El Arte de Sentir Placer Capítulo 4 Previa a placer
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Capítulo 4 Previa a placer

El apuro es uno de los mayores enemigos del placer femenino.

Besarse unos minutos antes del sexo está bien, pero no es suficiente; menos aún si los encuentros siempre comienzan de la misma manera: solo con unos besos.

Tampoco se puede considerar "juego previo" a que te toquen directamente las partes íntimas, esto suele ocasionar incomodidad, y el problema se agrava cuando el hombre no sabe cómo, o dónde tocar, situación que, aunque no lo creas, pasa más de lo que imaginas.

El deseo en una mujer no aparece de golpe; no es automático, instantáneo, ni netamente físico.

Es un proceso mental, emocional y corporal.

Por eso no es tan sencillo como muchos hombres creen o les gustaría que fuera.

Si esto no se comprende, el sexo empieza antes de que tu cuerpo esté listo, y allí ya comienzas en desventaja.

Muchas mujeres piensan o sienten que no tienen deseo, pero la realidad es que a veces solo están mal estimuladas.

Existe una verdad incómoda: hay mujeres que creen tener bajo lívido cuando, en realidad, nunca han recibido la estimulación correcta.

Si el encuentro empieza rápido, sin conexión y sin tensión previa, el cuerpo no responde. Y cuando el cuerpo no responde:

No hay lubricación suficiente.

No hay sensibilidad.

No hay excitación ni disfrute.

Y sin nada de esto, es imposible alcanzar un placer profundo o un orgasmo.

Una previa más allá de la cama

La previa no empieza en la cama: empieza en cómo te miran, en cómo te hablan y en cómo te hacen sentir; empieza en la mente.

Construir tensión a lo largo del día con un mensaje, una insinuación, una mirada distinta, una intención o una foto provocadora transforma esa energía en deseo puro para el momento de intimidad.

Si alimentan la complicidad desde la mañana con pequeños detalles —como cariño extra, fotos sugerentes, chats subidos de tono o algún video provocador—, lograrán generar mucha más intensidad a la hora del encuentro.

El cuerpo de la mujer necesita tiempo; esto no es un capricho ni es negociable.

Y vale aclarar que no se debe a que tengamos un problema, sino que es una característica biológica de la mayoría de las mujeres, sin importar la edad.

Si no se respeta este ritmo, la conexión se pierde, el placer disminuye y el sexo se vuelve algo cien por ciento mecánico.

El error de ir directo al grano

Uno de los errores más comunes de los hombres es dirigirse directo a tu zona íntima, como si existiera un botón mágico, y eso bastara para encenderte.

Y la verdad es que está lejos de ser mejor táctica, e incluso puede generar rechazo, sobre todo si utiliza siempre el mismo método para comenzar a intimar.

Es importante que ambos entiendan que todo el cuerpo contribuye al placer: los brazos, el cuello, la espalda, las piernas y, por sobre todo, la mente.

Todo se activa y responde a las palabras y a los toques correctos en el momento adecuado.

Cuando se ignora esto, se pierde gran parte de la experiencia.

Por otro lado, la previa también depende de cómo te sientes contigo misma; no todo es responsabilidad del otro.

Importa mucho cómo llegas tú a ese momento.

Si estás desconectada de tu cuerpo, si no te sientes cómoda, o si estás atravesando una etapa de estrés, será muy difícil que logres entregarte y disfrutar.

Por eso, la previa también es cómo te preparas, cómo te cuidas y cómo te percibes.

No se trata solo de gustarle al otro, se trata primero de gustarte tú, de sentirte bien con tu cuerpo y tu mente, para luego poder disfrutar de a dos.

El momento donde todo cambia

Cuando la previa está bien lograda, tu cuerpo empieza a responder por sí solo: la piel se sensibiliza, la respiración cambia, aparece la lubricación natural y el deseo se vuelve real. En ese punto, el sexo deja de ser algo que haces por obligación y pasa a ser algo que sientes, disfrutas y deseas.

No se trata de medir el tiempo, sino de estar presentes.

No sirve de nada hacer una previa larga si se siente pesada o forzada; se trata de conectar, prestar atención, no apurarse y disfrutar tanto de la excitación del otro como del proceso mismo.

Si la previa no existe o es pobre, será muy difícil que el sexo sea realmente placentero.

Y no es por falta de ganas; es por falta de conciencia, de conocimiento, de entrega y de interés.

Para empezar a cambiar, no hace falta que sea perfecto, pero sí distinto, por eso baja el ritmo, piensa en los tiempos y gustos del otro, genera tensión anticipada y dedica tiempo al juego. Es esencial que entiendas que el placer no funciona cuando lo apuras.

Previa para ti y para él

La previa también involucra tu cuidado y tu preparación personal.

Cuanto más guapa y sensual te sientas, más caliente se volverá el encuentro.

Puedes optar por lencería que te encante y que sepas que lo volverá loco, una prenda divertida para jugar a interpretar a alguien más, o simplemente esperarlo sin nada, pero empoderada por dentro, segura de tu cuerpo y de lo que quieres para ese momento.

Una vez juntos, comiencen con caricias y besos.

También pueden elegir un aromático aceite para un masaje relajante, que involucre cada parte de tu cuerpo, comenzando desde la espalda, siguiendo por los pies y las piernas, para culminar en la entrepierna.

Entrégate por completo a la relajación; siente con detalle dónde te gustan más sus manos y sus dedos, y házselo saber.

Este masaje es ideal para culminar con un buen sexo oral mutuo.

Recuerda dejar de lado la vergüenza, o los complejos por tu físico; concéntrate únicamente en disfrutar del hermoso momento que están viviendo.

Ejercicio de la semana 4: El arte de encender la mecha

Esta semana se la dedicaremos por completo a las previas, esa parte del encuentro que muchas veces se minimiza y que, sin embargo, hace toda la diferencia para una experiencia sexual inolvidable.

El despertar: Comienza el mostrándote un poco más cariñosa que de costumbre. Mantén una actitud cómplice antes de que cada uno ruede a sus obligaciones.

La tensión a la distancia: En el transcurso de la jornada, envíale a tu pareja una foto sugerente, (puede ser de tu lencería, de alguna parte de tu cuerpo, o algo sutil pero provocador), seguida de un mensaje de alto voltaje donde le anticipes lo que deseas hacer cuando se vuelvan a ver.

La preparación: Dedica un tiempo para ti antes del encuentro. Estrena una nueva lencería, un juguete sexual o algún atuendo que te haga sentir espectacular. Cuando por fin te vea producida y segura de ti misma, la tensión sexual escalará a niveles que no imaginas.

La conexión: Durante el encuentro, pídele amablemente un masaje en todo el cuerpo o en la zona específica que prefieras usando un aceite aromático.

Aprovechen este espacio de relajación para conversar sobre sus fantasías, posiciones que quieran experimentar, o simplemente déjate llevar por el momento.

Estos ejercicios pueden parecer muy cliché, pero son herramienta poderosísima para la conexión, la complicidad y el disfrute.

Les permitirá salir de la rutina y darle un aire completamente nuevo a la relación.

Los dejará con ganas de repetir, sabiendo ahora que una buena previa se disfruta tanto como el sexo mismo, y que este se vuelve sublime cuando se enciende con el combustible correcto.