérdida —comenzó Emma—. Pero necesitamos hacerle unas preguntas para atrapar a quien le hizo esto a su hija.

—¿Qué? —Los miró sin comprender—. ¿Qué quieren decir con que alguien le hizo esto? Por teléfono me dijeron que mi hija estaba… que estaba muerta y que debía… ¿Alguien le ha hecho esto?

—Los primeros indicios apuntan claramente a que murió a manos de otra persona —explicó Emma con cautela.

—¿Quieren decir… que la asesinaron? —preguntó la señora Hamann con voz temblorosa.

—Por desgracia, de momento debemos partir de esa hipótesis —dijo Alex.

—Por eso es aún más importante que responda a todas las preguntas que pueda. ¿Se ve capaz?

—No lo sé —confesó, dejando correr las lágrimas.

Emma alargó la mano hacia atrás, cogió un paquete de pañuelos de papel y se lo tendió a la mujer. —Gracias —dijo ella. Se sonó la nariz y se secó las mejillas a toquecitos. De pronto, abrió mucho los ojos—. Adrian… ¿Qué… qué pasa con él? ¿Dónde está mi nieto? ¿Está bien?

—Está en estado de shock, pero lo están atendiendo bien. Por favor, no se preocupe —intentó tranquilizarla Emma.

—Está en la unidad ambulatoria de psiquiatría infantil y juvenil —continuó Alex—. Suena peor de lo que es. Es el procedimiento habitual en casos como este.

—¿Eso significa que vio a mi hija… que la vio…? Dios mío. Pobre pequeño. Tengo que ir con él. Ahora mismo.

—Lo entendemos —dijo Emma con tono comprensivo—. Pero comprenda también que quien hizo esto sigue en libertad. La llevaremos con su nieto lo antes posible, pero antes debe responder a nuestras preguntas.

—Por supuesto. Lo siento.

—Intentaremos ser lo más breves posible —dijo Alex.

—De acuerdo. ¿Cómo era su relación con su hija? —Emma inició la entrevista.

La mujer mayor inspiró y espiró con agitación. —Era buena. Nos veíamos al menos una vez por semana.

—¿Su hija vivía sola con Adrian?

—Sí, aunque no desde hacía mucho. Debía de haber pasado un año desde que se separó de Matthias.

—¿Era su marido? —preguntó Emma.

—Sí.

—¿Tiene su mismo apellido?

—No. Se llama Austermann. Después del divorcio, Anna-Lea recuperó su apellido de soltera.

—¿Se separaron en buenos términos? —preguntó Alex mientras anotaba el nombre completo del hombre. Al menos, Emma supuso que era el nombre. Había dos palabras que no lograba descifrar por más que lo intentara.

—Al menos yo nunca noté que Matthias reaccionara con enfado.

—Entonces, ¿cómo reaccionó? —quiso precisar Emma.

—Con decepción e incomprensión. Cree de verdad que es una buena pareja y un buen padre.

—¿Su hija no estaba de acuerdo?

—No solo ella. Puede ser muchas cosas, pero desde luego no es ningún partidazo.

—¿Por qué no? —preguntó Emma.

—Porque no quiere madurar. Todavía se pasa el tiempo de fiesta, bebe y consume drogas, lleva años en paro y no es de fiar.

A veces Anna-Lea tenía que mandarlo de vuelta a casa cuando aparecía colocado para recoger a su hijo.

Tiene un morro impresionante y, además, mucha suerte.

No quiero ni saber cuántas veces habrá conducido borracho o bajo los efectos de las drogas.

Hace unos años lo pillaron y tuvo que entregar el carné de conducir. Pero no crea que aprendió la lección.

Así que, por lo menos, tenía antecedentes y sin duda seguirían esa pista.

—¿Y nunca hubo ningún incidente violento? —preguntó Alex.

—No que yo sepa.

—¿Su hija le había mencionado últimamente que algún hombre la acosara? ¿O quizá le había expresado su preocupación por algún conocido?

—No. Nada en absoluto. Todo lo contrario. A mí me parecía que nunca había sido tan feliz como desde la separación. Pero no habló de ningún hombre nuevo.

—¿Su hija tenía algo así como una mejor amiga? —preguntó Emma.

—Sí, Marina Eickhoff. Son inseparables desde la guardería, pese a que Marina lleva siete años viviendo en Estados Unidos. Pero siguen en contacto con regularidad y suelen verse en verano o durante las Navidades. Por lo que sé, ahora mismo está aquí.

—Gracias —dijo Emma, al tiempo que veía por el rabillo del ojo que Alex garabateaba más trazos en su bloc—. ¿Tiene los datos de contacto de Marina?

—Lo siento, por desgracia no… Me gustaría ir ya con mi nieto. ¿O tienen más preguntas?

—De momento no —dijo Alex con una sonrisa prudente mientras cerraba el bloc.

—Un compañero la llevará con su nieto —prometió Emma—. Gracias por responder a nuestras preguntas. Nos ha sido de gran ayuda.