Capítulo 2 La importancia de un buen compañero
El placer en pareja no ocurre por casualidad: se construye. Disfrutar de una vida sexual segura y placentera es un verdadero trabajo en equipo que requiere confianza, mucho diálogo, respeto, juego y complicidad.
A lo largo de los años, he hablado con muchas mujeres sobre su intimidad.
He escuchado a algunas que jamás han experimentado un orgasmo; a otras que se limitan a la posición del misionero; y a muchas que nunca se han atrevido a decirle a su pareja que algo les incomoda.
Están las que fingen placer por vergüenza o por complacer al otro, las que se quejan del tamaño o de la falta de previa, y un clásico que seguramente ya has escuchado: la corta duración de muchos hombres.
Asimismo, he observado a infinidad de parejas que se perdieron al convertirse en padres, dejando la intimidad, la complicidad y esa chispa que alguna vez tuvieron en el último plano.
Dejaron de lado los viajes a solas, las salidas y las aventuras; elementos que son esenciales para la estabilidad emocional de cualquier relación.
Todo esto me llevó a cuestionarme: ¿Por qué hay tantos problemas en la intimidad?
¿Por qué las parejas dejan de elegirse? ¿Por qué las mujeres callan?
¿Por qué la pasión desaparece o, a veces, nunca existió?
¿Por qué buscamos en un tercero lo que no podemos hablar con nuestra pareja?
¿Por qué nos conformamos con una vida monótona, deseando en silencio que algo cambie mágicamente?
Siempre quise poder ayudar a mujeres desde mi experiencia, pero no encontraba la forma adecuada.
Hoy, después de más de 21 años de relación y aprendizaje junto a mi pareja, me siento segura de compartir y de poder ayudar desde mi propio conocimiento.
Aunque comenzamos siendo muy jóvenes y casi sin experiencia, aprendimos juntos lo que nos gusta, y a disfrutar del sexo sin prejuicios.
La complicidad y la conexión que creamos fue mágica, pero no fue azar, y si el resultado del diálogo, la sinceridad, la curiosidad, las ganas de aprender y, por, sobre todo, el respeto mutuo.
Elegir a una pareja no es una decisión que debamos tomar a la ligera.
No existe la pareja perfecta, pero cuando hay amor, comunicación, gustos e intereses en común, es mucho más fácil construir una relación con buenos cimientos, un lugar donde eliges quedarte por convicción y no por obligación.
En una relación sana, ambos entienden que el sexo es fundamental y lo disfrutan.
Por más frívolo que parezca, si no somos felices en el ámbito sexual, difícilmente la relación perdurará en el tiempo.
Disfrutar del sexo con tu pareja es una experiencia única, pero depende de ambos.
Por eso es primordial dialogar, conversar sobre los gustos de cada uno y respetarlos.
Recuerda que la pareja ideal se construye a través del tiempo, conversando con mucha complicidad, amor, compromiso, respeto y sinceridad, dejando de lado los miedos y tabúes.
Una pareja que tiene la confianza de hablar sobre sus gustos, de proponer y aceptar sin culpa, y de conversar sobre el sexo y el placer sin miedo, probablemente será una pareja mucho más sólida en los demás aspectos cotidianos de la vida.
El error silencioso
Hay una realidad que ocurre mucho más de lo que pensamos:
Mujeres que nunca han sentido un orgasmo, pero siguen teniendo relaciones de la misma manera.
Mujeres que se adaptan a "lo que hay".
Mujeres que se acomodan exclusivamente al ritmo o a los gustos de su pareja.
Mujeres que priorizan el placer ajeno antes que el propio.
Con el tiempo, esto se vuelve normal, se convierte en costumbre y luego en rutina, hasta que un día el deseo empieza a desaparecer.
Nadie nos enseñó a elegir a un compañero desde la perspectiva del placer.
Elegimos pareja por muchas razones: conexión emocional, compañía, historia o costumbre.
Esto no está mal; al contrario, todo eso suma, y forman parte de los cimientos de una buena relación.
Sin embargo, a veces falta el complemento de una buena intimidad.
Y esto no es solo una cuestión de química, sino de atención, sensibilidad, ganas de aprender, apertura y complicidad.
Una buena pareja sexual no es alguien que "lo sabe todo", sino alguien que quiere descubrir el mundo contigo, porque el placer y los gustos no se adivinan.
Uno de los mayores errores en las relaciones es esperar que el otro adivine lo que nos gusta, que entienda lo que pensamos sin haber pronunciado una sola palabra.
Seguramente ya te ha pasado: estar en pleno encuentro íntimo, desear un cambio de posición, querer pedirle que toque una parte específica de tu cuerpo o sugerir algún estímulo extra, y simplemente callaste por miedo o vergüenza, esperando que él lo note solo.
O tal vez estaba haciendo algo que te generaba muchísimo placer, pero como no lo demostraste ni se lo dijiste, él se detuvo, dejándote frustrada e insatisfecha.
No esperes que el otro lo adivine: guíalo, comunícate y exprésate para que puedan disfrutar y aprender juntos.
Un buen compañero se construye con el tiempo, con mucho diálogo y compartiendo experiencias.
Fingir: el enemigo silencioso
Fingir placer no es solo un acto del momento; es construir una mentira a largo plazo. Cada vez que finges, le estás enseñando mal a tu pareja. Le estás diciendo: "esto funciona", cuando en realidad no es así. Con el tiempo, revertir esa situación y cambiar la dinámica se vuelve mucho más difícil.
La pareja correcta no es perfecta. No se trata de encontrar a alguien que lo haga todo bien desde el primer día; eso no existe.
Se trata de encontrar a alguien que te escuche, se interese por ti, quiera mejorar y disfrute de tu placer tanto como del suyo.
Cuando eso pasa, todo cambia: el sexo deja de ser algo mecánico y se convierte en conexión, juego, complicidad y descubrimiento.
El placer es de dos
Sí, tu cuerpo es tu responsabilidad; pero cuando estás con alguien, el placer se construye de a dos. No se trata solo de dar ni solo de recibir: se trata de compartir. Y eso solo ocurre cuando existen el diálogo, la confianza, la complicidad y la libertad.
Ejercicio de la semana 2: Un puente de papel hacia la intimidad
Tómate el tiempo suficiente para realizar esta actividad. No lo hagas con prisa; busca un espacio de calma y conéctate con tus sentimientos.
Escribe tres cosas que te enamoraron de tu pareja, y una cosa que te encanta de cuando tienen relaciones.
Escribe tres cosas que te gustaría pedirle en la intimidad y que nunca te has atrevido a decirle.
Libérate del miedo o la duda, y deja aflorar tus sentimientos, lee lo que escribiste las veces que quieras hasta que solo sientas naturalidad en esas palabras.
Con este sencillo ejercicio no solo te reconectarás con los sentimientos de las primeras semanas de la relación —cuando todo era nuevo y excitante—, sino que también comenzarás a liberar tus emociones y tus deseos más profundos.
Muchas veces nos cuesta compartir lo que deseamos o cómo nos sentimos de forma verbal; por eso, escribir nos permite liberarnos, nos da tiempo para pensar y nos aporta seguridad.
Es muy importante que seas completamente sincera contigo misma al momento de escribir.
Cuando te sientas segura y lista, utiliza estas notas como una guía para hablarlo con tu pareja.