El Arte de Sentir Placer Capítulo 1 Conocerte y quererte
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El Arte de Sentir Placer

El Arte de Sentir Placer

Por Nati Arias

© inepub.com

Capítulo 1 Conocerte y quererte

Conocer y amar tu propio cuerpo es el pilar fundamental para una vida sexual plena.

Conocerte implica aprender a tocarte, descubrir qué zonas se encienden con el tacto y encontrar las caricias correctas.

Todo tu ser tiene la capacidad de relajarse y entregarse al gozo cuando recibe el estímulo adecuado.

Durante mucho tiempo, el placer femenino fue minimizado, ignorado o directamente silenciado. Ese vacío dejó una huella profunda en algunas mujeres, que aun hoy se manifiesta en:

La vergüenza.

La culpa.

El temor a decir lo que nos pasa.

El miedo a explorar.

Nadie nos enseñó a conocernos

Crecimos aprendiendo a mirarnos al espejo, a arreglarnos, a agradar a los demás y a buscar gustar; pero no a sentir. Nadie nos explicó cómo funciona nuestra anatomía, qué nos enciende o qué nos hace vibrar de verdad.

Así, sin darnos cuenta, muchas mujeres llegan a la adultez sin haber experimentado jamás un solo momento de conexión real con su propio mapa del placer. Esto no ocurre porque tengan un problema o porque haya "algo malo" en ellas, sino porque nunca recibieron la educación para hacerlo.

Lo más alarmante es que muchas ni siquiera son conscientes de todo lo que se están perdiendo: se acostumbran, se conforman y asumen que esa insatisfacción es "lo normal". A menudo, el temor a ser juzgadas las frena a la hora de buscar información o ayuda profesional.

El primer paso no es la pareja, eres tú

Antes de pensar en mejorar tu vida íntima con otra persona, debe ocurrir algo prioritario: tienes que conocerte y, por sobre todo, quererte.

Tu cuerpo no es una máquina automática ni viene con un manual de instrucciones.

Nadie, por más que te ame, podrá adivinar cómo darte placer si tú misma desconoces qué te gusta, qué te emociona y qué te hace vibrar.

Conocerte no es solo un acto físico; es prestarte atención, darte permiso sin culpa, y comprender que tu bienestar importa.

El permiso que nadie te dio

Es muy probable que nunca te hayan dicho esto con claridad: tienes derecho a sentir placer sin culpa, sin vergüenza y sin miedos. No te sientas mal por el pasado; no eres la única y estás a tiempo de cambiarlo.

La mayoría de las mujeres crecieron escuchando discursos negativos en lugar de verdades que sumaran a su bienestar integral.

Te habrán dicho que el sexo es algo peligroso, que es mejor no hablar demasiado del tema, que debes mantenerte dispuesta para tu pareja para que "no busque afuera", o que si no tienes orgasmos no pasa nada porque siempre los puedes fingir.

Estos mitos solo logran anular tu deseo sano, sepultando tus sentimientos y necesidades.

Por eso, antes de implementar cualquier técnica o consejo, haz esto primero: date permiso. El placer no empieza en el cuerpo, sino en la mente y en la libertad que te otorgas para sentir.

Ejercicio inicial: Un encuentro contigo misma

Este no es un ejercicio más; es el primer paso y, quizás, el más importante de todos. Es un espacio que te regalas a ti misma, un viaje sin retorno con destino al disfrute.

Para comenzar, elige un momento de la semana en el que sepas que estarás completamente sola en casa, tranquila y sin riesgo de interrupciones.

Este espacio no tiene que ser perfecto, pero sí tiene que ser exclusivamente tuyo para que logres relajarte al máximo.

Puedes repetir esta práctica todas las veces que lo desees; cuanto más lo hagas, más cómoda te sentirás y más sensaciones descubrirás.

La preparación: Comienza con una ducha relajante. Tómate el tiempo que necesites, sin apuro. No hay nada mejor que el agua caliente para aflojar la tensión acumulada.

