Capítulo 3 El diálogo
Saber expresar lo que te gusta y te excita es esencial para construir una vida sexual placentera y duradera en el tiempo.
Es importante comprender que muchos hombres desconocen cómo funciona el placer femenino.
Biológicamente, el hombre suele estar programado para excitarse con rapidez y, aunque haya mucho amor en la pareja, difícilmente entenderá por sí solo que nosotras necesitamos un proceso diferente para alcanzar el mismo nivel de excitación y llegar al orgasmo.
Es fundamental que tu pareja comprenda esto, que sea empático y que sepa acompañar tus tiempos para que el sexo sea un disfrute mutuo.
Además, hay que tener en cuenta que no a todas las mujeres les agrada lo mismo. También existe la posibilidad de que tu pareja haya estado antes con mujeres que fingían placer y orgasmos, lo que le hizo creer que su técnica era excelente, cuando en realidad ni siquiera estaba cerca de serlo.
Por eso es vital que guíes a tu compañero.
Muéstrale y dile —o demuéstrale a través de los movimientos de tu cuerpo— dónde te gusta que te toque o qué posiciones te producen mayor satisfacción.
Entiendo que, por falta de seguridad, muchas mujeres se conforman con una o dos posiciones; a veces el acto dura apenas uno o dos minutos de pura incomodidad y cero placer para ellas.
Debemos tener en cuenta que la mayoría necesita del juego previo con mucha estimulación, y que no todas llegan al clímax solo con la penetración.
Muchas requieren complementar el acto con la estimulación del clítoris.
Para estos casos, lo ideal es probar posiciones que permitan esta doble estimulación simultánea.
No temas guiarlo; para él también será sumamente excitante verte disfrutar. Le dará la seguridad de saber que lo está haciendo bien y, te aseguro, que en los próximos encuentros buscará repetir esos detalles que le indicaste, y estará mucho más abierto a escuchar tu cuerpo.
También es muy valioso que le preguntes a él qué le gusta, qué espera de la relación, qué fantasías tiene, qué le agrada que hagas y qué es lo que más le atrae de tu cuerpo.
Hablar abiertamente sobre sexo, gustos y fantasías genera una intimidad superior.
Es un espacio donde ambos aprenden a conocerse desde otra perspectiva y se entregan al disfrute sin culpas, miedos ni prejuicios.
Muchas parejas no fallan por falta de amor, sino por falta de diálogo, esperando que el otro adivine lo que desea o le incomoda.
No somos seres superiores que lo sabemos todo.
Aprender juntos es un proceso profundo que crea un vínculo mágico donde siempre ganan el amor y la pasión.
El solo hecho de conversar del tema —ya sea en el auto, caminando o en la cama— comenzará a generar deseo, complicidad y entusiasmo por experimentar.
Fingir no es inofensivo
Hay una realidad que muchas mujeres callan: no están disfrutando de su vida sexual y, aun así, siguen teniendo relaciones como si todo estuviera perfecto. No lo dicen, no lo corrigen, no lo cuestionan; simplemente se adaptan.
Fingir un orgasmo parece algo menor: un momento de salida rápida o una forma de "terminar bien".
Pero no lo es. Fingir es construir una mentira en la que le aseguras al otro que algo funciona cuando no es verdad.
Esa mentira se repite una, otra y otra vez, hasta que se convierte en la única forma en que tienen sexo.
En ese punto, ya no se trata de una simple incomodidad pasajera, sino de una profunda desconexión y frustración.
A muchas mujeres nunca les enseñaron a expresarse en lo sexual. Se les educó para ser amables, para cuidar al otro, para no incomodar y para ser fieles; pero jamás para decir:
"Así no me gusta".
"Más lento, por favor".
"Ahí sí".
"Me gustaría probar esto...".
Entonces aparece el miedo a herir, a que el otro se ofenda, a quedar mal o al rechazo. Y en ese miedo, te pierdes tú misma.
