El asesinato del profesor de matemáticas (El asesinato del profesor 2) Capítulo 18
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Capítulo 18

(XXV – VII)

–P ues ahora...

—Tenemos ocho resultados y...

—Eso, ocho cifras que...

Su entusiasmo se evaporó como por arte de magia.

—¿Qué dice al final? —intentó tranquilizarse Luc.

—Dice que juguemos a espías y demos con la clave —leyó Adela.

—Y que no utilicemos letras compuestas como ch o ll —concluyó Nico.

—¿Y eso qué quiere decir?

No tenían ni idea.

—¿Tú has jugado a espías alguna vez? —preguntó Luc.

—No —dijo Nico.

—¿Pero sabéis cómo se juega? —inquirió espantada Adela.

—No —reconocieron ellos dos.

—No me lo puedo creer —abrió la boca ella—. ¿Me estáis diciendo que la clave es algo que no conocemos?

—Pues el Fepe pensaba que sí.

—O a lo mejor...

—No me lo puedo creer —repitió Adela—. ¿Tenemos ocho cifras y no sabemos cómo convertirlas en una pista?

—A ver, no nos pongamos nerviosos. —Luc buscó un poco de calma donde no la había—. ¿Cuáles son los resultados de los ocho problemas?

—El primero daba 4, el segundo 9, el tercero...

—No, no, escribámoslos para verlos —le dijo a Adela, que aún tenía el bolígrafo.

Ella lo hizo:

4 9 19 5 3 21 16 19

—Vamos a sumarlo todo, a ver qué da —propuso Luc.

—El resultado es... 96 —acabó de hacer la suma la muchacha.

—¿Os recuerda algo, como lo del 2001 la matrícula del Galáctico o el 40 el número de la taquilla?

—No —respondió Adela.

Nico hizo memoria.

—No —reconoció.

—Vamos, vamos, tiene que significar alguna cosa —los apremió Luc.

—Dice que juguemos a espías, eso descarta que el número sea el de una dirección o cualquier cosa más —hizo hincapié en el detalle Adela.

—¿Y con las iniciales de los números?

Adela las escribió:

C N D C T V D D

—Eso no dice nada —movió la cabeza Nico.

—Ha de haber un orden, una pauta. —Luc se estaba desesperando.

—Mira que si nos hemos equivocado en uno de los resultados y por eso no nos sale nada. —manifestó Nico.

—¿Quién podría saber jugar a espías? —preguntó Adela.

—Javier Gálvez. Siempre se está inventando juegos —dijo Luc.

—¿Tenéis el teléfono?

—No, y vive lejos.

—No puedo creerlo, ¡si es que no puedo creerlo! —volvió a desesperarse Nico.

—Tranquilos, tranquilos, nos estamos dejando llevar por la...

—¿Tranquilos? —la detuvo Luc—. ¡Faltan diez minutos para las seis, y ni siquiera sabemos adónde deberíamos ir en caso de que supiéramos el nombre del asesino! ¡A lo peor está al otro lado de la ciudad!

—Espera, ¿qué has dicho? —frunció el ceño Adela.

—¡Que faltan diez minutos para las seis!

—No, lo del nombre del asesino.

—Pues eso, que no sabemos el nombre.

Adela miró las ocho cifras.

—Esto ha de equivaler a un nombre, está claro —musitó expectante.

—Si cada número fuese una letra, ¿qué clave utilizaríamos? —siguió el hilo de sus pensamientos Nico.

Incluso Luc se abalanzó de nuevo sobre el papel.

—Espías...

—No usar ch ni ll...

—Un nombre...

En esta ocasión no fueron uno ni dos, sino los tres al unísono. Un grito.

—¡El alfabeto!

La mano de Adela empezó a escribir precipitadamente las letras del alfabeto, pasando de la duda de si la ch o la ll eran compuestas o no. Después les puso un número a cada una debajo. El número de su orden de la A a la Z:

—Sí, sí..., ¡sí! —empezó a verlo claro Luc.

—¡Ay, Dios! ¡Ay, Dios! —tembló Nico.

—Tiene que ser eso, por fuerza. ¡Ha de serlo! —gritó Adela.

Comenzó a sustituir los números por letras.

—El 4 sería una D, el 9 sería una I, el 19 corresponde a la R, el 5 es una E, el 3...

Ella iba escribiendo las letras a toda prisa, pero Luc y Nico iban leyendo ya la palabra, y con las tres primeras abrieron los ojos, con la cuarta se dieron cuenta de que era verdad, con la quinta tragaron saliva...

—¡Ya está! —anunció Adela.

Había escrito:

D I R E C T O R

Sin error posible.

Tan claro como evidente.