El mimo: Al salir, elige tu crema o aceite corporal preferido.

Comienza a esparcirlo suavemente por todo tu cuerpo de forma pausada.

Aprovecha este instante para observar tu silueta, agradeciéndole a tu cuerpo por todo lo que te permite hacer y disfrutar cada día.

Siente cómo tu piel agradece ese cuidado.

El ambiente: Trasládate al lugar de la casa que te resulte más acogedor, (tu dormitorio, la sala o donde prefieras). Lo importante es tu comodidad. Coloca una luz tenue y, si te agrada, añade música suave de fondo.

La conexión: Acuéstate cómodamente. Intenta mantener tu mente anclada en el presente.

Respira profundo varias veces: inhala por la nariz y exhala por la boca.

Concéntrate en el ritmo de tu respiración y percibe cómo tu cuerpo desnudo comienza a relajarse por completo.

Recuerda que estás sola; no hay espacio para la vergüenza ni la culpa.

El tacto: Comienza lentamente a acariciar con las yemas de tus dedos un brazo, y luego el otro.

Siente cómo esa suave e inofensiva caricia comienza a erizarte la piel.

Con esa misma suavidad, desliza ambas manos desde el ombligo hasta el cuello con movimientos pausados.

Recuerda que debe seguir sintiéndose como un mimo delicado; repite este movimiento las veces que tu cuerpo lo desee y disfruta de cada sensación.

La exploración: Es momento de ir por más.

toca suavemente tus pechos, recorriendo cada parte de ellos.

Toca con delicadeza tus pezones y siente cómo se van poniendo cada vez más rígidos con cada estímulo.

Centra tu atención en esa zona por unos segundos; nota cómo tu respiración va cambiando y cómo tu cuerpo comienza a entregarse lentamente al gozo, disfruta cada sensación que estremece por completo tu cuerpo.

La entrega: Escucha a tu cuerpo y, sin miedo ni culpa, sigue acariciando las partes que desees.

Luego, desliza ambas manos hacia tu entrepierna, pasando tus dedos suavemente por la ingle y bajando despacio hacia tu zona más íntima.

Concéntrate en toda esa área, pero sin tocar aún tu vulva.

Deja que la tensión crezca, acariciando el entorno con las yemas de tus dedos hasta sentir que tu cuerpo pide más.

El clímax: Es recién ahí cuando pasarás a acariciar los labios suavemente para luego llegar al clítoris.

Una vez que estés allí, posiciona con mucha delicadeza tus dedos índice y medio sobre él.

Comienza a masajear suavemente la zona más erógena de tu cuerpo.

Prueba diferentes movimientos y presiones hasta que encuentres esa sensación única que nos regala esa pequeña y poderosa parte de nuestro cuerpo.

Siente cómo tu respiración se acelera, cómo tu zona íntima se humedece y cómo cada centímetro de ti se rinde al placer.

¡No te detengas, aún queda la mejor parte!

Sigue disfrutando de esa sensación sublime, masajeando tu clítoris y, si lo deseas, usa la otra mano para acariciar tus pechos y multiplicar el placer.

Continúa el tiempo que quieras hasta alcanzar el orgasmo.

Al terminar, siéntete agradecida por el momento que te acabas de regalar. No dejes espacio para la culpa o la vergüenza; recuerda que tu cuerpo fue diseñado para disfrutar y para brindarte estos momentos de autoconocimiento.

Este ejercicio te conectará directamente con el placer, te ayudará a romper tabúes o viejas creencias y, sobre todo, te enseñará a conocer tu cuerpo y a saber cómo estimularlo para, más adelante, poder potenciar todo eso junto a tu pareja.

No te preocupes si esta vez no alcanzaste el orgasmo; no siempre se consigue a la primera. Lo importante es que hayas disfrutado, que experimentaras sensaciones nuevas y que lo vuelvas a intentar. Estás aprendiendo a conocerte, y vas por el camino correcto hacia una vida sexual plena.