El ego del otro no es tu responsabilidad
Esto puede sonar un poco fuerte, pero es una gran verdad: ¡no eres responsable del ego de tu pareja!
Si algo no te gusta, tienes derecho a decirlo.
Si algo no funciona, tienes derecho a cambiarlo.
Si necesitas otra cosa, tienes derecho a pedirla.
Por supuesto, esto se hace siempre desde el respeto, sin peleas ni imposiciones. Si tu pareja se incomoda, es parte del proceso de aprendizaje, no tu culpa. Una relación real no se construye sobre el silencio, el miedo o las mentiras, sino sobre la verdad.
El placer se aprende, pero también se enseña
A veces las mujeres argumentan: "Es que los hombres no saben".
En parte es cierto, pero también lo es que nadie puede saber lo que nunca se le ha mostrado o enseñado.
Cada mujer es distinta y cada cuerpo responde de manera diferente.
Si no lo guías, si no le enseñas, y si no hablas, él repetirá mecánicamente lo que cree que funciona.
Expresar lo que deseas no te hace menos deseable; al contrario, te hace más libre.
Existe la creencia errónea de que decir lo que te agrada "corta el momento" o "le quita la magia". Pasa exactamente lo opuesto: cuando hay comunicación, el placer se multiplica porque deja de ser un juego de adivinanzas y se transforma en una conexión real.
El punto de quiebre
Llega un momento en el que algo se vuelve evidente: o sigues como hasta ahora, o comienzas a cambiar.
Cambiar no significa confrontar de golpe; significa empezar poco a poco.
Puedes hacerlo corrigiendo sutilmente un movimiento, mostrando el camino con tu cuerpo o guiando sin culpas ni miedos.
Lo importante es iniciar con pequeñas modificaciones que abran la puerta a nuevas sensaciones.
Una herramienta poderosa es "hablar de sexo fuera del sexo". Es decir, iniciar una conversación en un momento cotidiano, sin presiones, sin tensión y sin apuro. Puedes comenzar con frases sencillas:
"Esto me gusta más".
"Esto no tanto".
"Me gustaría que probáramos...".
"Me encanta cuando haces esto".
"Me fascinó lo que hiciste la última vez".
Una charla tan simple como esa los transportará mentalmente a un terreno muy sugerente y despertará deseos que tal vez estaban dormidos.
Debes tener algo muy claro: si no pides lo que te gusta, es muy probable que nunca lo recibas.
Y esto no es culpa de tu pareja; es la consecuencia directa de tu silencio.
No necesitas cambiarlo todo hoy. Pero sí puedes empezar por ser un poco más honesta que ayer contigo misma y con tu pareja. El placer no aparece de la nada; se construye y se aprende. Y en la comunicación es donde empieza todo.
Ejercicio de la semana 3: Rompiendo el silencio
Escribe tres cosas que siempre hayas querido hacer en la intimidad y que, por vergüenza o miedo, nunca hayas compartido con tu pareja.
Léelas en voz alta para ti misma. Cuando te sientas segura, comparte al menos una de ellas con él.
Si no te animas a decírselo cara a cara, puedes sorprenderlo con un mensaje de texto; te aseguro que le encantará recibirlo e iniciará una dinámica muy positiva.
Planea un encuentro íntimo con tu pareja.
Durante el acto, dile al menos una cosa que te fascina que haga y una o dos cosas que te gustaría experimentar en ese momento.
Puedes guiarlo con tus manos o demostrar tu placer con sonidos y movimientos para que él comprenda con claridad que va por el camino correcto.
El compromiso de la honestidad. Si sueles fingir tus orgasmos, haz el compromiso contigo misma de dejar de hacerlo a partir de ahora.
Atrévete a ser sincera sobre lo que sientes y cómo lo sientes.
Mantener esa mentira solo seguirá generándote frustración y, a largo plazo, terminará por enfriar la relación.
Dar el primer paso siempre cuesta, pero la recompensa de recuperar tu placer y fortalecer tu relación vale totalmente la pena.